Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/04/01 00:00

Se fue ‘don Guti’

Con la partida de José Gutiérrez Gómez, a los 96 años, se cierra la historia de una de las generaciones de empresarios más importantes de Colombia.

José Gutiérrez Gómez ‘Don Guti’

Para muchos, José Gutié- rrez Gómez, 'don Guti', quien murió la semana pasada a los 96 años, era realmente el último de una gran casta de empresarios de Antioquia. Era de la misma generación de grandes prohombres antioqueños a la que pertenecían Joaquín Vallejo, Carlos Echavarría, Gabriel Ángel, Vicente Uribe Rendón, Jorge Ortiz Rodríguez y Jorge Pérez Vásquez.

Pero 'don Guti' era uno de esos hombres a los que quienes lo conocieron sólo pueden referirse con admiración. Su vida larga, de casi un siglo, estuvo llena de historia: presidente de la Andi entre 1946 y 1957, alcalde de Medellín, embajador en Washington, empresario promotor de obras y proyectos. Pero, ante todo, un gran ser humano.

Fue justamente esta última condición la que hizo que todos en Medellín tuvieran que ver con él. A su oficina llegaban cientos de personas pidiéndole ayuda para resolver sus problemas. Desde empresarios y hombres de negocios, hasta funcionarios del gobierno y gente humilde y sencilla. Porque si algo era 'don Guti' era un gran componedor, que "se relacionaba con todo el mundo como si no tuviera edad, títulos ni ejecutoria. Muy sencillo en su forma de actuar y discreto en su generosidad", como lo recuerda Carlos Echavarría, uno de sus grandes amigos.

La historia de 'don Guti' empezó en 1930, cuando se graduó como abogado en la Universidad de Antioquia y luego se trasladó a Bogotá para trabajar durante un par de años en una firma de abogados. Sin embargo, su carácter de emprendedor empezó a aflorar. "Me desilusionó el hecho de que el trabajo me fuera asignado", le dijo hace varios años en una entrevista al periodista Jorge Emilio Sierra, director del diario La República.

Gracias a esa decisión de abandonar el derecho empezó su carrera empresarial. Se vinculó a la Caja Agraria como gerente en Cali y en Medellín. Luego de varios años, pasó a Laboratorios Uribe Ángel, donde estuvo hasta 1946. A partir de allí asumió la presidencia de la Andi y comenzó entonces una historia de oro, llena de convulsiones y aventuras políticas. Por ejemplo, la del 9 de abril de Bogotá, cuando tuvo que permanecer encerrado tres días en el Hotel Granada de la capital, junto con su amigo Germán Montoya. Eran momentos de verdadero peligro, pues el entonces presidente de la Andi era amigo personal del presidente Mariano Ospina Pérez. No obstante, logró salir sin lesiones de esa jornada. Y fue el sello de fuego para una amistad entre Montoya y Gutiérrez que se mantuvo por todos estos años.

Aunque habían pasado tiempos duros, aún faltaban tempestades. Al final de su gestión en la Andi, hacia 1957, 'don Guti' desempeñó un papel determinante en la caída de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. Desde esa agremiación promovió un paro industrial que fue un duro golpe para el gobierno de turno. En 1957 cayó Rojas y llegó la Junta Militar que nombró a Gutiérrez alcalde de Medellín. De ahí pasó a la Embajada en Washington, donde permaneció varios años. Después volvió al país y tuvo importantes iniciativas en el sector financiero, como pionero en el negocio de las corporaciones financieras. Su afán no era otro que traer a Colombia la figura de la banca de inversión, pieza fundamental de la transformación económica del país en los últimos años.

Durante sus últimos días, 'don Guti' permaneció alejado de la vida pública. Se la pasaba entre su casa de Medellín y su finca en Rionegro, donde disfrutaba de su afición por los caballos. Tuvo dos o tres yeguas que ganaron concursos de paso fino.

Otra de sus pasiones era el ajedrez. En una época jugaba todos los sábados en una finca en El Poblado a la que invitaba en ocasiones al campeón de Antioquia para que jugara un partido con él. Eran tardes llenas de buen vino y música clásica, adornadas por sus dotes de gran conversador, como las recuerdan todos sus allegados.

Su afición por la música culta lo llevó a convertirse en un espectador habitual de los conciertos del Teatro Metropolitano de Medellín, obra que el mismo fundó y la cual lleva su nombre, al igual que varias vías de la ciudad. Esa pasión por los clásicos musicales contrastaba con su fiebre por los juegos pirotécnicos. "Era el mejor polvorero del mundo, al punto de invitar a la gente para hacer competencia de voladores", dice Carlos Echavarría.

Aunque su vida fue muy larga y productiva, 'don Guti' no quiso nada de homenajes póstumos. Sus exequias fueron rápidas: murió el miércoles en la noche y el jueves muy temprano lo llevaron a su última morada. Una especie de sencillez muy escasa en estos días y que sirve de lección para muchos hoy. Paz en la tumba de José Gutiérrez Gómez.

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