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| 10/29/2001 12:00:00 AM

Se escapó Serpa

En la Gran Encuesta de SEMANA, El Tiempo y RCN el candidato liberal les gana a sus dos rivales sumados.

El panorama politico acaba de cambiar. Hasta la semana pasada las encuestas invariablemente le daban a Horacio Serpa alrededor del 33 por ciento de las intenciones de voto de los colombianos y una ventaja de unos 10 puntos sobre el segundo. No obstante la Gran Encuesta de SEMANA, El Tiempo y RCN radio y televisión, en la cual se escogió sólo a los ciudadanos que seguramente votarán, revela que el candidato liberal les lleva mucho más terreno ganado a sus contrincantes: con 41,2 por ciento, casi dobla a Alvaro Uribe Vélez, que tiene 23,4 por ciento, y a Noemí Sanín, con 16,2 por ciento.

Esta encuesta, que se hizo en 36 municipios, incluidas zonas semirrurales, y con entrevistas personales, demuestra que, por primera vez, en esta campaña Serpa está disparado.

Pero esa no fue la única sorpresa. En la misma encuesta se desmontó otro mito: el de que Alvaro Uribe había llegado a su techo por debajo de 20 por ciento. La explicación detrás de esta teoría era que su perfil de hombre de mano dura en orden público despertaba apoyo intenso pero minoritario en un país de espíritu conciliador como Colombia. El 23,4 por ciento que obtuvo no es una mayoría. Pero demuestra que crece la audiencia por una alternativa a todo lo que se está viviendo en la actualidad en materia de proceso de paz.

Noemí Sanín, en cambio, no sale bien librada en la encuesta. No sólo quedó de tercera sino siete puntos por debajo de Alvaro Uribe. Tiene a su favor, sin embargo, que su campaña no se ha lanzado oficialmente. Sus asesores y allegados confían en que su entrada al ruedo en traje de luces en las murallas de Cartagena el próximo 30 de octubre le dé impulso a su candidatura.



Serpa, solido

Horacio Serpa ha sabido jugar bien sus fichas. Ha protagonizado un lento pero efectivo proceso de ‘desamperización’, con el que ha ido dejando atrás el fantasma del elefante. Ya no es el ‘coco’ de la corrupción sino el hombre del liderazgo. Y no es que se haya afeitado los bigotes ni teñido las canas. Este viraje ha sido el resultado de una serie de decisiones tácticas y políticas que lo han posicionado como un hombre serio y responsable en los momentos difíciles. Su apoyo al gobierno Pastrana en un momento crítico del proceso de paz, su respaldo en el Congreso a proyectos cruciales para resolver el problema del déficit fiscal, su viaje a Washington para declarar que sí había entendido el Plan Colombia y sus recientes reuniones con empresarios son todas acciones que fortalecieron su imagen de estadista.

Sin embargo su acogida en la opinión va mucho más allá de sus propios méritos. Serpa es un hijo privilegiado de las circunstancias. Es quizás el principal beneficiario electoral de la crisis de gobernabilidad. A Serpa lo favorece la sensación de caos y la falta de norte. Se ha convertido en el símbolo opuesto de Pastrana en momentos en que el 72 por ciento de los colombianos le echan la culpa al gobierno por las desgracias del país. Mientras Pastrana no asoma la cabeza Serpa es percibido como un líder, mientras Pastrana improvisa Serpa es el político de experiencia, mientras Pastrana es blanco Serpa es rojo.

Pero hay un elemento de fondo que trasciende la coyuntura y la fina movida de las fichas del ajedrez político. Serpa, pese al endurecimiento de su discurso, es la encarnación de la conciliación en un país que se está desangrando. Basta con ver que la mayoría de sus electores se encuentran en los estratos bajos, el 50 por ciento, y en zonas semirrurales, el 43 por ciento, que son los grupos sociales que más abogan por el diálogo y la salida negociada al conflicto. El 47 por ciento de los de estratos bajos cree que el gobierno debe insistir en el diálogo, aun si no ha sido posible llegar a un acuerdo con la guerrilla, y un porcentaje similar opina lo mismo en las zonas semirrurales. Es la gente que más sufre la guerra y no está dispuesta a seguirla soportando indefinidamente. Estos resultados contrastan con los de los estratos altos, en los que sólo el 24 por ciento insiste en el diálogo.

Serpa cuenta con el apoyo del Partido Liberal que, según la ingeniería electoral, tiene una maquinaria que está calibrada hoy en un 30 por ciento de los votantes. Su fuerte presencia en la Costa Atlántica, con el 57 por ciento de la preferencia de los votantes para primera vuelta, explica que los caciques liberales están metiéndosela toda a su candidato después de cuatro años de sequía burocrática.

Alvaro, firme

Con Alvaro Uribe sucede algo contradictorio. A pesar de que su crecimiento ha sido espectacular, algunos se desilusionarán de verlo casi 20 puntos por debajo de Horacio Serpa. Algunas encuestas habían generado el ambiente de que no estaba empatando con Noemí sino con Serpa. La realidad es que estas encuestas se llevan a cabo en las cuatro o cinco ciudades más grandes del país, donde Uribe se ha convertido en un fenómeno político. En estas capitales ha llegado incluso a ganarle a Serpa. No obstante, cuando se extiende la cobertura de las encuestas a las ciudades pequeñas y las zonas semirrurales, Uribe todavía no marca.

El posicionamiento de Uribe también ha sido gracias a su contraste con Pastrana, pero las razones son distintas a las de Serpa. Uribe es el hombre de la mano dura y del carácter en un país cercado por la violencia y con gobernantes vistos como débiles o pusilánimes. Pero esto es sobre todo cierto en los estratos medios y altos, en los que el candidato paisa hoy parece que nadie le quita el trono. El 54 por ciento de quienes votarían por él son de estratos altos y el 34 por ciento de medios. Y sólo el 12 por ciento de los estratos bajos y el 14 por ciento de las zonas rurales estarían dispuestos a hacerlo. Esto refleja claramente las distintas opiniones que hay cuando se pasa de un estrato a otro o de la ciudad al campo.

Uribe también es fuerte en su región central, Antioquia y el Eje Cafetero. Allí cuenta con la tercera parte de los electores, una cifra un poco superior a la de Sanín.

Además Uribe, como Serpa, cuenta con una ventaja: sus votantes son fieles, casi militantes. Hoy, a ocho meses de la primera vuelta electoral, un 69 por ciento de quienes van a votar por Uribe (y un 71 por ciento de quienes van a votar por Serpa) dicen que es su decisión final y seguramente no van a cambiarla hasta la fecha de la elección.

Noemi, en apuros

Por las razones opuestas a Uribe, Noemí debe estar preocupada: no inspira en sus votantes la misma lealtad que su coterráneo y esa puede ser una de las razones por las que ha venido cayendo. Menos de la mitad (un 42 por ciento) de quienes dicen que van a votar por ella aseguran que sostendrán su voto hasta el final.

De otra parte, llama la atención que Noemí tenga tan buena imagen la mejor de todos los aspirantes y personajes por los que se preguntó— (60 por ciento) y que sin embargo a la hora de darle las riendas del país la gente lo piense dos veces y sólo un 16,2 por ciento diga que la respaldará en las urnas.

En el tema crucial de la próxima elección, el eje guerra–paz, Noemí está desdibujada. El mensaje no ha calado. Su propuesta, una versión moderna de la ‘mano tendida y pulso firme’ de Barco (‘zona de distensión pero con condiciones’…), se ha quedado en el terreno pantanoso del ‘sí pero no’. En un país tan confundido, donde las posiciones tienen que ser definidas, las ideas claras y los mensajes directos, las propuestas de Noemí se han perdido entre las trampas de la retórica. Le ha sucedido lo mismo que los fuegos de artificio con pólvora mojada: tienen un comienzo centelleante pero quedan debiendo dos totes y bomba.

El mayor activo que ella tenía en la última campaña era ser el símbolo de la renovación. Ya no lo es. En Colombia es igualmente importante ser bueno que ser nuevo. Y Noemí puede ser lo primero pero ya no es lo segundo. Por otro lado, en un país en guerra con un baño de sangre a la vista y una guerra internacional contra el terrorismo, los electores se vuelven más machistas que en tiempos de paz. Es revelador que apenas un 10 por ciento de los hombres digan que votarán por ella, y en cambio casi una de cada cuatro mujeres que votará lo hará por Noemí. (La propuesta dura de Uribe, en cambio, atrae el voto de uno de cada tres hombres).

Los demás

El general Rosso José, aunque aparece en el cuarto lugar de la intención de voto con 6,8 por ciento, podría ser víctima del ‘síndrome Valdivieso’, que no es más que la distancia entre el cargo que ocupó y la dimensión de la candidatura. En este sentido es muy factible que, una vez se lance al ruedo, su candidatura se empiece a desvanecer en el fragor de la contienda electoral. Salvo que sepa sacar ventaja de su buena imagen y resulte como llave a la vicepresidencia de alguno de los aspirantes que aspiran llegar a la segunda vuelta.

En este sentido es revelador que, en un ejercicio teórico que proyecta un escenario con sólo los tres candidatos preferidos en una primera vuelta, sea Noemí Sanín quien reciba la mayor cantidad de votos de los otros aspirantes. En este escenario Serpa se queda casi igual, Uribe crece un punto y Sanín, en cambio sube 6,5 por ciento.

En quinto lugar de una primera ronda electoral para la Presidencia aparece la ex senadora Ingrid Betancourt, con casi el 2 por ciento. Ella, a pesar de haber sacado la más alta votación al Senado en 1998, se ha desdibujado ante los electores. Su gran desventaja es que su imagen negativa casi que duplica la positiva (40 por ciento negativo versus 24 por ciento positivo).

De sexto aparece el aspirante conservador, quien quiera que sea elegido. Es quizás el cuadro más patético de la radiografía política y electoral del momento. Sólo un 8 por ciento de los colombianos se sienten representados por el Partido Conservador, y de ese pequeño porcentaje de simpatizantes el 41 por ciento dice que ninguno de los posibles candidatos es bueno para representar al partido. Los dos máximos exponentes del conservatismo, Juan Camilo Restrepo y Fabio Valencia Cossio, enfrentan serias dificultades. El primero, a pesar de su talante político y su perfil técnico, salió bastante averiado del Ministerio de Hacienda: del 41 por ciento que lo conoce el 26 por ciento tiene una imagen desfavorable. Y el segundo es visto como un cacique de la vieja clase política, con un caso dramático de mala imagen que triplica la buena. La agonía azul parece no tener fin.

Finalmente la presencia del sindicalista Luis Eduardo Garzón en el pulso electoral es muy importante porque su candidatura deslegitima el discurso de la guerrilla. Si bien hasta ahora tiene una intención de voto de 1,4 por ciento su imagen es buena y puede crecer. Aunque las posibilidades de ‘Lucho’ no llegarán al 10 por ciento su presencia en la contienda es tan importante en lo ideológico como simbólica en lo político.

El futuro

Esta es la foto de arranque de las campañas a la Presidencia de Colombia. Pero faltan ocho meses para la primera vuelta y muchas cosas pueden pasar. La opinión pública es volátil y el país y el mundo están cambiando a velocidades asombrosas. Lo que suceda en el proceso de paz, la zona de distensión, el terrorismo internacional o la situación económica influirán en la intención de los votantes. Pero, más allá de lo que ocurra, los candidatos tendrán que diseñar unas estrategias y asumir ciertas posiciones que serán determinantes a la hora de llegar al solio de Bolívar.

El futuro de Serpa, por ejemplo, dependerá de cómo juegue sus cartas y no de cómo las jueguen los demás. El tema de la honestidad, que para el 60 por ciento de los encuestados es la principal virtud para ser presidente (por encima, de lejos, del carácter, la sensibilidad social o la preparación), será clave para el candidato liberal. Aunque por el momento Serpa es percibido como un hombre honesto en cualquier momento se le puede asomar la trompa del elefante.

A medida que avance la campaña y empiecen las adhesiones a Serpa se le aplicará la máxima: ‘Dime con quién andas y te diré cómo gobernarás’. El desafío de Serpa no va a ser fácil: tomar distancia de una clase política de la cual es producto. Su éxito dependerá de qué tanto sea capaz de cortar el cordón umbilical con los caciques electorales, que suman votos pero han arruinado al país. Por eso la pregunta que se hacen muchos colombianos es quién está detrás del telón rojo del partido que apoya a Serpa. Y de cómo lo maneje va a definir en gran parte su candidatura.

Uribe, a diferencia de lo que dice la propaganda de Davivienda, está en el lugar indicado: tiene una buena favorabilidad pero todavía el 39 por ciento de la gente no lo conoce. Esto, en política electoral, quiere decir que tiene para dónde crecer. Y con su discurso de mano dura, sus posiciones vehementes y su amplio conocimiento de los temas nacionales es posible prever que Uribe va a seguir con un crecimiento sostenido entre las clases medias, ya que éstas en la encuesta tienden a parecerse en sus posiciones a las de Uribe. Sobre todo teniendo en cuenta que en los estratos altos —en los que es más fuerte— habrá plata para darlo a conocer.

Quizá la única circunstancia que le quitaría fuerza a su candidatura sea un salto cualitativo importante en el proceso de paz. Una reivindicación de la salida política sobre las acciones militares. En la medida, por ejemplo, en que se logre una tregua que incluya el cese de secuestros por parte de la guerrilla esto desinflaría sin duda los ímpetus uribistas, aunque no es un escenario fácil de lograr.

Noemí tiene dos desafíos por delante. Con un 60 por ciento del electorado diciendo que la virtud que consideran más importante en un candidato es la honestidad, ella podría reivindicar su condición de independiente, de distancia frente a los políticos tradicionales.

De otra parte, Sanín tendrá que demostrarle a la opinión, como lo ha hecho con la gente que la conoce y sus equipos de campaña, que tiene mucho más carácter del que aparenta en las cámaras. Y que detrás de esa espontánea sonrisa que a todos cautiva hay una mujer que sabe para donde va y que tiene las faldas bien puestas.

Los caballos salieron del partidor en una pista polvorienta, insegura y con obstáculos. Serán unas campañas marcadas, como nunca antes, por el conflicto armado. Ya no serán los candidatos en el blanco de los carteles de la droga, sino en la mira de los actores armados. Se necesitará que asuman posiciones valientes, hagan debates con altura y defiendan el interés de la mayoría de los colombianos, por encima de sus ambiciones personales. Ya se sabe lo costoso que le han salido al país la narcofinanciación en la campaña de Samper; y la ligereza en la de Pastrana, que calculó la foto con ‘Tirofijo’ como estrategia eficaz de campaña, sin pensar mucho más allá.



Ficha tecnica condensada: Persona natural o jurídica que la realizó: Napoleón Franco & Cía., inscrito ante el Consejo Nacional Electoral. Persona natural o jurídica que la encomendó: Revista SEMANA, RCN Radio, RCN Televisión y El Tiempo. Fuente de financiación: Revista SEMANA, RCN Radio, RCN Televisión y El Tiempo. Tipo de la muestra: muestreo probalístico estratificado polietápico, cara a cara, en hogares. El marco muestral utilizado fue el Censo de Población Dane de 1993, con sus proyecciones al año 2002. Grupo objetivo: hombres y mujeres, mayores de 18 años de edad, de niveles socioeconómicos 1 al 6, representativos de 6 regiones del país. Con el propósito de darles validez a los resultados, las preguntas de intención de voto únicamente incluyen los entrevistados que dijeron que definitivamente o probablemente van a votar en los comicios presidenciales de 2002.Tamaño de la muestra: 1.979 encuestas ponderadas.Tema o temas a los que se refiere: el objetivo de la encuesta fue consultar a una muestra de colombianos en relación con sus expectativas frente a la elección para Presidente de la República que se llevará a cabo en el año 2002. Técnica de recolección de datos: entrevista personal cara a cara con aplicación de un cuestionario estructurado en hogares.Preguntas concretas que se formularon: Ver en los gráficos respectivos.Candidatos o personajes por los que se indagó: en la presente investigación se preguntó por Alvaro Uribe Vélez, Fabio Valencia Cossio, Gabriel Melo Guevara, Horacio Serpa, Ingrid Betancourt, Juan Camilo Restrepo, Luis Eduardo Garzón, Luis Fernando Ramírez, Noemí Sanín, Rosso José Serrano y Marino Jaramillo. Fecha de realización campo: del 19 al 22 de septiembre de 2001.Margen de error observado: +/- 2,00%, con 95% de confiabilidad. Para las preguntas sobre intención de voto en las elecciones presidenciales el margen de error es de +/- 3,6 %. Area/cubrimento: la muestra incluyó 36 municipios en total (grandes, intermedios y pequeños), agrupados en 6 regiones así: 1. Región Bogotá: incluyó sólo es Distrito Capital; 2. Región Atlántica: incluyó los 7 departamentos de la Costa Atlántica; 3. Región Pacífica: incluyó los 4 departamentos de la Costa Pacífica; 4. Región Central: incluyó los departamentos de Antioquia y el Eje Cafetero; 5. Región Oriental: incluyó los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Santander y Norte de Santander; 6. Región Suroriental: incluyó los departamentos de Tolima, Meta y Huila.
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