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| 12/24/2013 12:00:00 AM

Corridas de toros: se reabre el debate

Con el inicio de la temporada taurina en el país vuelven las posiciones encontradas alrededor de la fiesta brava.

Este jueves 26 de diciembre, a las cuatro de la tarde, volverán a sonar clarines y timbales en Colombia. La plaza de toros de Cañaveralejo reabrirá sus puertas en el primer día de la feria de Cali, y de esta forma marcará el inicio de la temporada taurina en el país.

Serán dos meses de festejos populares en los que se celebrarán aproximadamente 80 corridas de toros en no menos de 60 municipios de seis departamentos del país, según estimativo de la Unión de Toreros de Colombia, la agremiación que afilia a los más de cien profesionales, entre matadores, novilleros, picadores y banderilleros que se dedican a la fiesta brava.

La cita que comienza en Cali se desplazará luego a Duitama, Manizales, Cartagena y Medellín. Allí actuarán las principales figuras del toreo mundial como El Juli, Morante de la Puebla, Enrique Ponce, Manzanares, Fandiño, Castella y Pablo Hermoso de Mendoza. Pero además en municipios como Jenezano y Tuta (Boyacá), Sincelejo, Popayán, Aguazul, Lenguazaque, entre otros, ofrecerán corridas de toros.

La prohibición disfrazada de Petro

Pero una de las plazas que no abrirá sus puertas para las corridas será precisamente la Santamaría de Bogotá, que por segundo año consecutivo, en sus 84 años de historia, no tendrá temporada taurina, debido a la decisión del alcalde capitalino, Gustavo Petro, de no prestar la plaza de toros de Santamaría para las corridas de toros.

En abril del 2013, en una de las primeras decisiones polémicas del burgomaestre, decidió anular unilateralmente el contrato que la Corporación Taurina de Bogotá tenía hasta el 2015 para administrar la plaza. El argumento de Petro consistía en que no permitiría el uso de bienes del Distrito para “espectáculos alrededor de la muerte”.

La decisión de Petro es hoy objeto de un duro debate en la Corte Constitucional, pues la Corporación ha tutelado su derecho al debido proceso, que considera vulnerado por la decisión del alcalde de terminar unilateralmente el contrato de arrendamiento, además del derecho a la libertad de expresión, pues considera que con la prohibición de Petro, se afecta los derechos de los aficionados a la fiesta brava.

Ese debate, que hoy está en manos de la Corte Constitucional, que el próximo año decidirá si tumba o no una de las batallas de Petro, la prohibición de los toros, se desarrollará antes en la opinión pública.
Los animalistas y los taurinos se movilizarán

Los colectivos de animalistas, como Animanaturalis, desde ya se preparan para manifestarse contra este espectáculo que consideran “cruel y violento” con los animales. Según Andrea Padilla, vocera de esta ONG internacional, “los toros son seres vivos sintientes y tienen el derecho a vivir libres de sufrimiento y no ser considerados objetos de entretención y no ser blanco de torturas”.

Un argumento rechazado por los taurinos, que entre otras señalan que si se prohíben las corridas de toros este animal desaparecería de la faz de la tierra, y reclaman el respeto a sus libertades, el cual está consagrado en la Constitución.

Pero este debate probablemente no solo se concentre en el ruedo sino que pase a la arena política. Por un lado, Gustavo Petro seguirá enarbolando su bandera de defensa de los animales, la cual pueda ser adoptada para cautivar votos en las próximas elecciones.

Sin embargo, este debate, según lo ordenó la Corte Constitucional, solo puede ser zanjado por el Congreso de la República, pues según la sentencia C-666, es el poder legislativo el único competente de regular la actividad taurina en el país, por ejemplo, eliminar la muerte del espectáculo, como pretende el alcalde Gustavo Petro, y como lo rechazan los empresarios taurinos de Bogotá, que consideran que la ley colombiana estableció que las corridas de toros en el país deben desarrollarse de forma íntegra, es decir, con la muerte del toro en el ruedo. Así lo señala la ley 916 del 2014, aprobada incluso con el voto a favor del entonces senador Gustavo Petro.

Esa misma sentencia señala que ningún alcalde puede prohibir las corridas de toros. Entonces, ¿por qué no se hacen toros en Bogotá? La única razón es que como la plaza de toros de Santamaría, que fue construida con dineros privados (fue propiedad de Ignacio Sanz de Santamaría) actualmente no solo es patrimonio arquitectónico de la Nación sino que pertenece al Distrito. Por esa razón el alcalde está en capacidad de determinar su uso. Petro decidió no prestarla para las corridas de toros en la ciudad.

Con esta decisión. El Distrito ha dejado de percibir 1.500 millones de pesos por cuenta de la suspensión de la temporada el año anterior, y este año dejaría de percibir una cantidad similar, producto de impuesto y el contrato de arrendamiento de la plaza.

Ciudades taurinas y antitaurinas

En otras ciudades del país el panorama es distinto. Por ejemplo, en Cali, Manizales y Medellín las plazas de toros son bienes en más del 51 % privados, por lo que las administraciones locales están imposibilitados de prohibir las corridas si así lo decidieran.

En Cali las corridas de toros han contado con el apoyo de la gobernación del Valle y la Alcaldía, pues consideran que hace parte de la tradición de la feria de la ciudad. El Concejo de Manizales declaró en el 2012 a la capital de Caldas como ciudad taurina, mientras que Medellín fue la primera ciudad de Colombia que se declaró antitaurina, luego que el Concejo aprobara una proposición en ese sentido liderada por Álvaro Múnera, un concejal que en épocas pretéritas fue torero, pero que por un percance quedó en estado de discapacidad y se convirtió en uno de los principales políticos antitaurinos del país.

Uno de los casos particulares será el de Cartagena. El 4 de enero próximo la Monumental CXartagena de Indias volverá a dar corridas de toros tras cuatro años sin hacerlo. En criterio de Andrea Padilla, esta ciudad perdió su tradición taurina, la plaza debe ser objeto de restructuración por lo que la administración del distrito turístico debería invertir dineros públicos en este tipo de obras. Por eso se manifestarán ante el alcalde Dionisio Vélez, para evitar que den los permisos.

Más allá de la Santamaría

Pero la decisión de Petro, que ha tenido respaldo entre colectivos animalistas también ha desatado efectos colaterales alrededor de las corridas de toros, una práctica avalada por la ley colombiana, y consagrada como legal por la Corte Constitucional.

Muchos alcaldes del país han decidido eliminar de la programación de sus ferias patronales la actividad taurina, vulnerando la sentencia c-666 de 2010 que así las permite en los lugares donde hay manifiesta tradición.

En Colombia, además de la Santamaría, hay otras 68 plazas de toros fijas. Por su capacidad, seis son de primera categoría (Bogotá, Cali, Manizales, Medellín, Cartagena y Bucaramanga); 14 de segunda (Aguazul, Armenia, Cúcuta, Chinácota, Duitama, Florencia, Ibagué, Pamplona, Pereira, Palmira, Popayán, Sincelejo, Sogamoso, Villavicencio); y 48 de tercera (Arbeláez , Arboleda, Aipe, Charalá, Cumaral, Líbano, Chocontá, Chinavita, Choachí, Fusagasugá, Guachetá, Guaduas, Guatavita, Las Palmas, San Antonio del Tequendama, La Uvita, La Vega Manta, Oiba, Pacho, Pesca, Salazar de las Palmas, San Martín, Sardinata, Toledo, Tesalia, Une, El Tambo, Vélez, Ventaquemada, Sasaima, Chaparral, Cimitarra, Puente Nacional, Villapinzón, San Juan de Rio Seco, Jenesano, Cota, Purificación, Cerrito, Yacopí, Carmen de Carupa, Sopo, Socorro, Silvania, Honda Bochalema y Fredonia).
La opinión pública general aún tiene la idea que el toreo en Colombia se reduce a las grandes capitales y a las fechas de la llamada temporada grande.

Según los registros de la Undetoc, en el año 2009 se alcanzaron a celebrar 544 espectáculos taurinos, 391 en el 2010 y 320 en el 2011. Una cifra nada despreciable y que demuestra el arraigo del toreo en las fiestas populares.

El toreo aún tiene una cobertura en 20 de los 32 departamentos del país, siendo Cundinamarca, Santander, Boyacá y Tolima los que concentran el mayor número de municipios en los que se celebran espectáculos taurinos.

Es por eso que durante estos dos meses se revivirá el debate sobre las corridas de toros. Al interior de las plazas seguramente se escucharán arengas contra Petro, mientras que en las calles se movilizarán los animalistas exigiendo el fin de esta tradición.

Pero mientras el Congreso de la República no se ocupe del asunto, este debate que se reabrirá en la opinión pública no tendrá ningún tipo de efecto sobre la supervivencia de la fiesta brava.

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