Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/12/04 00:00

Se va Andrés

¿Qué llevó a Andrés Obregón a renunciar intempestivamente a la posición más importante del sector privado en Colombia?

Se va Andrés

Por que renunció Andrés Obregón? Esa era la pregunta que se oía en círculos empresariales el pasado fin de semana. En los 21 meses que estuvo al frente del Grupo Santo Domingo el sobrino del dueño se había convertido en una figura enormemente popular. A pesar de que entró en interinidad pronto consolidó su prestigio y su cargo en propiedad en el cual, dada su juventud, se le auguraban muchos años como timonel. Quienes conocieron a su abuelo, Mario Santo Domingo, el fundador del imperio, afirman que de todos sus nietos Andrés es el que más se le parece en temperamento y talento.

Al asumir la presidencia de Bavaria el reto de Obregón no pudo haber sido más grande. No sólo tenía que cambiar la cultura empresarial del régimen de Augusto López sino que tuvo que enfrentar los serios problemas derivados de la peor crisis económica del siglo XX. No hay sino que pensar que en 1999, mientras la cervecera Bavaria ganó 337.000 millones de pesos, el resto de las empresas del Grupo (transporte, telecomunicaciones, medios, Internet, etc.) perdieron cerca de medio billón de pesos.

La herencia que recibió Obregón de Augusto López incluía grandes éxitos y grandes problemas. López Valencia había cambiado la dimensión del Grupo Santo Domingo a través de un sistema autocrático, muy criticado ahora pero muy admirado en su momento. Generó un fenomenal pero desordenado crecimiento que funcionó a las mil maravillas hasta el colapso de la economía colombiana.

López no sólo manejaba las empresas sino que manejaba el poder. Esta doble función no sedujo a su sucesor, Andrés Obregón. Este se limitó al manejo gerencial y nunca asumió su enorme poder. Comenzó por vender el avión privado del presidente del Grupo, que era una de las mejores prebendas asociadas con el puesto. El mundo de Andrés es el del trabajo y no el de las intrigas y el Grupo Santo Domingo históricamente se ha caracterizado por ambos. El lobbying, las relaciones públicas y la intimidación con que se manejaba el conglomerado en el pasado desaparecieron. El control del Congreso, el control de los medios y actividades como la financiación de campañas políticas dejaron de ser prioritarias.

Este nuevo estilo le dio al Grupo un nuevo perfil, el cual tuvo una amplia aceptación en la opinión pública. La forma de actuar de Obregón era cercana y sencilla y esto lo reconocen sus colaboradores, los grandes empresarios del país y aun la clase política. Lamentablemente para él la presidencia de Bavaria es un puesto de poder y es necesario tener conciencia de ello y ejercerlo. Andrés Obregón combina el espíritu empresarial de los Santo Domingo con la indiferencia por el poder de los Obregón. Y esto último, que es un gran activo en la vida, es un pasivo para manejar el Grupo Santo Domingo. En un entorno infinitamente politizado y polarizado su temperamento no parecía tener cabida. Eso parece explicar la contradicción entre lo que la clase empresarial considera una brillante gestión y su salida intempestiva este fin de semana.

Independientemente de las razones que lo hayan llevado a renunciar sus logros, para un personaje que hace dos años era un total desconocido, son impresionantes. En el año de la crisis Obregón no sólo cerró negocios que en activos se pueden acercar a los 3.000 millones de dólares sino que logró alianzas internacionales al profesionalizar la gestión en un grupo que pagó un alto precio por su excesiva diversificación.

Le tocó la responsabilidad de tratar de institucionalizar un grupo altamente personalizado que tenía dimensión de multinacional pero un manejo caudillista propio del Tercer Mundo. Definió los que serían los core business de la organización: cerveza, telecomunicaciones y medios. Vendió las inversiones cerveceras en Portugal y España, trasformó a Celumóvil a través de la transacción de Bell South, logró la capitalización de Colseguros por AGF, la tercera compañía de seguros más grande del mundo. Para cerrar, consolidó al Grupo en lo que es su esencia misma, el negocio cervecero. A través de la transacción de Leona logró recuperar lo que había sido históricamente el mejor negocio en Colombia: el monopolio de la cerveza. Apoderarse de Leona, en parte o en su totalidad, le cierra el paso a cualquier competencia durante una generación. Al fin y al cabo inversiones de 600 millones de dólares como la que hizo Carlos Ardila no se hacen con frecuencia.

Le quedó faltando Avianca, donde el trabajo ya había comenzado. Hace seis semanas Obregón consiguió cerrar la reestructuración de corto plazo con los acreedores externos, ganando tiempo para encontrar soluciones de largo plazo que logren evitar que la compañía siga el triste destino de casi todas las aerolíneas latinoamericanas: la quiebra.

Pero, con semejante balance, ¿qué precipitó su salida? Aunque podría haber varias explicaciones hay una que fue fundamental: los alineamientos de poder en torno de la futura sucesión de Julio Mario Santo Domingo. Andrés Obregón pertenece a una rama de la familia que, como todas las otras, le han ido vendiendo sus acciones a su tío. Los verdaderos dueños del Grupo, por lo tanto, serán los tres hijos de Santo Domingo: Julio Mario Jr., Alejandro y Andrés.

Estos, a su turno, pertenecen a dos ramas diferentes: el mayor es hijo de Edyala Braga, una aristocrática brasileña, quien fue la primera esposa de Santo Domingo. Los otros dos son hijos de Beatrice Dávila, una distinguida dama bogotana que ha estado casada con el empresario desde hace 25 años. Hasta hace poco tiempo doña Beatrice se había mantenido a la sombra de su marido. Ahora, con dos hijos en edad de asumir el destino de su fortuna, ha venido adquiriendo un papel cada vez más protagónico. Su único interés es preparar el escenario para la llegada de sus dos hijos, particularmente la de Alejandro, el mayor, quien es el que ha demostrado más interés y gran talento para los negocios. Graduado en Harvard, hoy en día es uno de los yuppies de Violy McCausland, con quien ha estado moliendo duro y parejo para redondear su formación.

En forma inteligente y discreta la señora de Santo Domingo se ha venido familiarizando con los intríngulis del Grupo y a la vez rodeándose de personas de su entera confianza. A la cabeza de este grupo se encuentran su sobrino, Carlos Alejandro Pérez Dávila; el ex director de Cromos, Gonzalo Córdoba, y el marido de la sobrina de Santo Domingo, Alberto Preciado. El primero es un respetado financista que trabaja en Nueva York, también con Violy McCausland, y cuyos aportes corresponden más a la órbita de los números y la gestión. Los otros dos se han convertido en el cordón umbilical de la familia Santo Domingo con la realidad colombiana dado que ésta se desvinculó del país desde tiempo atrás.

Durante las últimas semanas el tema obligado del círculo empresarial era la polarización de dos bandos dentro del Grupo Santo Domingo: uno, el de Andrés Obregón, persona completamente ajena al mundo de las intrigas e indudablemente ingenuo en este campo. El otro, el de Alberto Preciado, un controvertido abogado que ha demostrado saber nadar como un tiburón en las turbulentas aguas del Grupo.

A Julio Mario Santo Domingo le interesaba explotar simultáneamente las aptitudes diametralmente opuestas de cada uno de ellos, que de alguna manera eran la sumatoria de la habilidad global de Augusto López. Pero Andrés Obregón no estaba dispuesto a quedarse en ese acuario.

Para llenar el vacío de Obregón se piensa nombrar a dos personas. En Bavaria existe la posibilidad de que se contrate un gerente de primera línea internacional con experiencia en el campo de las bebidas. Para Valores Bavaria se busca un empresario con trayectoria en banca de inversión que pueda continuar con el proceso de reestructuración de las compañías del Grupo. Lo que es seguro es que ninguno de estos dos será de la familia.

Estos managers tendrán que acoplarse a los lineamientos de dos personas que han adquirido un gran ascendiente en el Grupo: Violy McCausland, quien por su cercanía con Julio Mario Santo Domingo, su hijo y su sobrino, ha adquirido una posición jerárquica dentro de la organización en materia de análisis financiero y de cifras. Y por otro lado está el ex secretario general de la Presidencia de la República y respetado empresario Germán Montoya Vélez, quien por su conocimiento de la realidad nacional se ha ganado la confianza de Santo Domingo, que quiere contar con alguien de edad y experiencia para equilibrar la juventud de sus nuevos cuadros.

En todo caso la transición no será fácil. Hay demasiados protagonistas tratando de alinearse cerca del nuevo poder. Eso garantiza que habrá fricciones y que algunos de los jugadores quedarán tendidos en el campo de batalla. Por otro lado, no parece conveniente para un conglomerado tan importante el exceso de rotación de personal que se ha visto en su cúpula en los últimos dos años. Para un Grupo que ha tenido un hilo conductor estable durante 40 años tanto cambio en tan corto tiempo constituye un preocupante factor de incertidumbre.

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