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| 6/13/1983 12:00:00 AM

¿SE VIENE EL TIMONAZO?

Los acontecimientos recientes del Caquetá podrían implicar un endurecimiento de la política del gobierno.


Los colombianos que estaban al frente de la radio y la televisión el miércoles de la semana pasada, se sorprendieron al saber que las escenas de combate entre el ejército y la guerrilla que estaban presenciando en la pantalla no eran en El Salvador, sino en el Caqueta. Aviones de guerra que cruzaban el aire, helicópteros artillados, retenes móviles donde se requisaban filas de campesinos, daban al televidente la impresión de estar frente a una situación más intensa que las precedentes. Los locutores de radio, en el momento de mayor exaltación, llegaron a decir que la actual acción militar sólo era comparable a la política de "cerco y exterminio" que, bajo el gobierno del presidente Valencia, arrasó con las zonas tomadas por la guerrilla. La información sobre el número de muertos, que oscilaba entre 7 y 15 para los militares, y 14 y 30 para los guerrilleros, muy alto para escasos tres días, parecía ser el testimonio de la violencia del enfrentamiento. Era un hecho inusitado el que fuera el propio general Lema Henao el que se colocara al mando de la tropa en la zona de conflicto, al mismo tiempo que declaraba que la vigencia de la amnistía ya había caducado porque "no podemos continuar con esa amnistía de bandoleros que matan y secuestran y que luego, tranquilamente, se acogen a esa ley para buscar nuevamente reincorporarse a la lucha armada".

El detonante de la nueva ofensiva había sido el intento de una columna del M-19 de tomar la población. El Paujil, en el Caquetá. La ostentosa acción, llevada a cabo por unos 150 hombres, aparecía como una nueva demostración pública de que el M-19 enterraba definitivamente el proyecto de pasar a la legalidad, plan con el que ese grupo guerrillero había coqueteado durante los primeros meses del actual gobierno.

Una guerra anunciada.

Los hechos sangrientos en el Caquetá estaban cantados. Las declaraciones de los días anteriores, tanto por parte de la guerrilla, como por parte del ejército, permitían prever tal desenlace. Un documento del M-19 al cual tuvo acceso SEMANA, explicita la orden a los miembros del "Comando Político" -que había venido funcionando a la luz del día- de volver a la clandestinidad para reanudar la lucha armada, y específica que, para corregir las desviaciones legalistas anteriores, producidas por el espejismo de la amnistía, todo el peso de la organización debe volver a centrarse en su estructura militar.

Algunas acciones anteriores a los hechos del Caquetá daban testimonio del viraje de este grupo, como la bomba colocada en la Embajada, del Honduras y presumiblemente, el secuestro del industrial Jimmy Meyer quien, según fuentes autorizadas de SEMANA, pudo haber sido llevado a cabo por el M-19.

Por parte del sector oficial, la respuesta no se había hecho esperar. En un homenaje ofrecido a las Fuerzas Armadas por el industrial Ardila Lulle, el general Landazábal, en medio de un torrente de retórica neoclásica intercaló declaraciones prosaicas y contundentes en las cuales se pedía un viraje en la política gubernamental: "... tiene que modificarse la postura magnánima del legislador de ayer para asumir la imagen severa del custodio del orden social establecido".

Inicialmente cupo la sospecha de que este pronunciamiento del ministro de Defensa, un tanto inusitado en un evento de carácter social como era la recepción que se le ofrecía, podría haber tomado por sorpresa al Presidente. Este rumor, sin embargo, fue desmentido al día siguiente, cuando el propio Betancur hizo pública una posición que apuntaba en el mismo sentido: "La amnistía ya generó (...) todos sus efectos y operó de pleno derecho para actos anteriores. Pero ella no es (...) patente de corso sobre actos cometidos a posteriori de su expedición ".

Con esto recalcaba un postulado que en buen romance rezaba que la amnistía de los delitos operaba hacia atrás, pero no hacia adelante. La opinión pública, evidentemente harta de secuestros y extorsiones -que a menudo provenían de la propia acción guerrillera- veía con buenos ojos cualquier paso, por enérgico que fuera, hacia la restauración de la paz. Sin embargo, la violencia de los procedimientos utilizados en el Caquetá, enmarcada dentro de las declaraciones previas citadas, dejaba flotando en el aire la duda de si no se avecinaba un timonazo brusco en el manejo del orden público por parte del gobierno.

Las emigraciones masivas de familias campesinas en ese departamento durante los días más recios del enfrentamiento, así como las requisas y los allanamientos, y el rígido control establecido en la zona, dejaban entrever cómo gente pacífica e inocente resultaba lesionada por el operativo. La posibilidad -desmentida por el general Lema Henao y simultáneamente por el general Manuel Murillo- de que hubiera habido bombardeo en la zona, era motivo de preocupación en el sentido de que tras la amnistía la "patente de corso", como dijera el Presidente, se la autoadjudicara no sólo la guerrilla para delinquir, sino también el gobierno para reprimir. ¿Dónde está el término justo que permita erradicar flagelos como el secuestro y los actos terroristas, sin incurrir en la violación de los derechos del conjunto de los ciudadanos? Los eventos de la semana parecieron mostrar el peligro de dar un paso más allá de la eficacia para combatir la delincuencia, para caer en un régimen de mano dura.

HABLA MATAMOROS
En un reportaje concedido a Caracol a raíz de los hechos en el Caquetá el General Gustavo Matamoros sintetizo su posición ante la situación de orden público en los siguientes términos:

"Lo que está sucediendo en el Caquetá no es nada tranquilizador. La subversión quiere liquidar nuestro sistema pero nosotros no lo vamos a permitir. Si los hechos en el Caquetá se están presentando con la mayor violencia, es porque la guerrilla se esá moviendo con consignas extranjeras. Eso lo tenemos establecio".

"No podemos asegurar si los aviones de Libia venían o no hacia el país, pero tenemos graves sospechas de un gobierno como el libio, que ha dicho mentiras durante todo el tiempo en relación con la carga que traían esos aviones. No veo porqué no le van a mentir a las autoridades colombianas, si le mintieron a las del Brasil diciendo que llevaban carga sanitaria".

" Las armas en Libia fueron compradas por Bateman y por otros que dedican a lo mismo en Europa".

"No estamos ante una situación de guerra general. Lo del Caquetá es un caso aislado".

"La guerrilla en el Caquetá ha utilizado armas de uso privativo de las fuerzas militares, entre ellas armas automáticas de buen poder de fuego, como fusiles FAL".

"Es absolutamente cierto que se ha querido montar, por parte de la guerrilla, una "republica independiente de la Amazonía". Desde hace dos años se ha buscado hacerlo creando de esa manera lo que ellos llaman una zona libre que incluiría el Putumayo, el Caquetá y el Amazonas".
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