Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/04/01 00:00

SEÑAL EN ROJO

EL NUEVO CANAL CULTURAL NAUFRAGA EN MEDIO DE CONTROVERSIAS SOBRE SU MANEJO

SEÑAL EN ROJO

Si no fuera por la des-certificación probablemente todos los colombianos estarían hablando esta semana del otro escándalo: el de Señal Colombia, el nuevo canal estatal en la cadena tres inaugurado a finales del año pasado por el ex ministro de Comunicaciones Armando Benedetti.El escándalo de Señal Colombia, promovido por Julio Sánchez Cristo en Viva FM y apoyado por todas las programadoras la semana pasada, ha despertado indignación generalizada. Lo curioso es que ésta se ha originado más en lo anecdótico que en lo sustancial. El símbolo de la indignación para la ciudadanía es un contrato por 117 millones de pesos mensuales a Roberto Posada García-Peña _D'Artagnan_ por la elaboración de los avances informativos diarios de esta cadena. Y entre las programadoras, la piedra del escándalo ha sido la compra de series de la BBC a un costo de 5.400 dólares la hora, valor muy superior al tradicional por este tipo de programación. Sin embargo, ni un contrato jugoso al periodista más cercano al presidente Ernesto Samper, ni un sobrecosto en la compra de enlatados son el fondo del problema de Señal Colombia. La crisis es más estructural que circunstancial y el debate sobre cómo solucionarla apenas comienza.Señal Colombia fue concebida por el entonces ministro de Comunicaciones Armando Benedetti como un canal de televisión que debía tener dos características: ser cultural y costeable. Ninguna de estos dos objetivos se ha cristalizado hasta la fecha. Como es difícil definir qué es cultura, la programación acabó siendo variada, sin mayor coherencia ni un eje central. En términos generales es un híbrido de programas de opinión, de variedades y enlatados internacionales.Muchos periodistas prestantes acabaron con programa propio. Los espacios van desde Mujeres con Poncho, Moda y Música de Camilo Pombo, Rockombia de Karl Troller hasta En contravía de Patricia Lara y Zona Franca de María Jimena Duzán. Estos programas no son necesariamente ni malos ni buenos, pero lo que es un hecho es que no se ajustan a un criterio muy estricto de cultura ni tienen mucha demanda. Curiosamente los periodistas favorecidos ni siquiera son amigos del gobierno. La adjudicación se hizo con base en criterios relativamente imparciales y fuera del manejo de los avances informativos, la repartición de la torta fue más amiguera que política. Estos avances son el equivalente a lo que serían los noticieros en los otros canales. Como los de lunes a viernes se le adjudicaron a una sociedad encabezada por Roberto Posada, D'Artagnan; por razones de paridad política, los del fin de semana se le dieron al Partido Conservador representado por el periodista Germán Manga. La cifra de estos contratos ha sorprendido, pues asciende por semestre a 702 millones de pesos en el caso del primero y a 612 millones en el segundo. En ambos casos el negocio es redondo, aunque no menos que el de cualquier noticiero en las otras dos cadenas. El rechazo por lo tanto obedece no a la rentabilidad sino que, debido a la prohibición de comercialización de la cadena, el costo corre por cuenta del contribuyente y no por el de anunciadores del sector privado.Mucho se ha hablado sobre el despilfarro de la cadena que según las programadoras privadas está inflando el costo de toda la televisión en Colombia. En esto hay algo de verdad. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, la explicación de los sobrecostos no está en negociados bajo cuerda, sino en una gran improvisación y una total falta de experiencia en el manejo del complejo mundo de la televisión. Y no era para menos. El proyecto de la cadena estuvo dirigido por un ministro intelectual que quería pasar a la historia como el hombre que le había dado al país su canal cultural. La ejecutora del proyecto fue la periodista Diana Calderón, una persona sin ninguna experiencia administrativa que, de la noche a la mañana, empezó a manejar una empresa mucho más grande que Caracol y RCN sumadas.Por cuenta de esto, Señal Colombia terminó comprando enlatados a sobreprecios. El caso más conocido es el de las series de la BBC de Londres que costaron 5.400 dólares por capítulo. Si esta cifra se compara con los 5.000 dólares que vale la serie más taquillera del mundo en la actualidad, Guardianes de la Bahía, queda claro que alguien metió un gol. La hora más cara que ha vendido la BBC en su historia es la de la entrevista a la princesa Diana en la que confesó su adulterio. Esta primicia mundial fue adquirida en Colombia por 5.000 dólares.Las fallas anteriores en cierta forma no son sorprendentes pues por definición el Estado es ineficiente. La novedad de este caso radica en que por primera vez a la televisión cultural le ha entrado plata a chorros. El presupuesto del canal tres pasó en menos de un año de 600 a 12.000 millones de pesos. Un salto económico de esta magnitud convirtió a Señal Colombia en uno de los nuevos ricos del país. Por esto no es extraño que sus directivos, según la propia Diana Calderón, nunca pensaron en descuentos sino que compraron al precio que les ofrecieron. El gran interrogante es cómo se pensaba financiar este ritmo de gastos. En el papel, las cuentas del presupuesto de Benedetti y Calderón parecerían lógicas. La nueva ley de televisión contemplaba la creación de un fondo para la televisión pública que se alimentaría de los impuestos por concepto del TV cable y de la venta de los canales zonales a empresarios privados. Este dinero ingresaría a las arcas de la Comisión Nacional de Televisión. De estos recursos ésta sufragaría el 40 por ciento del costo de mantenimiento del canal Señal. Otro 40 por ciento sería cubierto por cuenta de Inravisión. El restante 20 por ciento vendría de la venta de patrocinios para los programas que el canal podría hacer directamente con la empresa privada.Estos proyectos, sin embargo, no se volvieron realidad. La parte que debería aportar la Comisión se embolató. Al postergarse la licitación para la venta de los canales zonales, que debió haberse realizado el pasado 5 de enero, la Comisión perdió gran parte de sus ingresos. Pero no sólo no se abrió la licitación sino que con la situación actual es poco probable que haya televisión privada antes del 98, lo que hace que ese 40 por ciento quede en el aire.En cuanto a los patrocinios la situación no parece ser mejor. Este mecanismo de financiamiento que se creó para reemplazar la comercialización de los espacios hasta el momento no ha funcionado. La empresa privada no ha demostrado en fomentar una programación que no es claramente cultural, ni tiene sintonía. Esta realidad deja también en el limbo a ese otro 20 por ciento.En este orden de ideas, no hay duda de que Señal Colombia tiene un hueco negro, pues el 60 por ciento de su financiación en la práctica no existe. Este déficit sólo podrá ser subsidiado por Inravisión, que en la teoría sólo debería financiar el 40 por ciento del costo total. Esta responsabilidad financiera adicional pone en peligro su solvencia, lo cual a su turno puede llegar a afectar a las programadoras privadas que dependen de la solidez de Inravisión. Lo que está en peligro, por lo tanto, no sólo es el futuro de la cadena tres sino la totalidad del sistema de televisión en Colombia. Al Estado no le sobran los recursos para aportar entre 12 y 20.000 millones de pesos al año a un canal simplemente porque es a nombre de la cultura.Muchos de estos problemas no eran previsibles y nadie podía contar con esos imponderables. En la actualidad se están buscando fórmulas para superar el impasse, pues el canal cultural es una obligación que adquirió el Estado en la nueva ley de televisión. Se ha pensado en fórmulas como fortalecer el sistema de ventas de patrocinios y en abaratar los costos. Pero todas estas buenas intenciones se enfrentan a una cruda realidad matemática de la televisión: que de acuerdo con los datos de Nielsen, el promedio de audiencia del canal entre el primero de enero y el 18 de febrero de este año ha sido del uno por ciento. Con este panorama tan desolador, pocos entienden qué tiene de provechoso pasar de 600 a 12.000 millones de pesos de presupuesto para mantener un canal que prácticamente no ve nadie.

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