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| 2/26/2011 12:00:00 AM

Secuestro de pañales

En las primeras siete semanas del año, ocho bebés de pocos días han sido robados. Las autoridades creen que hay una red que se lucra de este macabro negocio.

En la mañana del jueves 24 de febrero, la mayoría de los habitantes del pequeño municipio de Tangua, en el centro del departamento de Nariño, se volcaron a las calles a protestar. El motivo era el secuestro de una niña de escasos dos meses de nacida que había sido robada de los brazos de su madre el día anterior. En la tarde del martes de esa misma semana, en el otro extremo del país se presentó una situación similar. Durante una hora, familiares, amigos y personas solidarias bloquearon el puente internacional Simón Bolívar, en Cúcuta, exigiendo con fotos y pancartas el regreso de un bebé de diez días, arrebatado a su madre el 17 de febrero, en una calle de la ciudad. Al cierre de esta edición, en las fronteras con Venezuela y Ecuador, las autoridades continuaban buscando a los dos bebés.

Estos son los dos casos más recientes de un fenómeno que ha prendido las alarmas entre las autoridades. No es para menos. En las primeras siete semanas de este año, ya se registran ocho casos de niños de pocos días o semanas robados en diferentes lugares del país. En ese mismo lapso, en 2010, se registraron tres casos que lograron ser rescatados, en Cauca, La Guajira y Magdalena. Aunque de los ocho casos de este año el Gaula de la Policía ha rescatado a seis bebés, existe una gran preocupación por el aumento de estos hechos. Aún más grave es que la hipótesis más fuerte que manejan las autoridades en la mayoría de los casos es que podría tratarse de un macabro negocio: la venta de bebés.

"El problema con los recién nacidos es que es muy difícil identificarlos, ya que cuando tienen pocos días o semanas de nacidos los niños cambian día a día y eso les facilita a los delincuentes evitar que sean identificados por medio de fotos o videos. Fuera de esto, en algunas regiones aún es frecuente que los nacimientos se den en casas o con parteras, lo cual hace que no existan registros", dice un investigador del Gaula.

Las autoridades han logrado rescatar a varios. El último fue un niño de tres años de edad, encontrado por el Gaula el 20 de febrero en el municipio de Sibundoy, Putumayo. Había sido secuestrado en su vivienda en Cumbal, en el sur de Nariño, una semana antes. Tres días antes de esa operación, otra bebé, robada 48 horas antes a su madre, una adolescente de 16 años, fue rescatada por la Policía en el barrio Potrero Grande, en el oriente de Cali. El 11 de febrero en El Rosal, Cundinamarca, el Gaula logró dar con un niño de 15 días de nacido, robado a su madre en Facatativá el 29 de enero.

Al investigar, han aparecido evidencias preocupantes. "La mayoría de los casos se parecen en algunas cosas. Por ejemplo, la mayoría de las madres de los menores son de estratos muy bajos, con poca formación y grandes necesidades económicas -afirma el investigador del Gaula-. Por necesidad e ingenuidad son presas fáciles de los bandidos, que se acercan con diversas propuestas de ayuda para darles comida o ropa y aprovechan cualquier descuido para robarse a los menores. En los casos de este año y en los 24 rescates de menores que se realizaron en 2010 quedó descartado que se tratara de secuestros con fines extorsivos". También se ha descartado en la mayoría que el rapto haya sido un secuestro simple, perpetrado por algún familiar para quedarse con el bebé.

De los casos de este año solo en uno, el de Cali, se comprobó que el motivo del robo del bebé tuvo que ver con el hecho de que la secuestradora había simulado estar embarazada y decidió raptar a un recién nacido para hacer creer a su novio que era su hijo y así retenerlo a su lado.

Las autoridades tratan de establecer cuáles de los secuestros de este año involucrarían grupos de delincuentes aislados que han convertido en negocio el robo de bebés, que venden por entre cinco y veinte millones de pesos a parejas que no pueden tener hijos, dentro y fuera de Colombia. Si bien aún no se puede hablar de una red, lo que preocupa a las autoridades es que estas sí existen en el país. Basta recordar el caso que quedó al descubierto tras una larga investigación de la Fiscalía en agosto del año pasado, cuando un médico y una enfermera, bajo la fachada de tener una clínica de abortos en el centro de Bogotá, estaban vendiendo recién nacidos a extranjeros por cifras que rondaban en promedio los diez millones de pesos.

Aunque no se trata, por fortuna, de un delito generalizado, el tráfico de personas en Colombia ya es un problema muy serio, y lo único que faltaría es que el robo de bebés se convierta en uno de sus rubros. Por eso, bien harían las autoridades en ponerle fin ahora, cuando todavía está en pañales.
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