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| 5/20/1996 12:00:00 AM

SECUESTRO O SEGURO

CADA DIA PARECE MAS CLARO QUE EL SECUESTRO DE JUAN CARLOS GAVIRIA TIENE UN ORIGEN MAS NARCO QUE GUERRILLERO Y BUSCA EVITAR QUE VUELVA LA EXTRADICCION.

Transcurridas ya casi tres semanas desde cuando una docena de hombres muy bien armados secuestró en las goteras de Pereira al constructor Juan Carlos Gaviria, autoridades policiales y analistas de diferentes corrientes parecen estar llegando a una serie de conclusiones básicas sobre el origen de la acción terrorista, después de haber pasado los primeros 15 días en toda clase de debates especulativos sobre los alcances del asunto.Para empezar, los investigadores consideran que a pesar de los esfuerzos de los secuestradores del hermano del ex presidente y secretario general de la OEA César Gaviria, por aparentar móviles políticos, la verdad es que las averiguaciones sobre el caso conducen claramente hacia motivaciones relacionadas más con el narcotráfico que con la guerrilla. El elemento más sólido para llegar a esta conclusión es que, tal y como lo han podido establecer investigadores policiales enviados a la zona del secuestro a las pocas horas de ocurrido, semanas antes del plagio guerrilleros reinsertados del EPL fueron contactados por hombres que dijeron hablar a nombre de los carteles y que deseaban subcontratar con ellos el secuestro del constructor. Los ex guerrilleros mencionados rechazaron la oferta, pero es evidente que pocos días después, otros reinsertados la aceptaron. "Pareciera tratarse de gentes que estuvieron vinculadas al M-19 _le dijo a SEMANA una fuente investigativa_ pues tanto en el comunicado que acompaña la fotografía, como en la fotografía misma, hay inocultables similitudes con el lenguaje y el accionar típicos del M-19 en casos como el secuestro de Alvaro Gómez, aunque claro está, en este caso, como se trata de ocultar el verdadero móvil y de disfrazarlo de político, hay bastante chambonería y se hacen exigencias absurdas que solo pretenden confundir". Sea como fuere, lo que parece difícil de discutir es que el secuestro de Gaviria tiene una autoría material guerrillera, así como una clara autoría intelectual del narcotráfico. En cuanto al uso del nombre de 'Dignidad por Colombia', con el cual antes de este plagio fueron reivindicados el atentado contra Antonio José Cancino y el asesinato de Alvaro Gómez, las autoridades están llegando a la conclusión de que ese nombre puede ser una especie de genérico utilizado para despistar. Entre los comunicados con que ese grupo reivindicó los casos de Cancino y Gómez y los conocidos tras el secuestro de Gaviria, hay más diferencias que similitudes (ver SEMANA #728).En estos últimos mensajes, los secuestradores lanzan ataques contra las políticas neoliberales de César Gaviria, y contra Estados Unidos. Pero teniendo en cuenta que las peticiones que se derivan de esos ataques, en especial en el comunicado que acompañó la fotografía, van dirigidas más bien a la crisis presidencial originada en la financiación de la campaña, es evidente que el rollo antineoliberal y antiimperialista no es más que un eufemismo para ocultar el verdadero mensaje. Pero, ¿cuál es el verdadero mensaje? El ex constituyente Iván Marulanda lo dijo de manera clara y directa en su columna de la semana pasada en El Espectador: "Los narcotraficantes tienen rehén y lanzan la advertencia a su manera . Venga lo que venga, no se puede hablar de extradición". Esta conclusión es plausible y confirma informes de inteligencia y rumores surgidos tanto de los centros de reclusión de los principales narcotraficantes, como del ambiente los capos que siguen libres, en el sentido de que los carteles tienen hoy en día una sola y grande preocupación: que en medio de la crisis política y ante las crecientes presiones de Washington, a alguien se le ocurra revivir la extradición.La selección del hermano del secretario general de la OEA como instrumento de presión en contra del gobierno de Ernesto Samper no parecería muy lógica, si se tiene en cuenta que César Gaviria es considerado por muchos sectores como el principal opositor al Presidente. Sin embargo, esto lo único que indicaría es que los secuestradores, al igual que muchos colombianos, están poco convencidos de que el gobierno de Samper llegue al 7 de agosto de 1998. Lo que sí parece que creen es que, pase lo que pase en la transición presidencial, Gaviria va a convertirse en un personaje definitivo de aquí para adelante. Por lo tanto y aplicando la lógica siniestra de estos terroristas, no es difícil concluir, como lo han hecho ya algunos analistas de las autoridades, que tener al hermano del ex presidente como rehén puede para los narcotraficantes convertirse en un seguro contra la extradición. En ese orden de ideas, las exigencias de renuncia de Samper y del vicepresidente Humberto de la Calle, planteadas en el comunicado de la semana pasada, no son más que fuegos artificiales. El ex alcalde de Tuluá, Gustavo Alvarez Gardeazábal, analista respetado del mundo del narcotráfico, escribió en una columna en El Nuevo Siglo: "No olvidemos que se trata de una propuesta política, de una apertura de negociaciones para encontrarle salida al túnel donde estamos metidos".No es imposible entonces que Colombia esté a punto de volver a vivir la pesadilla de los secuestros ordenados por Pablo Escobar en 1990 y 1991, para abrir un proceso de cruzar los secuestros contra la extradición. Los narcotraficantes estarían pensando que lo que les garantizaba la no extradición era haber financiado la campaña del actual Presidente y que si éste se cae, el negocio se deshace. Y necesitan una nueva garantía que estaría representada en Juan Carlos Gaviria.Paradójicamente, si este escenario se confirma, a pesar de la natural indignación que despierta y de la condena que la acción terrorista ha despertado y por cuenta de la cual más de 20.000 personas se volcaron el lunes 15 a las calles de Pereira, la situación podría tener más margen de maniobra de lo que parece. La razón de esto es que en Colombia, ninguna de las figuras que cuenta hoy con posibilidades de suceder a Samper, contempla la posibilidad de restablecer la extradición. A pesar de la presión norteamericana, la extradición no sólo no está en la agenda de Samper, sino que tampoco está en la de Humberto de la Calle, ni en la de ninguna de las demás alternativas. Una ofensiva de desinformación ha generado una impresión en el mundo del narcotráfico de que si se va Samper, el debate se reabre. Esto, sin embargo, no es así. En el mundo de lo real es claro que mientras exista la prohibición constitucional, en un país de legalistas el asunto de la extradición está cerrado. No sólo si permanece Samper en el poder, sino también si se retira. Por lo tanto lo que se requerirá para resolver el secuestro no será tanto una concesión como una clarificación. Y si esto es así, quizás el asunto pueda ser visto por la familia Gaviria y por millones de colombianos con un poco menos de pesimismo.
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