Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/06/09 00:00

Secuestros extraviados

Según la prensa, este año han aumentado los plagios colectivos en varias regiones del país. Pero algunos de ellos no aparecen registrados en las cifras oficiales.

El capitán Guillermo Javier Solórzano fue secuestrado con otros dos hombres el lunes 4 de junio. Hace años no se presentan casos de secuestro masivo como el ocurrido en 1999 en la iglesia La María de Cali, cuando 150 feligreses cayeron en poder del ELN.

Siete hombres armados con fusiles se presentaron el lunes pasado a las 6:30 de la tarde en la finca El Parral, cerca de Miranda, Cauca. Allí departía un grupo de amigos con sus familias, cuando fueron sorprendidos por los sujetos uniformados que se identificaron como integrantes del Batallón Codazzi. Dijeron ir en busca del empresario de loterías y anfitrión de la reunión, Humberto Loaiza. Al no entender lo que ocurría, el empresario consultó a uno de sus invitados, el comandante de Policía del municipio de Florida, capitán Guillermo Javier Solórzano. El capitán supo inmediatamente que se trataba de un secuestro. Apenas alcanzó a abrazar a su esposa antes de que se lo llevaran junto a Loaiza y al hijo de este, Carlos Humberto, de 18 años.

Los uniformados eran guerrilleros de las Farc y el triple secuestro ocurrió en uno de los municipios que esta guerrilla pide que sean despejados como requisito para dialogar con el gobierno sobre intercambio humanitario. Aunque el secuestro del capitán Solórzano obedece más a la infortunada coincidencia de que estaba allí, sin escolta y desarmado, justo cuando los insurgentes ejecutaron el secuestro, el hecho hace pensar que los secuestros colectivos con los que la guerrilla aterrorizó al país hace casi una década están de regreso.

Varios casos ocurridos durante este año así lo señalan. El pasado 28 de febrero, Darío Blandón, personero de Río Sucio, Chocó, denunció que una célula de las Farc secuestró a nueve aserradores que estaban cortando madera en lo profundo de la selva chocoana. Al parecer, esta guerrilla los acusaba de trabajar para el jefe paramilitar el 'Alemán'. Algunos de ellos fueron liberados posteriormente, pero de la suerte de los otros no hay información. No era la primera vez que ocurría un episodio así. Un año atrás, en el mismo lugar, la guerrilla asesinó a 13 personas y secuestró a 200 para someterlas a un supuesto 'juicio' revolucionario.

Más resonancia tuvo el caso de nueve geólogos de la Compañía de Servicios Logísticos de Medellín secuestrados en el mismo departamento el pasado 13 de marzo. Ocho de estos recobraron la libertad en las semanas siguientes, gracias a la mediación de la Cruz Roja. El único extranjero del grupo, un ingeniero cubano, continúa en cautiverio.

Al finalizar la Semana Santa, el 8 de abril, cuatro guerrilleros del V Frente de las Farc instalaron un retén en la vía entre Mutatá y Chigorodó, en Antioquia, y secuestraron a cinco personas que venían de regreso de sus vacaciones. De estas aún dos están privadas de la libertad. "Esa guerrilla no ha renunciado a la modalidad de secuestro múltiple. Continúan empleándola como una manera de mostrar presencia y ahora afectan a gente totalmente humilde como los turistas secuestrados el domingo Santo", dice Jorge Mejía, secretario de gobierno de Antioquia.

Pero intentar verificar si los secuestros colectivos se han incrementado en el país no es tarea fácil, ya que los registros oficiales son inconsistentes. Según cifras suministradas a SEMANA por la oficina de investigaciones criminológicas del Grupo Especial Antisecuestro, Gaula de la Policía, en este año se han presentado siete secuestros colectivos, en los que son privados de la libertad tres o más personas. Esta oficina se encarga de procesar y canalizar toda la información que divulga oficialmente Fondelibertad, del Ministerio de Defensa.

Sin embargo, los turistas de Mutatá y los aserradores en Chocó no aparecen registrados. El coronel Humberto Guatibonza, director del Gaula de la Policía, recuerda con claridad el caso de Mutatá. Dice que fue algo lamentable ocurrido al final de la Semana Santa y que fue el único evento de secuestro que se presentó en esa temporada en el país. Señala además, que sucedió en una vía periférica. Sin embargo, no se explica por qué no figura en las estadísticas, si se trató de "un caso muy diciente que está totalmente registrado. Voy a preguntar qué pasó porque no nos interesa esconder ningún caso, menos uno tan conocido".

La mayor Beatriz Blanco, jefe del centro de investigaciones criminológicas del Gaula, sostiene que el caso de los aserradores de Chocó no aparece porque no hay una denuncia legal sobre el mismo, a pesar de que todo el país lo conoció en voz del personero de Río Sucio. "Puede que se haya dicho a la opinión pública que ocurrió, pero si no hay denuncia oficial ante la Fiscalía, no podemos registrarlo". La Mayor explica que todos los casos que se presentan son investigados policialmente, pero que para ingresar a los indicadores de secuestro del país, se requiere la denuncia formal. Una vez se cumple este trámite 'plasmando' el hecho en un documento oficial, el caso ingresa inmediatamente a los registros, afirma Blanco.

Sin embargo, al cierre de esta edición, tampoco aparecía registrado todavía el secuestro del capitán Solórzano y sus dos anfitriones, a pesar de que el hecho fue publicitado por todos los medios desde hacía cuatro días, y ya existe una denuncia oficial. La abogada Julia María Orozco, esposa del capitán, le dijo a SEMANA que ella misma instauró la denuncia por secuestro en la fiscalía de Cali a primera hora del martes 5 de junio, apenas unas horas después de ocurrido.

Olga Lucía Gómez, directora de la Fundación País Libre, reconoce que el secuestro en términos generales ha presentado un descenso sostenido en los últimos años. Sin embargo, opina que los casos de retenciones colectivas han presentado un incremento preocupante en relación con el año inmediatamente anterior y señala que las cifras oficiales al respecto no son claras. Por ello, la fundación ha decidido recolectar la información acudiendo directamente al DAS, la Policía, la Fiscalía y demás entes que tienen conocimiento del tema. "Sabemos que constantemente cambian las categorías de registro sin la necesaria socialización y muchas veces tales cambios no obedecen a criterios meramente criminológicos", sostiene.

Si, como teme País Libre, hay una tendencia al incremento de los secuestros colectivos, surgen distintas inquietudes. Es evidente que los planes de la fuerza pública para hacer presencia en todo el territorio, y en especial en las carreteras, han tenido resultados muy positivos. Pero también es cierto que tanto las Farc como el ELN están volviendo a actuar en zonas donde hace años no hacían presencia, aprovechando la desmovilización de los paramilitares y la imposibilidad que tiene la fuerza pública de copar la totalidad de estos territorios.

Eso es posiblemente lo que ocurrió esta semana con el secuestro del Capitán de la Policía de Florida. Una región que ha sido reforzada con un batallón de alta montaña y que mantiene operaciones ofensivas constantes, y donde, sin embargo, las Farc pudieron hacer más daño del que ellos mismos calculaban.

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