Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/10/29 00:00

Bogotá: mucha gente, poca policía

La ciudad más grande del país, tiene un alarmante déficit de agentes. Pese a esto, hubo reducción en ciertos delitos y se mejoró la percepción de seguridad.

Bogotá: mucha gente, poca policía Foto: Guillermo Torres

Uno de los termómetros más implacables para medir lo que piensan los habitantes de la capital del país sobre la seguridad ha sido la Encuesta de Percepción y Victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá. El jueves pasado circuló el último de estos informes y contiene algunos resultados interesantes. Del total de encuestados, 41 por ciento percibe que hubo mayor inseguridad en la ciudad durante el primer semestre de 2016. Lo relevante es que este indicador presentó una reducción de 14 puntos frente al mismo periodo de 2015, cuando se ubicó en 55 por ciento. Por primera vez, menos de la mitad de los capitalinos se sienten inseguros en la ciudad. Otro dato significativo tiene que ver con el aumento de 122 por ciento en el número de personas que decidió acudir a la Policía y a la Justicia para denunciar, lo que refleja un aumento significativo en la confianza en las autoridades locales.

Las estadísticas de la Fiscalía y la Policía respaldan las percepciones ciudadanas en la encuesta. Al comparar el primer semestre de 2016 con el de 2015, la ciudad registró una disminución de 6 por ciento en los homicidios. También hubo una reducción de 61 por ciento en el hurto a residencias y de 71 por ciento en el robo a personas. En esta última variable, el hurto de celulares, que es el delito más denunciado y que más afecta al ciudadano, también registró una reducción de 41 por ciento.

Estos datos llaman la atención. Especialmente porque ocurren en medio de una ironía. Aunque la percepción y la seguridad efectivamente tienen indicadores reales que demuestran una mejoría, precisamente ahora que Bogotá enfrenta quizás el más grave déficit de policías en la ciudad en la historia reciente.

De acuerdo con los parámetros establecidos internacionalmente por las Naciones Unidas y algunos centros de análisis, el ideal es que una ciudad tenga en promedio 320 policías por cada 100.000 habitantes con el fin de garantizar seguridad, buen servicio y una respuesta oportuna a la ciudadanía. En el caso de la Policía Metropolitana de Bogotá (Mebog), que debe velar por los intereses de 8 millones de personas, hay un promedio de 238 policías por cada 100.000 habitantes.

Cuando se compara el promedio de uniformados con el de las otras 15 Policías Metropolitanas de las principales ciudades del país, el déficit sobresale aún más. La Mebog está en el último lugar mientras que ciudades como Bucaramanga, Tunja o Popayán, con menos de la cuarta parte de la población de Bogotá, tienen más de 600 por cada 100.000 habitantes (ver recuadro).

Aunque históricamente la capital siempre ha tenido un déficit en su pie de fuerza, no había llegado a un punto tan dramático. Hace cuatro años Bogotá contaba con cerca de 20.000 uniformados. Hoy son 15.000. De estos, cerca de 5.000 son auxiliares bachilleres, no policías profesionales. Además hay que tener en cuenta que se dividen en tres turnos de ocho horas de servicio. Esto sin contar con los que están en vacaciones o en licencias por enfermedad. Así, el número real implica que un patrullero debe velar por la seguridad de 427 ciudadanos en promedio. Y la cifra empeora dependiendo de la localidad. En zonas altamente pobladas como Kennedy, con más de 2 millones de personas, un policía responde por 1.079 personas.

Sorprende que, a pesar de este panorama, la percepción y las cifras reales hayan mejorado. Esto se debe en gran medida a una serie de estrategias puntuales que diseñaron el secretario de Seguridad de la ciudad, Daniel Mejía, y el comandante de la Policía Metropolitana, general Hoover Penilla. Aun con el déficit de pie de fuerza hay una lucha decidida contra la corrupción que ha implicado la salida de decenas de ‘manzanas podridas’ de la Mebog. A pesar de las críticas, las intervenciones en zonas como el Bronx y el ataque a las mafias de microtráfico, generadoras de vendettas y violencia, ya muestran que eran medidas adecuadas. Enfocar los pocos recursos de personal en grupos especiales en TransMilenio, así como en las llamadas zonas calientes, que son los puntos críticos de seguridad, está empezando a demostrar su eficiencia.

También una inversión importante en recursos para dotar de tecnología y medios a la Policía ha compensado el déficit de personal y comienza a ser una herramienta útil para combatir el crimen y mejorar la seguridad. Pero esto no es suficiente. Para compensar de manera urgente es necesario que la capital cuente en corto plazo con mínimo 3.000 uniformados más. Para llegar al ideal y cumplir los estándares nacionales e internacionales hacen falta un total de 6.000 policías en Bogotá.

Si bien estas tácticas de la Alcaldía han servido, la realidad es que resulta casi un milagro que la capital de la república no esté peor. Recientemente, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, y el director general de la Policía, general Jorge Nieto, se comprometieron con la Administración Distrital a empezar nuevas incorporaciones de policías. El secretario de Seguridad, Daniel Mejía, afirmó a SEMANA que, tras las reuniones que ha sostenido con ellos, está seguro de que hay un compromiso para que así sea. Amanecerá y veremos.

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