Sábado, 30 de agosto de 2014

El comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Luis Eduardo Martínez, afirma que una de sus metas para 2013 es acabar con las mafias del Bronx y dejar en un solo dígito las cifras de homicidios. León Darío Peláez/SEMANA

| 2013/01/05 00:00

Seguridad general en Bogotá

El general Luis Martínez consiguió que la capital sea un ejemplo en seguridad al lograr cifras históricas en reducción de delitos.

En medio de la oleada de malas noticias que desde hace semanas ha sacudido a Bogotá, siendo el desastre en el plan de recolección de basuras el más protuberante, pasó relativamente ?desapercibido un hecho de gran importancia e impacto para los habitantes de la capital. En el año que acaba de terminar la ciudad tuvo un balance histórico en materia de seguridad. Los indicadores de los principales delitos que afectan a los capitalinos registraron una significativa mejoría en las cifras, llegando a estadísticas que no se veían desde hace tres décadas. Bogotá terminó 2012 siendo la ciudad más segura del país y se convirtió de nuevo en un ejemplo a seguir, como hace más de una década.

El homicidio, el más grave de todos, disminuyó en un 26 por ciento. Hubo 483 asesinatos menos que en 2011, lo que representa una tasa de 16,5 por cada 100.000 habitantes, algo que no se registraba desde hace 28 años. El hurto de carros bajó un 27 por ciento, pasando de 3.109 a 2.283 vehículos en los últimos 12 meses. En ese mismo porcentaje se redujo también el hurto a entidades comerciales y financieras. El robo a residencias y a personas también mostró un descenso del 12 y 15 por ciento, respectivamente. La disminución en estos y otros delitos ha estado acompañada de un aumento sustancial en arrestos de delincuentes. En 2011, un total de 29.418 personas fueron detenidas por la Policía en flagrancia, es decir mientras cometían algún delito. El año pasado la cifra fue de 42.838 bandidos arrestados con las manos en la masa, un 46 por ciento más. El decomiso de drogas como cocaína, marihuana y bazuco llegó en 2012 a las 5,5 toneladas, un 49 por ciento más que el año anterior.

Todos estos indicadores convirtieron silenciosamente a Bogotá en los últimos 12 meses en un ejemplo que ha sido reconocido públicamente por el propio presidente Juan Manuel Santos. Los expertos en seguridad urbana coinciden en que mejoras de este tipo son producto de la conjunción de varias políticas, entre ellas, las correspondientes a las autoridades policiales. De hecho, un editorial de El Tiempo de la semana pasada reconoce ese hecho: “Está claro que en buena parte esa notoria mejoría se le debe al liderazgo del comandante de la Policía Metropolitana, general Luis Eduardo Martínez”.

La mención al general Martínez como el artífice de haber cambiado sustancialmente la situación desde el 14 de diciembre de 2011, cuando asumió como jefe de la Policía de Bogotá, no es gratuita. Ha sido, efectivamente, gracias a su trabajo que de lo poco que la ciudad tiene para mostrar sean sus resultados en seguridad.

Martínez es un curtido oficial que cuando tenía el grado de teniente coronel, en 2002, se desempeñó como jefe de la Sijín de la Metropolitana, por lo cual conoce muy bien la capital. Antes de ser nombrado comandante en Bogotá estuvo dos años como jefe de la Policía de Medellín durante la administración de Alonso Salazar. Allí forjó una alianza con la administración local que se tradujo en notorios resultados en el combate a las mafias. Ese paso por la capital antioqueña le permitió sumar una valiosa experiencia en la lucha contra el crimen organizado que ha aplicado en Bogotá para enfrentar los seis carteles de microtráfico de la zona del Bronx.

Obsesivo por el trabajo y extremadamente estricto con sus hombres al momento de exigirles resultados, gran parte del éxito de Martínez se debe a tres estrategias. La ampliación del programa de vigilancia por cuadrantes, que pasó de 769 a 1036 en un año y que espera aumentar a 1.100 en 2013. Otro aspecto clave fue el de crear las llamadas microgerencias, que esencialmente consisten en designar grupos especiales al mando de coroneles que monitorean en tiempo real la zonas y el tipo de delitos para focalizar esfuerzos y reaccionar rápidamente. Esto ha funcionado muy bien y explica el elevado número de capturas de delincuentes en flagrancia. Y una tercera pieza consistió en labores de inteligencia para ubicar y desvertebrar muchas organizaciones criminales de todo tipo.

Si bien el panorama es alentador para Bogotá en materia de seguridad gracias a la labor de Martínez, es claro que aún queda mucho camino que recorrer. Sin embargo, mantener y superar esos indicadores es un trabajo que no puede recaer solo en manos de la Policía. Debe contar con el compromiso de la Alcaldía de Petro para integrar las estrategias. Y allí es, irónicamente, en donde está el mayor desafío por ahora.

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