Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1988/05/02 00:00

SEMANA DE PASION

En los días santos, cayó el Procurador y la brigada de Medellín descubrió nuevas guaridas de la mafia

SEMANA DE PASION

El viacrucis de la Semana Santa no solamente se vivió en las iglesias. Esta vez en Venezuela y en Colombia, la sacrificada fue la justicia. Las caídas corrieron por cuenta de sus máximos exponentes y su crucifixión estuvo a cargo del narcotráfico. En Venezuela cayó el ministro de Justicia José Manzo González (ver recuadro) y en Colombia el procurador general de la nación, Alfredo Gutiérrez Márquez.
La caida del procurador Gutiérrez Márquez se produjo luego de que se conociera que la finca -contigua a la hacienda Napoles de Pablo Escobar- en donde aterrizó forzosamente el 1º de marzo el avión Turbo comander robado de las instalaciones militares de Catam, pertenecía a su hermano, Libardo Gutiérrez Márquez. El procurador, al enterarse de esta situación presentó inmediatamente su renuncia, que días después le fue aceptada por el presidente Barco.
Alfredo Gutiérrez Márquez, quien había sido encargado de la Procuraduría el pasado 25 de enero a raíz del asesinato de su antecesor, Carlos Mauro Hoyos, asumió el cargo prácticamente cantando su caída. A las tres semanas de haber tomado posesión, dio unas audaces y desabrocha das declaraciones en torno al narcotráfico que sorprendieron a la opinión pública. "Cuando no se puede derrotar al enemigo, hay que unirse a él", "Somos farisaicos. Con una mano combatimos el narcotráfico y con la otra, a través de la ventanilla siniestra, cambiamos los dólares que produce", y, "Mientras en Colombia la marihuana es ilegal, en los países del Medio Oriente se vende como si fuera chiclets", fueron algunas de las frases que hicieron pensar que sus días en la Procuraduría estaban contados.
Aunque algunos interpretaron las palabras del procurador como una forma de crear opinión y de hacer meritos para ser considerado en la terna de los candidatos para suceder a Carlos Mauro Hoyos, lo reciente de su asesinato, hacía pensar que lo que trataba de hacer Gutiérrez era acelerar su salida. A esto se sumaban las versiones en el sentido de que Gutiérrez Márquez mantenía una vieja amistad con el padre de los Ochoa y que su nombramiento lo habria colocado en una especie de emparedado entre la actitud del gobierno y los compromisos generados por una antigua amistad.
Pero, si su amistad con el papá de los Ochoa lo llevó a hablar "más de la cuenta" sin hacer que su cabeza rodara, los negocios y la amistad de su hermano con Escobar Gaviria, si lograron precipitar su caída. El asunto comenzó el 27 de febrero del año pasado, cuando el primo de Escobar, Gustavo Gaviria, y la esposa del jefe del Cartel compraron a Elkin Correa, mediante la escritua pública 464 de la Notaría Segunda de Envigado, la finca "Valledupar" por la suma de 25 millones de pesos. Un año después, el 23 de febrero de este año, Libardo Gutiérrez Márquez, hermano del procurador general, compró a los familiares de Escobar Gaviria, según consta en la escritura pública 652 de la Notaria Trece del Círculo de Medellín, parte de esa propiedad por la suma de 6 millones de pesos.
Las versiones que circulan en algunos sectores oficiales de Medellín indican que la operación no era para Escobar un negocio, o que por lo menos el negocio iba por otro lado. Según informationes obtenidas con los organismos de seguridad, la compraventa del terreno iba destinada a "limpiar" la propiedad con el fin de legalizar la pista, la cual había quedado sin licencia de funcionamiento desde 1983, cuando Elkin Correa no acreditó la propiedad del terreno. Otra de las versiones que manejan los investigadores del caso es la de que se trataba de gratificar y comprometer al procurador, ya que éste había demostrado ser "un bacán" como se conoce en los círculos del narcotráfico a la persona que no les jura la guerra.
Lo único que tiene claro todo el que conoce a Libardo Gutiérrez es que su trayectoria de viejo ganadero en el Bajo Cauca, no tiene mucho que ver con una finca en pleno Magdalena Medio, con pista clandestina y con aviones robados. Al parecer la amistad del hermano del procurador con el número uno del Cartel de Medellín se remonta a las viejas épocas de participación electoral de Escobar, cuando lo conoció, por intermedio de algunos políticos de la zona de Caucasia. Ahora, aprovechando esos antiguos nexos, Escobar habría enredado hábilmente a Gutiérrez Márquez para sus oscuros propósitos. Lo extraño de todo este episodio es el hecho de que el gobierno no le hubiera aceptado inmediatamente la renuncia al procurador y sólo lo hubiera hecho después de que los medios de comunicación hicieron pública la relación que existía entre Gutiérrez Márquez y la "narcorpista" .
Pero la caída del procurador no fue la única que ocurrió la semana pasada en el país. Las casas-fincas, las casas-cárceles y las casas-caletas del narcotráfico siguieron haciendo noticia en Medellín. La finca, "El bizcocho", cayó por segunda vez. En un nuevo operativo llevado a cabo en la finca de donde, al parecer escapó la semana antepasada Pablo Escobar, se encontraron nuevas armas, más uniformes militares y sofisticados equipos de comunicación. Otra de las propiedades allanadas en el sector de El Poblado, fue la finca conocida con el nombre de "Los Lagos". Allí fueron encontrados varios cuartos secretos y entradas mimetizadas que dan a la construcción toda la apariencia de un bunker. Inicialmente se dijo que la finca pertenecía a un señor llamado Gustavo Londoño White y que allí funcionaban las oficinas de Diego Londoño White. Aunque la familia Londoño White ha sido objeto de este tipo de asociaciones en el pasado, lo cierto es que ni existe un Gustavo Londoño White, ni allí se encuentran las oficinas de Diego Londoño.
Las operaciones militares dirigidas contra las propiedades de Pablo Escobar y demás miembros del Cartel de Medellín, iniciadas hace casi dos semanas, hacen parte de una nueva actitud, asumida en particular por el comandante de la IV Brigada, general Jaime Ruiz Barrera, quien según informaciones obtenidas por SEMANA, llegó a Medellín con el propósito de acabar con las bandas del narcotráfico. Según esta versión, el comandante de la IV Brigada, ha reconstruido todo el pasado de Escobar y ha hecho una lista completa de personas que han estado ligadas a él de una u otra manera. Tiene además un detallado informe de sus propiedades y se ha rodeado de los mejores informantes en materia de narcotráfico de esa ciudad. Se ha propuesto hacer seguimientos de todos y cada uno de los antiguos colaboradores y al parecer está a punto de atrapar al pez gordo.
En medio de estos allanamientos seguimientos e informaciones han empezado a aparecer las primeras quejas en el sentido de que hay un poco de cacería de brujas y que tal vez algunos justos pagarán por pecadores. Sin embargo, lo que si es un hecho, es que en alguna medida ese es el precio que se tiene que pagar, sobre todo en una ciudad en donde durante algún tiempo se asumió una actitud complaciente y tolerante frente al fenómeno del narcotráfico. Lo cierto es que en Medellín y en el país soplan nuevos vientos.

NI TAN MANSO
"Son calumnias de la oposición", fue la expresión usada por el ministro de Justicia de Venezuela cuando supo en primera instancia, de las acusaciones que cursaban en su contra en el Congreso de la República. Según éstas, Manzo González habría creado una fuerza personal secreta de policía, -llamada popularmente Manzopol- que, además de su manifiesta ilegalidad, tendría además vínculos directos con la mafia del narcotráfico.
Lo cierto es que, a pesar de su reticencia, el aguerrido político de 64 años tuvo que renunciar a su cargo, a pesar de que el presidente Jaime Lusinchi le había brindado su total respaldo. El desenlace se produjo luego que un detective de la Policía dijo haber descubierto las vinculaciones de la extraña organización de Manzo con los capos de la cocaína de Venezuela y tras el hallazgo, por parte de los congresistas acusadores, de un cheque personal del ex ministro del interior, José Angel Ciliberto, él también un personaje controvertido, girado a favor de Manzo por 3 millones de bolívares. La explicación de Ciliberto fue que se trataba de un dinero para pagar servicios de protección contra los narcotraficantes "durante Navidad, carnaval y Semana Santa".
La decisión de Manzo, quien como parlamentario goza de inmunidad judicial, no tiene antecedentes en Venezuela, pues es la primera vez que un ministro de Estado resigna su posición antes de que se desenrede el ovillo de las acusaciones. El episodio se enmarca dentro de una campaña presidencial especialmente virulenta donde las acusaciones de vinculaciones con el narcotráfico son pan de cada día entre los candidatos. No es para menos, pues las extensas fronteras que unen a Venezuela con Colombia, han hecho del vecino país un campo abonado para esa actividad ilegal, al punto de que se han enviado por conducto de Venezuela, según las autoridades norteamericanas, al menos 20 toneladas de cocaína en los últimos cinco años. Se recuerda especialmente la reciente acusación que debió enfrentar Carlos Andrés Pérez, según la cual tendría estrechos vínculos con el clan Ochoa de Medellín.
Las investigaciones correspondientes, o no se han realizado, o sus resultados no han trascendido. En todo caso, lo que sí es evidente es que, si por aquí llueve, por allá no escampa.

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