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| 2/28/2013 12:00:00 AM

Semillas de paz

En Cali se inauguró un moderno centro cultural en una de las zonas más deprimidas y violentas de la ciudad.

Potrero Grande es uno de esos barrios de Cali donde estudiar no es una opción, sino un lujo. En esa comunidad no se vive, se subsiste; la pobreza no es una estadística sino una cruda realidad que se cruza con frecuencia con otro indicador aún más penoso: la violencia.

Ese barrio hace parte de la comuna 21, donde viven 24.000 familias, en su mayoría afrodescendientes desplazados por la violencia de regiones como Nariño y Cauca. Sólo en esa comuna del oriente caleño, cada año asesinan a más de un centenar de personas por motivos que van desde venganzas hasta riñas entre pandillas y atracos. Entre el 2010 y el 2011 Potrero Grande figuró entre los 20 barrios más violentos de Cali.

En el corazón de ese territorio marcado por fronteras invisibles y guerras entre pandillas, acaba de abrir sus puertas un moderno centro cultural y tecnológico llamado 'Somos Pacífico'. Esa mole de ladrillo y acero desde ya es considerada la 'máquina de sueños', donde ingresarán niños o jóvenes sin oportunidades, cooptados por la violencia, para que salgan convertidos en artistas o emprendedores.

El proyecto costó 8.000 millones de pesos y se logró gracias a una colecta de esfuerzos públicos y privados. La estrategia fue coordinada por las fundaciones Paz y Bien, Alvaralice y Comfandi, las cuales tocaron las puertas de al menos 55 empresas de la región y el país. Gracias a esa estrategia sólo el 60 por ciento de la obra se hizo con dineros del gobierno nacional, Ecopetrol y la Alcaldía de Cali; el 35 por ciento con capital privado y el 5 por ciento fue cooperación internacional.

La idea, que parecía una utopía, nació hace cinco años de la mano de la religiosa franciscana Alba Stella Barreto, directora de la fundación Paz y Bien, muy respetada en el mítico Distrito de Aguablanca, uno de los sectores más deprimidos de Cali. Su trabajo social es una batalla a mano limpia contra las pandillas. Ella sabe que para rescatar a esos jóvenes el mejor camino es la educación, “la madre de todos los vicios es el tiempo libre”, sentenció.

Con ese ideal acudió donde Armando Garrido, el director de Comfandi, para pedirle dos lotes donde pudiera construir el par de casas para atender a sus muchachos de Potrero Grande. Allí le dieron un terreno de 2.700 metros cuadrados. Con el predio en el bolsillo y la ayuda de la fundación Alvaralice, las dos casitas terminaron convertidas en un lujoso centro cultural y tecnológico dotado de modernos equipos de cómputo, una completa sala digital, auditorios y aire acondicionado en todos los salones.

Aunque apenas fue inaugurado el pasado lunes 25 de febrero por el presidente Juan Manuel Santos, ya tiene 600 alumnos entre niños, jóvenes y adultos, que reciben clases de música, inglés, danza, diseño gráfico, sonido digital y robótica. “Estamos convencidos de que el niño que coge un instrumento, nunca portará un arma”, expresó Óscar Rojas, director de Alvaralice.

Pero el asunto no se quedará sólo en capacitación cultural. El Tecnocentro, como se le conoce a ese 'laboratorio', también contempla programas para garantizar su vinculación al mundo laboral. "Tenemos tecnologías en Gestión Cultural y Ambiental, Gastronomía con énfasis en cocina tradicional del Pacífico, Informática y Comunicación Organizacional”, agregó el señor Rojas tras revelar que el modelo aplicado en todo el proyecto es una mezcla de las Ciudadelas Educativas de Enrique Peñalosa en Bogotá y las Bibliotecas públicas que Sergio Fajardo construyó en Medellín.

Nelly Núñez, consejera de familia que trabaja en el lugar, resume el impacto del Centro Cultural con una anécdota reciente: Uno de los niños que ya reciben clases de música sinfónica con la fundación Batuta “apareció con un violín que le compró su papá; algo sorprendente porque muchas veces en esos hogares ni siquiera hay comida”.
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