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| 6/7/2008 12:00:00 AM

Señales de reelección

El presidente Álvaro Uribe no se decide públicamente sobre si buscará un tercer mandato. Pero cada vez hay más síntomas que apuntan hacia allá.

En su discurso del pasado martes ante sus seguidores, la derrotada precandidata demócrata Hillary Clinton se preguntó: ¿Qué es lo que quiere Hillary? Ese era el interrogante más candente de la política norteamericana en los últimas semanas: ¿quiere ser candidata a la vicepresidencia, quiere ser líder del Senado, magistrada de la Corte Suprema? Hillary contestó: "quiero acabar con la guerra en Irak, darle un vuelco a la economía y garantizar una cobertura universal de salud para los norteamericanos".

El miércoles, a 4.000 kilómetros de Nueva York, Darío Arizmendi, director de 6 AM a 10AM de Caracol, quiso también que se resolviera el interrogante más candente de la política colombiana: ¿El presidente Álvaro Uribe buscará su segunda reelección? Le hizo la pregunta al único que tiene la respuesta -el mismísimo primer mandatario- y éste le respondió a lo Hillary: "La gran preocupación mía se llama la reelección de unos fundamentos, no de personas. Soy de la idea de que al país le conviene más tener muchos líderes que perpetuar al Presidente de la República, pero no puedo ocultar la preocupación por la necesidad de que esta patria nuestra pueda mantener en el tiempo la política de seguridad democrática y de confianza inversionista". Recordando al hoy gobernador Horacio Serpa, "ni chicha, ni limoná".

Ante tanta ambigüedad SEMANA analiza seis síntomas que indicarían que Uribe y el gobierno estarían contagiados con la fiebre de la reelección y una que, curiosamente, explicaría lo contrario.

1Silencio elocuente

Desde cuando el tema de la segunda reelección volvió a sacar la cabeza el año pasado, el Presidente ha tenido múltiples oportunidades para ponerle fin a la especulación. Con un no contundente, sin peros ni otros condicionales, la discusión se habría frenado en seco. Incluso hay ejemplos históricos de mandatarios que por razones de Estado declinaron esa opción. En marzo de 1968, el presidente estadounidense Lyndon Johnson dijo inequívocamente que no aceptaría por ningún motivo la candidatura de su partido, la cual estaba garantizada, porque pensaba que la campaña electoral afectaría su capacidad para afrontar la guerra en Vietnam. En otras palabras, se puede dejar claro a Raimundo y todo el mundo que no es no. Más aun en el caso colombiano, donde la segunda reelección está expresamente prohibida en la Carta. Que Uribe haya optado por la vaguedad es el mayor indicio de que, por lo menos, no lo ha descartado.

2La recolección de firmas

Cuando Luis Guillermo Giraldo lanzó la iniciativa de recoger firmas para la convocatoria de un referendo para reformar otro 'articulito' en octubre de 2007, la respuesta del gobierno fue que no comprometía a la administración Uribe y que mal podían coartar esa espontánea propuesta ciudadana. Giraldo de ciudadano común y corriente tiene poco: en ese momento era secretario general del partido de La U y había sido embajador en Naciones Unidas de Uribe. Y cuando ya en este año la mayoría de la bancada parlamentaria de La U anunció su apoyo total e irrestricto a la segunda reelección, tampoco hubo desautorización de Palacio. El hecho de que Uribe no haya desanimando la recolección de firmas que lidera Giraldo es otro síntoma de que quiere tener esa opción abierta.

3Angustia por la comisión primera

En el Congreso, las comisiones primeras tanto de Senado como de la Cámara son consideradas como las más prestigiosas de todos los comités legislativos. Casi siempre es integrada por políticos que quieren mojar pantalla -los mediáticos- y los que tienen aspiraciones de un día despachar desde la Casa de Nariño. Aunque tiene una plétora de funciones, en realidad se dedica principalmente a las reforma constitucionales, que tanto le gustan a los parlamentarios y gobiernos colombianos. Hay comisiones más importantes para el trajín diario de gobernar como la tercera, que aprueba los impuestos; o la cuarta, el presupuesto; o la séptima, que se ocupa de la salud y la seguridad social. Pero llamativamente, el gobierno anda tan angustiado con garantizar las mayorías en la primera que hasta quiere mover otros congresistas uribistas a ella. Una posible explicación: el proyecto de referendo debe ser aprobado por esta célula legislativa donde el uribismo tiene una frágil mayoría.

4La reforma política

En un momento de ebullición de la para-política, el gobierno anunció una gran reforma política para cambiar las costumbres. Logró que se aprobara en la primera vuelta de cuatro debates en el Congreso y parecía asegurada su puesta en práctica este mes de junio. Pero apareció el concepto de la 'silla vacía', la figura propuesta para castigar a los partidos por la alianza de algunos de sus miembros con paramilitares, y desapareció el entusiasmo inicial. Al hacer cuentas de milimetría política, el gobierno reconoció que, de aprobarse el proyecto, perdería las mayorías en el Congreso y en la comisión primera. En la madrugada del viernes pasado, la Presidencia dijo que la reforma estaba motivada por "mezquinos intereses políticos" y dictó su defunción. Y de paso, garantizó que la coalición uribista siga mandando en ese comité legislativo.

5Plata a la lata

El programa Familias en Acción, que fue creado por el gobierno de Andrés Pastrana, se convirtió en el punto de lanza de la política social del gobierno de Uribe. En el programa se otorgan subsidios a familias de bajos de recursos con el fin de facilitar el estudio de los niños. Aunque, en general ha sido elogiado por su impacto sobre los más necesitados, llamó la atención el anuncio en abril de la contratación de un préstamo por 306 millones de dólares para duplicar el número de beneficiados este año. Ese mismo mes, el gobierno autorizó un aumento de salarios para 1.000 alcaldes de municipios medianos y pequeños. Tanta largueza en esta coyuntura ha generado obvias suspicacias.

6El sucesor

Nunca es fácil para un presidente tan popular pensar en su sucesor. Y más cuando esa admiración de algunos de sus seguidores raya con la devoción, como ocurre con Álvaro Uribe. Como suele ocurrir, hay una brecha entre el reconocimiento de la gestión del Presidente y la del gobierno, que se refleja en las encuestas. Mientras Uribe oscila en el 80 por ciento, sus ministros andan en el 50. Aunque los números del mandatario son excepcionales, no es el único jefe de Estado en el mundo adorado por sus fieles. George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, no quiso buscar una segunda reelección, se permitía en ese entonces, porque creía firmemente en la democracia y temía que, de seguir en el poder, los ciudadanos de ese nuevo país habrían reemplazado a un rey por otro. En estos seis años del reino Uribe no ha surgido una figura que compita con el mandatario. Con contadas excepciones, sus ministros -donde normalmente surgen los herederos- han sido de bajo perfil. No es una casualidad: así lo ha querido Uribe. Es como un círculo vicioso: al no preparar un sucesor (o sucesores), hoy se queja de que no hay con quién.

1El argumento del No a la reelección

Hay otros especialistas que no comparten este diagnóstico. Alegan que la ambivalencia de Uribe sobre la reelección es estratégica; que no aclara sus intenciones para no perder gobernabilidad. Que de hacerlo hoy, explotaría en mil pedazos la coalición de gobierno y se convertiría en un Presidente sin poder e influencia en sus últimos dos años. Según conoció SEMANA, este dictamen fatalista tiene sus adeptos en la Casa de Nariño. Sobre el papel, parece lógico, pero esa visión choca con la historia colombiana anterior a Uribe, donde los mandatarios gobernaban por cuatro años. Los presidentes lograban construir alianzas sin la necesidad de estar en campaña reeleccionista.

Los médicos dicen que no hay nada más peligroso que una fiebre alta no tratada. Que hay que ponerle atención no sea que supere los 40 grados y genere daños irreversibles. En la historia, hay numerables ejemplos positivos de gobernantes que fueron reelegidos una vez y lograron completar su obra. Lo contrario ocurre con los que se atornillan para un tercer período. O salen por la puerta de atrás (Margaret Thatcher), o peor, como los casos de Alberto Fujimori y Carlos Menem. Tal vez por eso Uribe dijo en noviembre de 2007: "No es conveniente que un presidente se perpetúe en el poder".
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