Martes, 24 de enero de 2017

| 2009/02/05 00:00

“Sentí muchas veces que los esfuerzos no valían”

Patricia Nieto, esposa del diputado Sigifredo López que retornara a la libertad después de siete años secuestrado, habló sobre estos duros años y la tan anhelada liberación.

Patricia Nieto, esposa de Sigifredo López, lleva siete años esperando a su esposo. Foto: Luis Ángel Murcia-SEMANA

El 21 de diciembre de 2008, las Farc anunciaron la liberación unilateral de seis secuestrados: dos policías y un militar no identificados, el ex gobernador Alan Jara y el diputado Sigifredo López. Hoy, más de un mes después del anuncio, el proceso llega a su última fase a pesar de los tropiezos. Solo falta López.

Patricia Nieto, esposa del diputado, escuchó ese día de diciembre la noticia de la posible liberación con tanta incredulidad como cuando supo siete años atrás que a su esposo lo habían secuestrado. El sentimiento era distinto, no obstante, esta vez era de alivio y no de angustia. Dos días en la vida que siempre habrá de recordar.

López fue uno de los 12 diputados secuestrados por las Farc el 11 de abril de 2002. Tenía 38 años. Él es el único del grupo aún con vida después de que sus “hermanos”, como él mismo los llama, fueran asesinados en cautiverio en un confuso hecho.

¿Cómo recibió la noticia de que sería liberado?
Para nosotros desde el día que las Farc hizo el comunicado nos cambió la vida. Hoy podemos decir que es una realidad, que vamos a tener de nuevo a Sigifredo con nosotros.

¿Cómo ha sido vivir sin su esposo todos estos años?
No ha pasado un día sin que esté pendiente de cualquier comunicado de tanto del gobierno como de las Farc para ver en qué momento se da el acuerdo. Y aunque hoy se tiene ese pronunciamiento y creemos que va a salir libre, siempre estamos pendientes de lo que pueda pasar. Así ha sido todo, un constante esperar.

¿Se sintió impotente durante el proceso?
Sí. Siempre he estado a la espera de lo que dicen de un lado o de otro, y sentí muchas veces que los esfuerzos no valían. Lo único que podemos hacer son las campañas, lo que los medios dan la oportunidad. Para que nuestros seres queridos sean escuchados y no queden en el olvido.

¿Qué le ha dado fortaleza?
La fortaleza la da la fe. Sino tenemos fe se nos derrumba la vida. Para nosotros como familia eso es lo más importante, creer en Dios; creer en esa posibilidad de amar, de hacer que un ser supremo nos bendiga ha hecho que día a día podamos sentir y abrazarlo a través de la distancia. Gracias a Dios hoy la vida nos da oportunidad de pensar que va a llegar de nuevo.

Él también nos ha mostrado su fe, cuando lleva en su pecho la camándula, cuando nos manda sus bendiciones y hace oraciones. La fe es la única posibilidad de afrontar esto.

Volvamos al día del secuestro, ¿cómo recibió la noticia?
Fue horrible. Yo estaba en el odontólogo, en un procedimiento de esos largos, y no podía contestar el celular. Cuando me di cuenta ya habían pasado dos horas... vi el celular y un montón de llamadas perdidas. Llamé y supe que a Sigifredo lo habían secuestrado. Sentí el mundo gigante, me sentí pequeñita sin saber qué hacer, para dónde coger...

Decidí ir a casa, a encontrarme con su madre. No hicimos otra cosa que abrazarnos y ver la realidad, como era. No había más que hacer sino esperar que los niños llegaran del colegio, no quise que les dijeran nada sino hasta que llegaran. Fue mi padre el que les contó. Ellos tenían en ese entonces 11 y 13 años.

¿Cómo se imagina el reencuentro?
Yo creo que todos estamos en esa espera de verlo, de saber que es una realidad tenerlo, de poder compartir, abrazarlo, aprovechar la oportunidad de tenerlo de vuelta. Tener esa oportunidad es una muestra de lo que Dios ha hecho por nosotros. Por eso hay que seguir en la misma misión para trabajar por los que faltan.

¿Cómo crecieron sus hijos sin la presencia de su padre?
Han crecido con esa ilusión de verlo todos los días. No lo han podido tener en su etapa de adolescente cuando más lo necesitaban. Antes compartían mucho los tres. Iban a cine a fútbol, a cabalgatas, a ver carros. Ahora la complicidad con su papá se ha roto.

Pero Sigifredo hizo un papel muy importante aprovechando las pruebas de vida. Siempre estuvo presente algún consejo como padre: llamándole la atención, hablándoles de la responsabilidad del estudio, de las novias, incluso en la responsabilidad en el sexo y cuándo hay que decir no. Hoy se que Sigifredo va a estar muy orgulloso de sus hijos. Sí, han sufrido mucho, pero son nuestro apoyo, nuestros gestores de vivencia.

¿Ellos tienen planeado algo para cuando lo reciban?
Sí. Tienen previsto un tour por la ciudad, por turnos, ya hablaron de cuál va a manejar un día o el otro para mostrarle al papá todo lo que ha cambiado en Cali. Para ubicarlo y mostrarle todo lo que no ha visto. Quieren contarle anécdotas, abrazarlo, hacerle cosquillas como siempre lo hacían.

¿Cómo imagina su relación de pareja tras casi siete años de secuestro?
Lo que más afecta el secuestro es la relación de pareja. Lo hemos visto ya con otros matrimonios. En ese sentido hay que esperar que llegue y dejar que sea el tiempo quien nos ayude a ver qué podemos construir como pareja, qué hay que volver a hacer, volver a vivir todas estas circunstancias que hemos dejado de vivir juntos.

Hay que tener mucha calma y ser realista. En tantos años separados uno crece, cambia. A mí me ha tocado ser mamá y papá, me he equivocado y he acertado. Y no he podido saber a él que le parezca o no de las decisiones que he tomado. No podría confirmar qué va a pasar, necesito confirmar qué quiere él de la vida. Hay que fortalecerse, esperar y siempre seguir avanzando.

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