Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/01/15 00:00

Ser viviente

Fue exaltado el sueño de un sacerdote indígena que beneficia a 78.000 personas en el norte del Cauca

Ser viviente

El Premio Nacional de Paz de este año reconoció el trabajo de una comunidad que supo honrar con su dedicación y persistencia el sueño de un hombre: el padre Alvaro Ulcué Chocué. Se trata del Proyecto Nasa, un término que en su lengua natal significa “ser viviente”, creado en 1980 por este sacerdote paez e inspirado en el Evangelio.

La idea del entonces párroco de Toribío era diseñar y poner en práctica un modelo de desarrollo integral para su municipio en el norte del Cauca, una región devastada por décadas de pobreza y lucha por la tierra entre los terratenientes y los indígenas. Ulcué predicó en paez la necesidad de un cambio, de una opción diferente a la violencia. Su pacífico mensaje no fue bien recibido. Su hermana fue asesinada, sus padres fueron heridos y él mismo sobrevivió a dos atentados. El 10 de noviembre de 1984 sicarios motorizados lo mataron, sin embargo la semilla que el sacerdote había plantado encontró terreno fértil para su desarrollo y desde Toribío el proyecto se extendió a otras zonas del norte del departamento.

Identidad y solidaridad

Explicar en palabras qué es el Proyecto Nasa y su cosmovisión no es fácil. Su objetivo continúa siendo “la formación de una comunidad nueva, consciente, unida y organizada, educada y capacitada, sana, alegre, sin vicios y sin problemas, sin politiquería, tecnificada y cimentada en los valores ancestrales”. Lo importante es que este emotivo discurso no se ha quedado en el aire.

Después de 20 años el Proyecto Nasa tiene resultados y logros concretos que benefician a 78.000 personas en 13 resguardos pertenecientes a siete municipios de la región. “Lo más avanzado puede verse en Toribío y Jambaló”, dice Ezequiel Vitona, alcalde saliente del primero de estos dos municipios y quien se considera un hijo directo del trabajo que empezó el padre Ulcué. Una de las conquistas más importantes de Nasa, puesto que representaba el eje de su conflicto con los terratenientes, ha sido la recuperación de 140.000 hectáreas de tierra.

Una vez asegurado su territorio se dedicaron a la organización y preparación de la comunidad, con el propósito de que todos sus integrantes participaran en su conducción y todas las decisiones se tomaran en procura del bienestar común. Este proceso podría ser definido con un término que está en boga: empoderamiento.

Gracias a Nasa hoy los 13 resguardos de la región tienen escuelas bilingües, un grupo de 600 adultos estudia antropología social, economía o etnoeducación y también reciben capacitación como líderes comunitarios. Además los guías indígenas fueron distinguidos por la Unesco con el título de Maestros de Sabiduría. Esta organización fue más allá e impulsó la creación de la Cátedra Unesco de Procesos Comunitarios para que la experiencia de los indígenas paeces pudiera ser sistematizada y replicada en otros lugares. Esta sumatoria de hechos fue la que llevó al filósofo e historiador argentino Enrique Dussel a calificar a Nasa como “el primer caso de liberación exitoso, después de los años 60, hecho por los pobres y desde los pobres en América Latina”.

Política y progreso

El empoderamiento progresivo de la comunidad se reflejó en la organización política. Los indígenas formaron un movimiento cívico que con sus tres últimos candidatos, elegidos en asambleas públicas, ha conquistado la alcaldía de Toribío. Hoy este municipio está a punto de quedar con sus finanzas saneadas y el Departamento Nacional de Planeación y Fonade escogieron su plan de desarrollo como el mejor del período 1998-2000. “Aquí la gente es muy unida, no se hace politiquería, se invierte la plata en lo que se necesita”, dice el alcalde Vitona.

Después de todo lo que han hecho tienen en la mira la proyección de la comunidad por medio de programas económicos solidarios. Vitona dice que “como no hay, nos toca inventar trabajo. Por aquí la gente no quiere ser peón sino dueño. Queremos ir más despacio aunque nos demoremos un poquito”. Esto significa que se van a tomar el tiempo que sea necesario para consolidar microempresas de procesamiento de frutas y estanques para producción de truchas y desarrollar una industria de explotación del mármol. No tienen afán, ya empiezan a ver los frutos de lo sembrado y a hacer realidad el sueño del sacerdote Ulcué, quien sabía que el Paraíso empieza aquí en la Tierra.

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