Lunes, 23 de enero de 2017

| 1997/06/30 00:00

SERPA

Qué implicaciones puede tener que el ex ministro del Interior llegue al poder.

SERPA

Serpa finalmente se lanzó. En todos los sondeos de opinión aparece en segundo lugar en las preferencias de los votantes después de Alfonso Valdivieso. El ex ministro del Interior cuenta con una maquinaria formidable y un gran carisma a nivel popular. El consenso político es que ganará la primera vuelta pero no hay consenso sobre la segunda. De lo que sí no hay duda es de que Horacio Serpa tiene bastantes posibilidades de llegar a la Presidencia de la República en 1998.
En la medida en que la candidatura del ex ministro se vuelve viable resulta más importante saber cuáles serían las implicaciones de su llegada al poder. Una candidatura o un gobierno de él tendrían una meta principal y dos obstáculos. La meta sería un intento de llegar finalmente a un acuerdo negociado con la guerrilla. Los obstáculos son que al elegir a Serpa el país estaría comprando dos pleitos. Uno con Estados Unidos y otro con la clase empresarial colombiana.
En cuanto a la negociación con la guerrilla Serpa es tal vez el colombiano que tiene mejores credenciales para embarcarse en esa causa. Serpa no es experto en economía y ha demostrado que no sabe de relaciones internacionales, pero sabe más que casi todo el mundo del problema de orden público en Colombia. Su vida ha estado entrelazada con la historia de la violencia. Nació en Barrancabermeja, que es el epicentro de los conflictos sociales del país. Después de 30 años de vida pública y de ejercer todos los cargos posibles en las tres ramas del poder, tiene en su cabeza el ajedrez del conflicto armado en Colombia. Conoce al detalle la correlación de fuerzas de cada bando en cada región. Sabe qué quieren los guerrilleros, para dónde van los paramilitares y porqué falla el Ejército. Y lo que es más importante, conoce los intereses y las motivaciones detrás de las posiciones de cada uno de los jugadores principales.
Además de esto ha conocido personalmente a todos los protagonistas del conflicto a través del contacto que ha tenido con ellos en todos los intentos pasados de negociación. Con el estamento militar no tiene las mejores relaciones. Sin embargo todo comandante que haya pasado por Barranca es su amigo y ha perdido las prevenciones. Por lo general los militares le critican su excesivo entusiasmo por el tema de los derechos humanos y su cercanía con la izquierda.
Con los paramilitares ha tenido contactos directos durante este gobierno, incluyendo una reunión con Carlos Castaño para tratar de sentarlo en la mesa de negociación. Pero es con la guerrilla con la que mayor ascendiente tiene. Con las Farc existe una relación de mutuo respeto con Alfonso Cano, uno de los más influyentes miembros del secretariado, quien se perfila como el más seguro interlocutor de este movimiento en un eventual proceso de paz. Se conocieron en 1984 en una gestión para liberar al hermano de Víctor Mosquera Chaux, quien en ese entonces estaba secuestrado. Desde ese momento se ha cruzado con él en todos los diálogos de paz de los sucesivos gobiernos, incluyendo los últimas de Caracas y Tlaxcala. En el ELN tiene una relación parecida con Antonio García, miembro del comité central, quien en un futuro podría jugar en un proceso de paz un papel equivalente al que jugaría Alfonso Cano en las Farc. Por todo lo anterior Horacio Serpa es el interlocutor más respetado por la guerrilla en cualquier negociación. Por razones políticas ninguna de las dos partes tiene interés en hacer público este mutuo respeto, pero ahí está.

Ante la guerrilla
Hay dos interrogantes en todo esto. El primero es cómo se logra que una guerrilla triunfalista y militarmente fortalecida vaya a la mesa de negociación con intenciones serias de llegar a un acuerdo. Y el segundo es cuánto cuesta la negociación y qué es lo que hay que entregar. La posición de Serpa frente al primer punto es que en la actualidad es evidente que ni la guerrilla se podrá tomar el poder ni el Ejército acabar con la guerrilla. Según él, a pesar de triunfalismos transitorios de uno u otro bando, esta realidad saldrá a flote eventualmente y desembocará en una mesa de negociación. El reconoce que para que estas condiciones se den se requiere mano dura y triunfos militares. Una vez que se llegue a la mesa de negociación hay que comenzar por reconocer que la guerrilla es un poder en Colombia y que negociar consiste en convenir acuerdos y aceptar realidades.
Serpa considera que en el pasado esos procesos han fracasado porque ninguna de las partes ha tenido voluntad real de negociar. Los gobiernos están dispuestos a ofrecer amnistías para que los subversivos dejen las armas y hagan un tránsito sin procesos judiciales a la sociedad civil. Este es un ofrecimiento irrisorio para la guerrilla ante el poder político que ésta tiene en la actualidad. La guerrilla, por su parte, cada vez que comienza a conversar pretende lograr en la mesa de negociación lo que no pudo en el campo de batalla. Comienza por exigir que le otorguen medio país, una mayoría en el Congreso y un ejército propio. Serpa considera que en medio de estas posiciones extremas tiene que haber un punto medio aceptable.
Algunos puntos son más fáciles de negociar que otros. La guerrilla siempre ha insistido en la necesidad de evitar la violencia contra los guerrilleros incorporados, con lo cual todo el mundo está de acuerdo en teoría pero no es fácil de hacer cumplir en la práctica. De ahí en adelante todo se vuelve más difícíl. La guerrilla pretende el reconocimiento de una autonomía en las zonas sobre las cuales tiene una gran influencia. En otras palabras, aspira a que le den legalmente lo que se tomó de facto. Antes este punto era considerado no discutible, pero ahora, aunque todo el mundo se opone al concepto de repúblicas independientes, hay quienes aceptan que la guerrilla pueda tener por una vía legítima algún tipo de representación en las regiones donde ya tiene poder militar. Aunque Serpa no quiere comprometerse de antemano en este punto, quienes lo conocen dan por descontado que ese es uno de los aspectos en el que considera que puede haber una negociación.
Otro punto espinoso es que la guerrilla ve como necesario que exista una nueva filosofía en el tema de la seguridad del país, que arrancaría en una depuración e iría hasta una reducción significativa del pie de fuerza de los cuerpos militares. El problema es que una depuración pedida por la guerrilla no es aceptable para los militares. Por otro lado, una reducción del pie de fuerza solo sería viable cuando la paz se haya consolidado. Serpa no revela detalles sobre sus intenciones pero pasa mucho tiempo estudiando el problema sobre cómo se podría plantear un esquema de seguridad aceptable a las dos partes.
Otros dos puntos clave son exigencias que se han vuelto una obsesión de cada uno de los grupos guerrilleros. Para las Farc se trata de la necesidad de una reforma agraria. Este siempre ha sido un tema muy espinoso para la clase terrateniente, la cual lo considera en cierta forma obsoleto. La reforma agraria era el tema de moda en los años 60, pero ninguna ha funcionado pues la tecnificación del agro ha hecho que lo importante sea el capital y no la tierra. Obviamente, 'Tirofijo' no comparte estos planteamientos, y si Serpa llega a la Presidencia y logra comenzar a negociar con la guerrilla la reforma agraria volvería a estar a la cabeza de la agenda nacional.
Otro tema delicado, especialmente para el ELN, es la explotación de los recursos naturales. Esta discusión no solamente afecta una de las fuentes de ingreso más importantes del país, como es el petróleo, sino también la relación con varios gobiernos extranjeros cuyas compañías explotan los recursos en Colombia.
Todos estos temas están en la mente de Horacio Serpa como la agenda que tendría si llega al poder. Los ha estudiado. Los conoce al derecho y al revés y considera que por su hoja de vida es el colombiano más capacitado para esta negociación. El problema que tiene esta posición es que -para muchos colombianos- las personas obsesionadas con la búsqueda de la paz negociada terminan convertidos en lo que la línea dura llama 'Belisarios'. Cuando el ex presidente conservador inauguró su proceso de paz con 'Tirofijo' había 27 frentes de las Farc. Hoy hay cerca de 100. La guerrilla cada vez que negocia acaba tomándose más pedazos del territorio nacional. Cada vez que una negociación fracasa el nuevo equilibrio de fuerzas queda inclinado en favor de la guerrilla. Por lo tanto, en este frente una presidencia de Serpa tiene tanto de esperanzas como de riesgos.
En esta búsqueda por la paz Serpa se tropezaría con dos obstáculos importantes. Tendría que cargar con dos pleitos personales que ya tiene casados: uno con Estados Unidos y otro con la clase empresarial colombiana. El gobierno estadounidense tiene una pelea de fondo con la administración Samper, y particularmente con Horacio Serpa como punta de lanza del enfrentamiento de Samper con el gobierno de Bill Clinton. Además lo consideran un individuo vinculado a un proceso penal vigente por encubrir la financiación de la campaña del actual Presidente. A pesar de esta investigación la mayoría de los colombianos percibe a Serpa como un hombre honesto, quien se metió en este lío por lealtad con el primer mandatario. Sin embargo la percepción de Estados Unidos, con o sin razón, tiene consecuencias directas para 36 millones de colombianos. Serpa ha sido un enemigo de Estados Unidos por cuenta del proceso 8.000 y ese país -que es el socio comercial más grande de Colombia- no ayuda a sus enemigos. Serpa es consciente de esta situación y sabe que Colombia no puede tener otro presidente sin visa ni cuatro años más de descertificación. Pero este acto de realismo no quiere decir que el tema esté solucionado.

Propuesta radical
Por eso, desde ya, el candidato está preparando una propuesta de gobierno con la cual piensa llegar directo al corazón del Tío Sam. Será radical contra el narcotráfico con todo y extradición si toca. Además tendrá una política dura en el tema de los derechos humanos, en el cual tiene mucha credibilidad. Piensa, por otro lado, llevar a cabo una meticulosa labor de lobby frente al gobierno norteamericano para que lo conozcan como él cree que es y no como lo presentan sus enemigos.
El segundo obstáculo que tendría el candidato de Barranca es que buena parte de la clase empresarial colombiana piensa de él lo mismo que Estados Unidos. Desde antes tenían reservas por su paso por la izquierda y su afinidad con los sindicatos, lo cual le creó la imagen de proguerrilla. A esto se suma ahora el manto de duda que ha surgido con el proceso 8.000. No obstante, la investigación de Serpa no puede durar para siempre y en poco tiempo se definirá esa situación para bien o para mal. Una absolución jurídica no necesariamente cambia las percepciones de un hombre de negocios. Y las decisiones en el mundo de los negocios se basan tanto en percepciones como en realidades. De todos los candidatos Serpa es, al lado de Mockus, el que menos confianza le inspira al sector privado. En las decisiones económicas el crecimiento va de la mano de la confianza de la clase dirigente.
Ese problema también lo tiene claro Serpa. Y piensa concentrar sus energías en tratar de neutralizarlo. Desde ya se puede anticipar que va a ser el más ortodoxo de los candidatos en materia económica. Los nombres que irá soltando como posibles asesores suyos en materia económica y futuros ministros de Hacienda, Desarrollo y Comercio Exterior serán seguramente de total aceptación en el mundo de los negocios. Habrá que ver cuánto se impresionan los empresarios de Colombia con un izquierdista converso. La historia demuestra que cuando un candidato va marcando primero en las encuestas los ricos son fáciles de convencer. Antes de ser ministro de Desarrollo de Gaviria, Samper era asociado con el contrabando y los san andresitos. Un año de Ministerio de Desarrollo, ejerciendo no como enemigo de ellos sino de la apertura de Rudolf Hommes, bastó para convencerlos de que no era la oveja negra. Serpa como candidato va a tratar de hacer lo mismo aunque, a diferencia de Samper, no tendrá como arma sus actos de gobierno sino sus palabras solamente.
Todo esto permite llegar a la conclusión de que Serpa, por el posicionamiento que tiene, es el más predecible de todos los candidatos. En resumen, su gobierno sería uno en el cual el Presidente de la República estaría dedicado personalmente al manejo de una negociación de paz. Los asuntos económicos serían delegados en nombres que traten de restablecer la confianza del sector privado. En política exterior se puede anticipar que luna de miel con Estados Unidos no habrá. Continuarían la presión y las exigencias que se han visto en los últimos tres años.

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