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| 5/5/2012 12:00:00 AM

Sexi-escándalo: los secretos del servicio

Dania, el eslabón perdido del escándalo de los agentes gringos, sorprendió a los colombianos con sus palabras. Encantó a medio país y escandalizó al resto.

Y apareció Dania. Tres semanas después del sexi-escándalo que puso en jaque a los agentes de la élite del Servicio Secreto de Estados Unidos que vinieron a Cartagena a cuidar al presidente Barack Obama, la protagonista de los hechos dio el pasado viernes una entrevista exclusiva a la W Radio.

Aunque Dania Londoño Suárez no hizo más que confirmar lo que se había revelado en todos los medios (que pidió 800 dólares, que le pagó 50.000 pesos, que hubo pelea, etcétera), el solo hecho de que pusiera la cara y la desfachatez de su personalidad convirtieron la entrevista en un show internacional y en el tema obligado de conversación durante todo el día.

Los detalles que contó permiten entender otras dimensiones de este escándalo. "En un bar cualquiera de Cartagena estábamos cuatro amigas. Uno de ellos se enamoró de una de mis amigas, la manager. Ella pidió vodka. Bailamos, tomamos. Vino la primera botella de vodka. La segunda botella de vodka. La tercera botella de vodka".

Al tratar de concretarla acerca de cómo fue la charla en inglés, ella precisó: "Él me dijo 'sex'. Yo le contesté: 'baby, cash, money'. '¿Cuánto?'. 'Ochocientos'. 'Ochocientos, ok, vamos'". Y dice que se va, en taxi, confiada en el trato porque "le pido para unos chicles y me da un billete de 50.000, y le pido para unos preservativos y me da otro billete de 50.000". Llegó a la 1:30 de la mañana con el agente secreto al Hotel Caribe. "Ebrios", pero "conscientes". Estuvo en su cama cinco horas hasta las 6:30 a.m. cuando la llamaron de la recepción a decirle que se tenía que ir. El agente, ya sobrio, le entregó otro billete de 50.000 y desde ese momento hasta las diez de la mañana Dania se quedó rogándole que le pagara.

A las nueve y media, salió al corredor y le contó la historia a un policía local. "Vamos a la habitación. El policía le toca la puerta y no abre. Pero por debajo se veía que él estaba ahí parado y no quería abrir". La imagen raya con lo cómico. El cliente no salió nunca de la habitación. Al final y mientras otros tres agentes secretos que se acercaron le imploraban "please please, no police, no police", regresó el policía con uno de sus compañeros que sabe inglés, recogieron 250 dólares entre los gringos y Dania se fue para su casa. A los dos días explotó el escándalo.

A pesar de sus declaraciones de cómo este incidente habría "acabado" con su vida, a lo largo de casi dos horas a Dania, con su acento costeño, se le oía -y veía- bastante feliz.

Dania nació en San Andrés hace 24 años, desde los 14 vive en Cartagena, quedó embarazada a los 15 y fue madre soltera a los 16. Dice que se dedica a este trabajo porque "los ingresos no me daban para la vida que yo quería". ¿Y cuál era la vida que quería? "Darle un buen ejemplo a mi hijo… que no lo di".

En su estilo fresco y desparpajado precisó: "Yo no me considero la prostituta que todos me tachan". Explicó que su trabajo consiste en que cuando se encuentra con un hombre "nos reímos y vemos si hacemos negocio o no hacemos negocio". Y como hasta ahora nadie de su familia sabía de su oficio, cuando estalló el escándalo llamó a su mamá antes de que se enterara que ella estaba involucrada y le dijo: "Mami es que a mí me gusta la buena vida. ¡Qué le vamos a hacer!".

En cuanto a los agentes secretos, si hasta ahora habían quedado mal parados, Dania los dejó peor. Primero los calificó de "bobos". "Cómo, siendo ellos de la seguridad de Obama, dejan que pase todo esto. Viendo que yo les dije '¡voy a llamar a la Policía!', ¿por qué no hicieron nada?". Y tiene razón. Sin duda, con algo de sentido común de los superagentes se habría evitado todo el escándalo. Segundo, dijo que si ella hubiera querido y "si hubiera sido de una banda terrorista. Obvio que habría podido sacar todo". Pero que como no estaba advertida de nada, lo único que recuerda haber visto fue un uniforme café de militar. Y tercero, que su cliente, ya sin tragos encima, resultó no solamente mala paga, sino mala persona y grosero. Según ella, cuando le cobró, la respuesta fue "let's go, bitch". Que literalmente querría decir "vámonos, perra". Lo que seguramente le dijo fue "Get out, bitch". "Largo de aquí, perra". Con el inglés de ella entra la duda de cuánto entendería el pobre gringo del precio que habían acordado.

Si algo llamó la atención en la entrevista es que la mamá, una colombiana con marcado acento español que, según se supo, trabaja en Carrefour en Madrid, pareció aún más liberada que su hija. Quedó claro, por ejemplo, que considera que cualquier madre soltera que quiera ganar dinero para sostener a su hijo y hacer una carrera haría lo mismo que su hija. Y para completar, le dio un nuevo significado al concepto de prostituta. Contrario de lo que históricamente se ha creído, según ella, una mujer que cobra es una mujer que se valora y eso refleja más dignidad que una mujer que lo da gratis.

La mayoría de las preguntas de la entrevista eran previsibles con la dosis de morbo sutil con que se manejan estos casos. Las dos más inteligentes fueron una en la que le preguntaron que si había visto alguna evidencia o intención de los agentes secretos de comprar droga -a lo que ella respondió que no- y otra, que si habría podido robar información si hubiera sido plantada por un grupo terrorista -a lo que dijo que sí-. Pero sin duda, la parte más jugosa fue la de su reciente estadía en Dubái. Julio Sánchez le sacó con tirabuzón a Dania todo lo que ella no quería revelar. Contó que un árabe la invitó, que cuando se desató el escándalo ella le confesó toda la verdad y con algo de tristeza agregó que, aunque se había mostrado comprensivo, ella no descartaba que ese rollo acabara con la relación.

Allá, en los Emiratos Árabes, la ubicó Julio Sánchez después de una complicada negociación cuyos detalles no se han revelado. De Dubái viajó a Madrid vía Bucarest y del aeropuerto solo hizo escala en el hotel para darse una ducha y se fue directo al estudio desde donde se hizo la entrevista que le dio la vuelta al mundo. Grandes medios de Estados Unidos como CNN, Fox News y Washington Post se conectaron con la entrevista. El Daily News hablaba de la "bomba morena que puso a la élite de los agentes de rodillas". Y otro más titulaba "Habla la más famosa prostituta del mundo". "Sobre lo de famosa, pues chévere porque suena a dinero -dijo Dania filosóficamente-. Pero lo de prostituta me hace sentir triste". De lo que no hay duda es que es totalmente coherente: lo que le gusta es la buena vida y la plata.

Precisamente, contó que por sus servicios cobra mínimo un millón y máximo 2 millones y medio. Lo que significaría que con unos tres clientes por semana, a un millón y medio promedio, se podría redondear a 18 millones de pesos mensuales. Ahora la esperan negocios más grandes. Y por eso, como dijo, adelantó su regreso, que estaba previsto para el 16 a Bogotá, y "salió corriendo" de Dubái para dar la entrevista.

La nueva etapa será manejada por su abogado Abelardo de la Espriella, quien le fue recomendado por Julio Sánchez. Este ya ha recibido un ofrecimiento de Random House de 300.000 dólares como adelanto para publicar un libro con su historia. Y al cierre de esta edición la revista Playboy acababa de ofrecer una negociación aclarando que, según las condiciones, se podría llegar a pensar hasta en un millón de dólares. "Ya me dañaron mi vida con todo esto. Ya no me importa si me ponen desnuda en portada, si me pagan una suma de dinero que valga la pena".

A pesar de que la entrevista es un éxito periodístico enorme, el balance entre la opinión pública ha sido mixto. Para muchos sectores, particularmente la gente joven, Dania se convirtió en un símbolo del desparpajo de una generación que quiere romper con todos los tabús y decidir qué hacer con su vida. Para otros sectores más conservadores, el despliegue de la prostitución sin tapujos de ninguna clase, en lugar de censurarla, la legitima. Esta última posición podría estar encarnada por Alberto Casas, quien en la última pregunta de la memorable entrevista le preguntó, palabras más palabras menos, que si estaba arrepentida y dispuesta a pedir perdón por sus pecados.

La dimensión del éxito periodístico es proporcional al daño que se le sigue haciendo a Cartagena. Después de la Cumbre de las Américas se había dicho que era el cuarto de hora de Colombia y eso puede ser verdad. Pero lo que sí es definitivamente cierto ahora es que este es, literalmente, el cuarto de hora de Dania Londoño Suárez.
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