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| 3/2/1998 12:00:00 AM

SEXO AL ESTILO KENNEDY

Los escándalos sexuales de Bill Clinton son un pálido reflejo de los que protagonizó el presidente John Kennedy, según el último libro sobre la vida íntima del asesinado presidente.

Los escándalos sexuales del presidente Bill Clinton parecen, definitivamente, ser casi un juego de niños al lado de los que se le atribuyen a otro presidente norteamericano: John F. Kennedy. Pero a diferencia de los de Clinton, que lo tienen en la cuerda floja, los de su antecesor lograron pasar inadvertidos para el gruesodel público de los Estados Unidos, por cuenta de las poderosas influencias que el clan Kennedy ejercía sobre los principales medios de comunicación de la época, y solo ocasionalmente resultaron una amenaza potencial para su carrera política, cuando fueron descubiertos por sus enemigos políticos. Pero las pacientes investigaciones de periodistas y escritores contemporáneos han logrado por fin sacar a la luz los detalles del que fuera el escandaloso rompecabezas de la vida sexual de John Kennedy. La más reciente de estas investigaciones, realizada por el periodista norteamericano Seymour M. Hersh y publicada en El lado oscuro de Camelot revela, no al estadista que todos creían ver en Kennedy, sino a un hombre tremendamente débil y muy limitado para adelantar sus deberes de presidente. El gran seductor No hay duda de que Kennedy era un seductor por naturaleza y lo era por igual entre hombres y mujeres. Todos se sentían atraídos por su magnetismo y se peleaban para complacer a uno de los líderes más carismáticos que ha tenido la historia de los Estados Unidos. Pero todos ellos parecen haber estado ciegos ante la realidad. El día del asesinato de su hermano, Robert Kennedy llamó aparte en el hospital a los principales colaboradores del Presidente, para insistirles en la necesidad de desocupar rápidamente el cajón del escritorio presidencial, y para tomar posesión de las grabaciones que Kennedy hacía secretamente en la Oficina Oval. Ellas no incluían solamente conversaciones de Estado, sino conversaciones telefónicas con sus amantes. Nadie mejor que Bob Kennedy conocía los detalles de la mentira pública que su hermano vivía en el papel de atento y amante esposo de Jacqueline, la glamorosa Primera Dama. En privado, sin embargo, a Kennedy lo consumían las relaciones sexuales adúlteras casi diarias y las fiestas libertinas que escandalizaban en secreto a los agentes de seguridad de la Casa Blanca. Las amantesLas amantes de Kennedy, que fueron siempre frecuentes durante su vida, crecieron en número durante la presidencia. Entre ellas figuraron innumerables prostitutas, que eran introducidas en los cuarteles privados del Presidente, muchas veces sin permiso y sin conocimiento del servicio secreto. Uno de estos agentes cuyo nombre se mantiene en reserva, dice que a él le correspondió el trabajo de llevar fotografías sexualmente explícitas del Presidente en compañía de famosas actrices a la Galería Mickelson, una de las galerías de arte más famosas de Washington, con el objeto de que fueran enmarcadas. En algunos casos las fotografías incluían al Presidente desnudo en la mitad de un grupo de personas que llevaban máscaras en sus caras. Pero Kennedy pagó muy caro su espíritu compulsivo y sus excesos sexuales. Sufrió la severa lesión de un músculo de su ingle mientras hacía el amor al lado de una piscina con una de sus parejas sexuales, durante un viaje a la costa Oeste en la última semana de septiembre de 1963. El dolor era tan intenso que el médico prescribió un corsé para mantener su cuerpo rígido. Según Hersch, ese corsé contribuyó a la muerte del presidente en Dallas, pues evitó que reaccionara ante el primer disparo del atentado que segó su vida. Pero además Kennedy tenía desde la Segunda Guerra Mundial una delicada lesión en la espalda que le producía agudos dolores. El Presidente nunca se quejaba porque le daba vergüenza mostrar debilidad, y ello explicaía que la compensara con una persecución inclemente de las mujeres para confirmar su machismo. Una de las primeras en revelar detalles de su vida sexual fue una de las amantes que tuvo durante la época en que hizo campaña y ganó la presidencia. La mujer concedió una extraordinaria serie de entrevistas, con la condición de mantener su anonimato. Había conocido a Kennedy cuando éste era senador a finales de los años 50. Tenía 19 años y era estudiante de Radcliffe. "Me enamoré totalmente de él", recuerda. "Cenábamos en la Casa Blanca, en la habitación Abraham Lincoln. Y luego hacíamos el amor. En muchas oportunidades tenía que levantarse para hacer ante los medios de comunicación alguna declaración sobre algo que había ocurrido en el mundo, y después de un tiempo regresaba". Los que lo conocieron bien decían que Kennedy siempre parecía querer alcanzar algo que nunca estaba ahí, y que eso configuraba su comportamiento compulsivo. Rechinaba los dientes, movía insistentemente el pie, golpeaba la mesa con los dedos. Por eso su comportamiento sexual le daba a su cuerpo la adrenalina que necesitaba para su vida cotidiana. De 'affaire' en affaire'Aunque los dos hermanos Kennedy siempre negaron rotundamente el hecho ante los medios de comunicación, todo indica que era cierta la versión de que John había tenido un matrimonio previo al de Jacqueline. Ella era una famosa socialite de Palm Beach llamada Durie Malcolm. Según la versión, Durie y Kennedy, en ese entonces un congresista, habían sido casados por un juez de paz. De que ello fue así da fe uno de los mejores amigos de Kennedy, Charles Spalding, que aceptó revelar por fin lo que familiares y amigos mantuvieron en secreto durante muchos años. Durante la Segunda Guerra, y cuando su padre, Joe Kennedy, era embajador ante el Reino Unido, Kennedy vivió uno de sus más tórridos affaires con una periodista danesa casada, Inga Marie Arvad, una antigua reina de belleza que había entrevistado a Hitler y había socializado con él y con otros líderes nazis mientras cubría los juegos olímpicos para un periódico danés. En ese entonces Kennedy era un buen mozo oficial naval de 28 años. El FBI sostiene que Inga era una espía alemana. Al igual que a su padre, a John Kennedy le fascinaban las actrices de Hollywood. Entre ellas, la más famosa de sus amantes fue Marilyn Monroe, que surgió como símbolo sexual a comienzos de los años 50, y se abrió su camino a través de maridos, amantes, pastillas, licor y hospitales siquiátricos hasta su muerte, aparentemente por suicidio accidental, en agosto de 1962. El comienzo de la relación Monroe-Kennedy se produjo cuando terminaba el matrimonio de ella con el beisbolista Joe DiMaggio, y comenzaba su romance con el escritor Arthur Miller. La mayoría de los encuentros con Kennedy, que en ese entonces estaba en plena campaña presidencial, ocurrían en la casa de Santa Mónica de su hermana y su cuñado Patricia y Peter Lawford. Se dice que la Monroe quedó embarazada de Kennedy, y se sometió a un aborto en México.

La reputación
AmenazadaLa lucha de Kennedy por proteger su reputación comenzó en 1959, cuando un senador enemigo descubrió su affaire con la joven estudiante de Radcliffe. La indiscreción de este romance fue inaudita. Con frecuencia se veía al chofer de Kennedy recogiéndola y dejándola en el dormitorio del colegio donde la joven estudiaba. El senador enemigo contrató a un investigador privado para que le tomara a Kennedy fotografías con la joven. Pero el detective resultó ser su gran admirador, y logró alertarlo a tiempo sobre el complot.Luego vino una mujer responsable de haber puesto en el mayor riesgo las aspiraciones presidenciales de Kennedy, una artista llamada Barbara Maria Kopszynska, una inmigrante polaca quien luego cambió su nombre por Alicia Darr. La Darr era muy conocida por las autoridades de Nueva York, por ser una prostituta de lujo y la propietaria de una próspera casa de citas. Todo indica que con ella Kennedy tuvo un hijo a finales de la década de los 50, y que después lo chantajeó, cuando él ya era Presidente, para que éste le diera una gruesa suma de dinero.Y aunque las mujeres entraban y salían de la Casa Blanca, su imagen de buen marido aumentaba. La manipulación era extraordinaria. Para los norteamericanos, este era un fiel y amante esposo, un gran ejecutivo y un lector infatigable. Pero los agentes secretos asignados al cuidado de la Casa Blanca veían a Kennedy bajo una óptica distinta: un obsesionado del sexo, ansioso por correr enormes riesgos para satisfacer esa obsesión. Veían a un Presidente que muchas veces llegaba tarde a la oficina oval, y que con frecuencia no estaba disponible durante horas para sus principales colaboradores. Cuatro de esos agentes secretos aceptaron hablar para el autor del libro, lo cual le permitió a Hersh revelar finalmente muchos de los detalles de la vida sexual de Kennedy. Con frecuencia durante sus viajes, a la suite presidencial de su hotel eran introducidas prostitutas que no solo tenían sexo con el Presidente, sino con algunos de sus más cercanos colaboradores. Los agentes secretos se quejaban de que no solo no podían impedir su entrada, sino que se les prohibía revisar sus bolsos de mano. Cualquiera de ellas podría haber llevado en su interior aparatos de grabación, para después chantajearlo. Esta intensa actividad sexual Kennedy la resistía, según se ha venido a saber ahora, por medio de anfetaminas que un doctor le suministraba cada seis horas. Se trataba de Max Jacobsen, cuya licencia fue suspendida en 1975 cuando se confirmó que abusivamente recetaba a los pacientes con ese tipo de sustancia. Hay registradas innumerables entradas del médico a la Casa Blanca, lo que comprueba la frecuencia con la que le estaría aplicando la droga al Presidente. Uno de los lugares favoritos para los juegos sexuales de Kennedy era la piscina de la Casa Blanca. Uno de los agentes secretos dice que era muy bien sabido por ellos que "cuando el Presidente almorzaba en la piscina con Fiddle y Faddle, nadie podía acercarse". Ellas eran dos jóvenes del staff de la Casa Blanca, dos especies de Monicas Lewinsky de la era Clinton, que se bañaban desnudas con Kennedy en la piscina. Sus dos hermanos, Bob y Teddy, con frecuencia se les unían. Un pasaje privado fue habilitado para que el Presidente y sus invitadas pudieran ir discretamente desde la piscina al segundo piso de las zonas reservadas de la presidencia.Los episodios de la piscina no sucedían cuando la Primera Dama se encontraba en la Casa Blanca, pero ella con frecuencia, y especialmente los fines de semana, se iba al campo con sus hijos. Pero en una ocasión la señora Kennedy se presentó sorpresivamente en la piscina y a pesar de su furia, los agentes secretos no le permitieron su entrada: el Presidente estaba nadando con un par de nenas.Una sola posiciónOtro de sus más escandalosos affaires lo vivió con la hermosa Judith Campbell, a la que compartió con el mafioso Sam Giancana, y a quien Kennedy y su hermano utilizaron como espía para obtener informaciones de la mafia. Años después la Campbell, en su libro Mi historia, confirmaría que había sido simultáneamente amante del Presidente de los EE.UU. y del más célebre jefe mafioso de la época. También cuenta que para su dolor, el romance con Kennedy fue perdiendo intensidad. "Durante el invierno 1961-1962, comencé a darme cuenta de que él me quería en su cama para que yo hiciera toda la actividad... Entendía la posición que él debía tomar mientras hacíamos el amor por cuenta de sus problemas de espalda, pero lentamente comenzó a excluir otras posiciones, hasta que hacer el amor quedó reducido a esta sola posición...". A finales de 1963 otro affaire amenazó con revelar su tormentosa vida sexual. La mujer se llamaba Ellen Rometsch, muy parecida a la hermosa Elizabeth Taylor. Era una alemana de 27 años, matriculada en el Partido Comunista, que ejercía la prostitución y con quien era muy fácil pactar el silencio por dinero. Ante el peligro de que los republicanos sacaran a la luz pública los detalles ya confirmados de este affaire, la Rometsch fue obligada a viajar a Alemania, y personalmente Bob Kennedy se hizo cargo de que su visa para regresar a los EE.UU. jamás fuera renovada. El interés con el que Kennedy siguió el caso Profumo, que en ese entonces se desarrollaba, no era gratuito. John Profumo, ministro británico de Guerra, había sido acusado de compartir una prostituta con el agregado naval de la Unión Soviética, que espiaba los secretos del gobierno inglés por este conducto. Dos otras prostitutas que eran amantes de Profumo, una china llamada Suzy Chang y una rubia checa llamada Maria Novotny, cuyos nombres también salieron a relucir en el escándalo, habían sido previamente amantes del Presidente de los EE.UU. Como resultado de toda esta agitada vida sexual, Kennedy indefectiblemente se contagió de una enfermedad venérea. Tenía una uretritis no gonorreal, una dolorosa infección venérea. A pesar de los intensos tratamientos murió sin haber sido curado. Los patólogos navales que condujeron su autopsia en la noche de noviembre 22 encontraron evidencias de clamidia. Los récords médicos que describían la condición clínica del presidente Kennedy, se mantuvieron ocultos durante muchos años. Pero cuando finalmente reaparecieron, confirmaron que Kennedy venía siendo tratado desde 1940 por una serie de enfermedades venéreas, y que con frecuencia sufría de intensos dolores mientras orinaba. En 1953 comenzó a tratarlo un conocido urólogo, el doctor William P. Herbst, de Washington, cuyos récords confirman que aunque Kennedy lograba ser curado por épocas, era continuamente reinfectado y, presumiblemente, infectaba a sus compañeras. Su mayor queja era la de una sensación de ardor y de aguda sensibilidad en la próstata. El tratamiento incluía masajes en la glándula prostática.Lo más grave, de los récords de Herbst surgen dudas sobre el estado de salud de Kennedy en los momentos más críticos de su presidencia. En abril 14 de 1961, por ejemplo, mientras Kennedy tomaba la decisión final acerca de Bahía Cochinos, un fallido intento de invasión a Cuba que fue la mayor catástrofe de su vida política, Herbst fue llamado a la Casa Blanca para atender al Presidente de 'mucus ocasional' y 'fuerte sensación de ardor al orinar'. La prescripción fue una dosis de 600.000 unidades de penicilina. El 17 de abril recibió una inyección con esa dosis, mientras la fallida invasión a Cuba comenzaba.
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