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| 8/23/2011 12:00:00 AM

"Si uno mira la jurisprudencia colombiana, ahí está la Corte IDH"

El presidente del organismo, Diego García Sayán, indicó que en Colombia ha habido un avance en la aceptación e incorporación de las decisiones de la justicia internacional.

Por estos días, seis jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) sesionan desde Colombia. Los juristas estudian las demandas instauradas por ciudadanos de Chile, Argentina y Brasil en contra de sus estados.

La Corte IDH es un organismo creada en 1969 por estados miembros de la Organización de Estados Americanos –OEA– , “con el fin de salvaguardar los derechos esenciales del hombre en el continente americano”. La Corte procesa los casos de violaciones de los Estados miembros de la OEA a los derechos humanos y en los que se han agotado todas las instancias judiciales internas de los países.

Semana.com entrevistó al presidente de la Corte, el peruano Diego García Sayán, quien anteriormente fue director general de la Comisión Andina de Juristas  y miembro de la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya. García Sayán también fue ministro de Justicia y de Exteriores de su país. El funcionario explicó por qué la Corte eligió a Colombia para sesionar, los desafíos que tiene y cuál ha sido el impacto de la justicia internacional en Colombia.

Semana.com: ¿Para qué vino la Corte a Colombia?

Diego García Sayán:
Primero, para qué no venimos: no venimos a hacer un informe sobre cómo están los derechos humanos en Colombia, sino a cumplir las funciones del tribunal, celebrar audiencias, deliberar y tomar decisiones sobre casos. La Corte IDH se informa a partir de los casos y decide exclusivamente en función de los méritos que se han aportado en cada expediente.

Semana.com: ¿Y por qué sesiona fuera de Costa Rica?

D.G.S.:
Aunque la Corte tiene su sede en Costa Rica, se debe a los pueblos de América, y nada más importante que los países que han reconocido la competencia de la Corte estén cerca al tribunal para que haya un conocimiento y puedan verla en acción. Desde hace cuatro años y medio hemos visto la utilidad de las sesiones itinerantes, se genera curiosidad por la jurisprudencia de la Corte y los jueces nacionales cada vez más utilizan en sus fallos ingredientes de ésta. Y al revés, en esto que llamamos diálogo jurisprudencial la Corte está tomando sentencias de tribunales como el Constitucional de Colombia, para proteger los derechos humanos.

Semana.com: Uno de los casos que se juzgará será la demanda de la jueza Atala Riffo, de Chile, a quien le negaron la custodia de sus hijas, por declararse lesbiana. ¿Qué analizarán de este caso?

D.G.S.:
Está en discusión la forma en que los tribunales chilenos procesaron su orientación sexual y las consecuencias en su vida familiar. Este es el primer caso de esta naturaleza que llega a la Corte. Sabemos que es muy relevante porque hay otros semejantes en tribunales nacionales de varios países. No puedo dar ninguna opinión porque no me corresponde y quiero formarme una apreciación en el proceso de análisis del caso. Ya veremos cómo se plantea, y en su momento, la Corte tomará una decisión.

Semana.com: En Colombia esa es una discusión interesante, pues hay sectores que promueven limitar algunos derechos de parejas homosexuales y otros que los defienden. ¿Hasta dónde organismos del Estado pueden interferir en decisiones personales o familiares, como la condición sexual? y ¿qué papel juega la Corte en estos casos?

D.G.S.:
No quiero decir nada que pueda ser interpretado equívocamente en el caso chileno, pero sí puedo mencionar aspectos generales: el criterio de la Corte para resolver las reclamaciones sobre derechos humanos deriva de una disposición de la Convención Americana, que es la interpretación a favor de estos. En la duda, se orienta la interpretación a favor de ampliar los derechos de las personas. Eso ha sido un instrumento que se ha ido extendiendo más allá del texto de la Convención, no porque la Corte está inventado un nuevo derecho, sino porque los tribunales tienen la obligación de crear derecho para resolver situaciones no están explícitas en las normas.

Semana.com: ¿cómo llega un proceso a la Corte IDH?

D.G.S.:
Los casos llegan luego de que se hace un proceso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que es la que presenta formalmente el caso ante nosotros. Por eso no llegan grandes cantidades. Cuando las puertas han sido abiertas, las presuntas víctimas tienen derecho a participar en el proceso de manera autónoma presentando sus propios argumentos, pruebas, y pretensiones de reparación. Y por supuesto, el Estado tiene el derecho de enterarse de todo y presentar sus argumentos.

No hay un acceso directo por parte de las personas a la Corte. Pero lo que ocurre es que los tribunales nacionales están nutriéndose de los criterios que salen de nuestras sentencias y tiene un efecto dominó en los tribunales constitucionales o supremos. Lo que vemos es que así, la justicia nacional toma su papel asume posiciones positivas y creativas, alimentándose de esta jurisprudencia.

Semana.com: ¿Cuántos casos colombianos hay en la Corte?

D.G.S.:
Los casos de Colombia han sido como una docena. No es una cantidad abrumadora. Pero si uno revisa la jurisprudencia de las cortes colombianas uno encuentra que la Corte IDH está ahí y no depende de que la Corte venga a Colombia.

Semana.com: ¿Cómo ha sido la aceptación de Colombia a las decisiones de la Corte?

D.G.S.:
Si bien la realidad es compleja y no todo está cumpliéndose adecuadamente, hay una dinámica constructiva para el cumplimiento de las decisiones de la Corte. Hay un diálogo fluido entre el Estado y las víctimas, y eso nos pone en la ruta de afirmación a la justicia interamericana. Por ejemplo, hace unos días el Gobierno pidió perdón por el caso de Manuel José Cepeda. Eso fue resultado de un fallo de la Corte. Hace 10 o 15 años ese panorama era insospechado, cuando era muy difícil imaginar que sentencias adversas al Estado no hubieran tenido una reacción política. Lo que vemos es un proceso muy positivo de avances en el cumplimiento de las sentencias, lo cual ha dicho la Corte en sus informes. Por ejemplo, las reparaciones económicas, que muchas veces son incómodas para los estados con problemas fiscales, se han cumplido en un 80 por ciento. Eso es una señal significativa de que el sistema interamericano ha sido tomado muy en serio.

Semana.com: ¿Cuáles son los retos para la justicia internacional, en un contexto en el que los Estados enfrentan el desafío de redes internacionales de crimen?

D.G.S.: En el pasado, América Latina tuvo la amenaza de los gobiernos autoritarios, las dictaduras militares o los gobiernos civiles que se comportaban como si no lo fueran. Eso felizmente ha quedado atrás. Si bien nuestras democracias requieren fortalecimiento, todas son democracias de origen electoral.

Pero hay aspectos que conspiran contra la institucionalidad como el crimen organizado. Pero ¿Eso qué tiene que ver con los derechos humanos? Las sociedades, frente al descontrol del crimen, a veces, están dispuestas a renunciar a derechos en aras de la seguridad; desde tolerar la justicia por mano propia hasta cortar camino en la vía de la administración de justicia.
Ese es uno de los grandes retos: cómo salimos airosos enfrentando al crimen organizado, que deteriora todos los valores democráticos, pero sin que los derechos humanos se perciban como un impedimento, sino como herramienta.

La ciudadanía que cree en las instituciones, se identifica y cree en la justicia y la policía, sin duda, contribuirá más a enfrentar la inseguridad, que una ciudadanía atemorizada.

Semana.com: ¿Qué debe hacer un jurista que aspire a ser juez de la Corte IDH?

D.G.S.:
No hay un manual. Hay gente que viene de los mundos de la academia, de la política, de las ONG. Pero todos son personas que han perseverado en la vida de los derechos humanos, que están dispuestos a ser jueces internacionales sin pedir una compensación económica sino porque creen en los derechos humanos. Hay muchísimos hombres y mujeres en América Latina, y en Colombia, que estarían en excelentes condiciones para ser jueces y juezas de la Corte y hacer de este un tribunal más sólido y seguramente mucho mejor del que tenemos.

Semana.com: ¿Cuánto tiempo va a estar la Corte en Colombia y para dónde va después?

D.G.S.:
En esta primera semana tenemos las audiencias públicas. En la segunda, deliberaciones internas acompañadas de un encuentro académico que se hará con conferencias de jueces y profesores invitados. El siguiente proceso de sesiones lo tenemos en Barbados, país caribeño y angloparlante. Y seguiremos con nuestras deliberaciones y encuentros.

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