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| 4/14/1986 12:00:00 AM

SI NO ES SAMPER, ¿QUIEN?

¿Samper para el 90? Ni tan en chiste.

Si no es Samper, ¿quién? Prematuro como pudiera sonar este interrogante, hay algo de validez en él. Ernesto Samper Pizano, a los 35 años, 15 días después de salir elegido al Congreso y con una insignificante carrera política de escasos dos años en el Concejo de Bogotá, está siendo mencionado por algunos como un posible precandidato liberal a la Presidencia de la República para 1990. Todo esto parecería ridículo hace apenas unos quince días, cuando el único colombiano que podía abrigar semejante fantasía, era el propio Samper, quien se la pasaba tratando de presentarse como la contraparte de Galán dentro del partido. En ese momento las contrapartes de Galán eran Gómez y Barco y las contrapartes de Samper, eran Durán Dussán y compañía.
Hoy, por esas vicisitudes de la política, Ernesto Samper es la contraparte de Galán en el liberalismo. Los ciento cincuenta mil votos que tuvo en Bogotá el domingo 9 de marzo, lo convirtieron de la noche a la mañana en el nuevo "renovador". El resultado es asombroso si se tiene en cuenta que parecía que Galán se había adueñado de la capital de la República. No se veía por dónde se le podía morder sustancialmente su electorado. Su perfil político parecía ser lo que anhelaban los sectores esencialmente independientes de la capital. Con su dimensión presidencial, su sólida cuota burocrática y su presencia permanente en los medios de comunicación, sus rivales al Senado parecían simples briznas de yerba. Samper Pizano, Durán Dussán y las otras listas liberales derrumbaron este mito.
No sólo los dos primeros sumados superaron ampliamente a Galán, sino que el Nuevo Liberalismo acabó apareciendo como otro más de los movimientos bogotanos, aunque fuera el mayoritario. La votación de Durán probablemente obedeció un reconocimiento a su gestión como Alcalde. Pero es la de Samper, en su segunda salida electoral propia, la que dejó boquiabiertos a los observadores políticos.
Es sin duda alguna un gran triunfo personal. Trabajador infatigable Samper es probablemente el político colombiano que mejor combina el voto cautivo y el voto de opinión. En otras palabras, al país nacional y al país político. Como "manzanillo" es insuperable. De enorme simpatía personal y con inmejorables relaciones públicas, se mueve como pez en el agua entre los parlamentarios, algunos de los cuales hace cuatro años lo despreciaban, llegando incluso a considerarlo el culpable de la caida del Partido Liberal. Su cuota burocrática, después de dos años de secretaría de gobierno distrital, es de las más jugosas del oficialismo en la actualidad. Todo este aspecto de la política, criticado hasta hace 15 días por la renovación galanista, ha quedado reivindicado por los resultados electorales que demuestran que la gente prefiere políticos que le sirvan para algo, que ángeles que anuncien un futuro mejor. Y lo que ha quedado demostrado es que como políticos, pocos son mejores que Ernesto Samper.
A su base clientelista, le suma una permanente agitación de ideas a través de un adecuado manejo de medios de comunicación que lo han convertido en uno de los colombianos que mas opinion mueve, o por lo menos que más pantalla tiene. Estas ideas son unas veces imaginativas y otras veces oportunistas e inclusive absurdas. Según Galán "no tiene escrúpulos para contradecirse". Pero en el fondo esto a nadie le importa. Pues todo el mundo sabe que Samper puede proponer muchas locuras, pero que no es loco. A diferencia de Galán que se ha ubicado como el verdugo del sistema político tradicional, "Bojote", como llaman al nuevo senador, se ubica como un elemento renovador y pragmático dentro del mismo. Y esto, por ahora, gusta más.
No obstante todas estas cualidades, parecería exagerado asociar a Samper, que no tiene más que una carrera política de cuatro años y una financiera de diez, con el Palacio de Nariño. Esto obedece a que entre Barco que tiene 65 años y Samper que tiene 35, no existe en este momento nadie mejor colocado que el último. La famosa generación del 47, Otto Morales, Agudelo, Augusto Espinosa, Hernando Durán, etc., está integrada por una serie de hombres muy competentes pero que parecen haber perdido su cuarto de hora politicamente. Jaime Castro, por ahora, carga el INRI de este gobierno. Santofimio, menguado por seis años de garrote desde el episodio de los microfilmes, no ha obtenido aún el paz y salvo de la opinión pública, o por lo menos de lo que hasta hace quince días se consideraba la opinión pública. Su doble triunfo en el Tolima y el Concejo de Bogotá, pueden ser considerados sin embargo un indicio de que sus días en el desierto están quedando atrás.
Todo esto hace que mientras los conservadores tienen una excelente baraja de figuras de 40 ó 50 años, como Rodrigo Lloreda, Rodrigo Marín y Augusto Ramírez, en el liberalismo esta generación, con excepción de Galán, quien por ahora pasa al desierto, no existe un exponente con suficiente aceptación. Este vacío es el que permite que por ahora se juegue con el nombre del sardino Ernesto Samper.
En realidad puede ser demasiado sardino como para que su nombre sea viable. En el 90 tendrá 39 años. Aunque estos son 3 más de los que tenía Alan García cuando llegó al poder, dos menos de los que tenía Felipe González y la misma edad de Alberto Lleras en su primera Presidencia, la verdad es que Samper, aunque está de moda, no da aún la talla de ninguno de estos tres personajes. Ambicioso pero realista, él mismo sabe que se está beneficiando de una bonanza política que le cayó accidentalmente como consecuencia del traspiés de Galán. Sus cálculos eran Galán en el 90 y él en el 94, pero a pesar de que es consciente de sus limitaciones, mira a su alrededor y no ve a nadie con más posibilidades. Esta percepción, que es una realidad puede inclusive acelerar la resurrección de Galán. En todo caso "Bojote", con sentido del humor y escepticismo, piensa recorrer desde ahora todo el territorio nacional para jugar al precandidato a partir de las elecciones de mitaca de 1988. Todavia le da un poco de pena hablar en serio de la opción Samper 90, pues al fin y al cabo su precandidatura parece haber llegado antes de que se posesionara como congresista por primera vez en la vida. Sin embargo, auncuando no le parece lógico que el próximo candidato oficial del Partido Liberal sea él, le da vueltas y vueltas en la cabeza buscando otro nombre y no llega a ninguno. De ahí que desde el 10 de marzo cuando supo que había ganado su curul, todas las noches se acuesta pensando: si no es Samper ¿quién?





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