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| 6/25/2011 12:00:00 AM

"Si me quieren volver importante, aprésenme"

El gobernador de Nariño, Antonio Navarro Wolff, habla de la Asamblea Constituyente, de la toma del Palacio de Justicia, del M-19 y del Polo Democrático.

MARÍA JIMENA DUZÁN: La foto en que usted aparece firmando la nueva Constitución del 91 al lado de Álvaro Gómez y de Horacio Serpa es histórica. Después de veinte años, ¿qué sensaciones le evoca esa foto?

ANTONIO NAVARRO: La de que tuve la suerte de estar en el lugar en el que había que estar. Se dio la increíble coincidencia de que el proceso de paz con el M-19 se produjo al tiempo que el movimiento de la Séptima Papeleta. Ambas cosas condujeron al país a la Constituyente. Sin una de las dos, no habría habido Constituyente. Los resultados que nosotros tuvimos en las elecciones a la Asamblea Constituyente llevaron al EPL, al PRT y al Quintín Lame a firmar acuerdos de paz. ¡De buenas a primeras, nosotros sacamos el 28 por ciento de los votos!... La paz era posible.

M.J.D.: ¿No nos habríamos ahorrado muchos muertos si las Farc hubieran entrado en la Constituyente?

A.N.W.: Yo creo que no estuvimos muy lejos de que eso sucediera. Pero eso no se logró por varias razones. Jacobo Arenas murió antes del proceso constituyente, el genocidio de la UP influyó negativamente, pero además, el día que hicimos las elecciones para elegir a los miembros de la Constituyente, el Ejército entró al campamento de La Uribe de las Farc. A veces creo que si la Constituyente se hubiera demorado seis meses más, probablemente habría podido negociarse un esquema para que entraran las Farc y nos hubiéramos salvado de veinte años de barbaridades.

M.J.D.: ¿Por qué se acabó el movimiento M-19?

A.N.W.: Por varias razones. Una de las más grandes dificultades que hemos tenido para hacer política en este país fue la de que no se logró una paz total. No es que se nos haya o no perdonado lo que pasó: es que no se logró la paz total, porque ni las Farc ni el ELN se desmovilizaron. Por cuenta de eso, a nosotros nos han adjudicado responsabilidades de lo que hace el resto de la guerrilla. El ascenso de las Farc en los noventa facturó contra nosotros.

M.J.D.: Para no hablar de la indignación que ha causado en una parte de la sociedad el hecho de ver a oficiales del Ejército presos por la retoma del Palacio de Justicia mientras que los guerrilleros que perpetraron ese acto terrorista están protegidos por una amnistía. ¿No le da temor de que en algún momento la paz con el M-19 se desbarate y termine usted en la cárcel?

A.N.W.: Hay gente que opina que eso debe revisarse. Yo respeto esa opinión. Pero lo que sí les quiero decir es que este no fue un acuerdo de yo con yo. Fue un acuerdo entre partes opuestas, y nosotros hemos sobrecumplido. De ahí para adelante, yo siempre pienso que si me quieren volver otra vez importante, ¡pues que me metan preso! Nosotros propusimos que los militares se acogieran, y ellos no quisieron y por eso siguieron procesos penales.

M.J.D.: El presidente Uribe fue el primero que alentó esa tesis.

A.N.W.: Sí… Infortunadamente, en el gobierno de Uribe se polarizó el país, y jaló la opinión pública hacia la derecha. Recuerdo un discurso durísimo suyo en Barrancabermeja contra la Constituyente, cuando andaba en campaña para su re-reelección. Dijo que la Constituyente había sido espuria, que no tenía ninguna legitimidad, que había sido elegida por una minoría de colombianos. Esa polarización me afectó a mí en las elecciones de 2006. Imagínese: yo, un exguerrillero con toda la historia del Palacio de Justicia a cuestas, compitiendo con todo un magistrado como el doctor Carlos Gaviria, que parecía un Papá Noel. ¿Cómo no iba a ganar Papá Noel?... Y eso que me ganó por poquito.

M.J.D.: ¿Usted cree que el país les ha perdonado a ustedes su pasado guerrillero?

A.N.W.: Una parte sí, pero otra no. Una parte nos lo perdonó desde el principio. Otra simpatizaba con nosotros desde antes. Y otra no nos va a perdonar nunca.

M.J.D.: ¿Por qué, de haber sido un movimiento que se llenó de votos, terminó a los tres años sin ningún apoyo electoral?

A.N.W.: Porque éramos unos novatos en la vida electoral. A nosotros nos cayó una avalancha de votos absolutamente espontánea, producto de varias razones: Pizarro tenía un carisma excepcional y el país quería la paz. Pero además, después del asesinato de Pizarro, nos mantuvimos en la paz. Cuando vino la elección de la Constituyente, nos convertimos en una fuerza en ascenso, pero no sabíamos nada de política electoral. En segundo lugar, conformamos una lista para Congreso que el país no entendió bien. Vino luego la elección del 94, y como el recambio político en el Legislativo no se produjo, la gente nos pasó factura. Con decirle que yo saqué en el 94 el 4 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales después de haber sacado tres años antes el 28 por ciento, y Álvaro Gómez no se presentó. ¡Subí como palma y caí como coco!

M.J.D.: Es difícil no recordar que Gómez fue secuestrado en el 88 por el M-19. ¿Nunca le pareció insólito que hubieran terminado, secuestrador y secuestrado, firmando la carta del 91?

A.N.W.: Yo no pondría las cosas así. Más bien yo diría que terminamos demostrando que en Colombia la reconciliación es posible. Claro que en la Constituyente nos juntamos para enfrentar a los liberales que querían manejarla. La propuesta de César Gaviria era la de que el presidente de la Constituyente fuera liberal; el primer vicepresidente, del M-19 y el segundo vicepresidente, de Salvación Nacional. Yo le dije: "No, señor, no está ni tibio". Entonces busqué a Gómez y terminamos haciendo una presidencia tripartita. Pero además, antes de la Constituyente, Álvaro Gómez decía que no se necesitaba cambiar la Constitución porque se podía gobernar con la del 86, pero en el proceso constituyente se transformó y se volvió un convencido de la necesidad de una nueva Constitución.

M.J.D.: ¿Pensó que Álvaro Gómez terminaría asesinado por la extrema derecha?

A.N.W.: Fue tremendamente sorprendente que alguien de la derecha hubiera matado a quien mejor representaba en Colombia esa ideología.

M.J.D.: Siempre queda la duda de si Pablo Escobar consiguió pagarles a algunos constituyentes para que aprobaran la no extradición, como, de hecho, se hizo. Hubo un video, incluso, que mostraba a abogados de Escobar revoloteando en el recinto de la Constituyente…

A.N.W.: La verdad es que la extradición se votó de manera secreta. ¿Y sabe cómo fue la votación? 53 votos a favor y 21 en contra. Los partidarios de la no extradición eran mayoritarios. Y es cierto que Pablo Escobar mandó a unos calanchines que tenía a hablar con los constituyentes. Un miembro de la lista nuestra de apellido Cardona, un médico de Puerto Boyacá que habíamos incorporado a la lista por solicitud del señor Ariel Otero, que en ese entonces era un jefe importante de las autodefensas del Magdalena Medio que se quería desmovilizar, filmó a esos calanchines de Pablo Escobar y nos suministró esa información. Quienes dicen que en la Constituyente se hizo una alianza con Pablo Escobar para hundir la extradición se equivocan, porque lo que estaba pasando era todo lo contrario. Ariel Otero se desmovilizó, pero fue asesinado por el cartel de Medellín. Nosotros éramos partidarios de que la Constituyente debía generar condiciones para la paz total. Y decíamos que esa paz había que lograrla no solamente de la guerrilla, sino con la desmovilización de los grupos de autodefensas, que era lo que había en ese momento.

M.J.D.: ¿Cuál era la relación del Eme con Escobar?

A.N.W.: Sí hubo miembros del Eme que tuvieron una relación con Escobar. Pero de ahí a decir que se metieron al Palacio de Justicia para hacerle un favor a Escobar, eso no tiene ni pies ni cabeza. Buscaron el apoyo de Escobar, pero yo creo que no se lo dio. Era evidente, sin embargo, que en la toma, el Eme no contó con la logística de los mafiosos. Por eso pudieron entrar los tanques a Palacio.

M.J.D.: Yo sé que se lo han preguntado muchas veces, pero vuelvo y se lo pregunto: ¿usted supo de la toma al Palacio?

A.N.W.:
Una vez más respondo que definitivamente no, porque yo estaba en Cuba recuperándome de un atentado que casi me mata. Pero le digo: eso siempre me ha parecido un error brutal.

M.J.D.: Usted está vivo de milagro…

A.N.W.:
Al Eme lo diezmaron antes de la desmovilización. De sesenta miembros de la Dirección Nacional solo quedamos seis. Entre 1981 y 1990, el Estado nos decretó la pena de muerte, y al que cogían lo mataban. Yo estoy vivo porque, por probabilidad, no a todo el mundo que van a matar se muere. Pero debería estar muerto porque a mí también me intentaron matar. El Eme estaba muy debilitado en sus cuadros en el momento en que hicimos la paz.

M.J.D.: Y luego, después de haber salido electo por firmas a la Alcaldía de Pasto, a la Cámara y al Senado, decide fundar el Polo y se alía con la Anapo clientelista, marrullera.

A.N.W.:
Mire, la Anapo estaba atravesada en nuestro corazón. En 1971 yo no voté por Rojas Pinilla, aunque sí era un estudiante tirapiedra, pero era tan evidente que le habían robado las elecciones que yo me junté con los que estaban protestando con la Anapo y terminé en el M-19. El M-19 se funda precisamente como protesta a ese robo electoral. Nuestra bandera era la bandera de la Anapo.

M.J.D.: ¿Y qué siente cuando la Fiscalía dice que tanto Samuel como su hermano se habrían lucrado de todos los contratos que se hacían en la capital?

A.N.W.: El Polo tiene razón cuando cree que Samuel debe renunciar.

M.J.D.: ¿Un nuevo proceso de paz con las Farc incluiría una nueva Constituyente?

A.N.W.: No creo que un proceso de paz con las Farc pueda pasar hoy por una Constituyente. Cuando Uribe la propuso, a mí se me pararon los pelos. Eso no puede salir sino mal, además de que puede ser regresivo. Una Constituyente tiene mucho poder, y esas condiciones que permitieron una Constituyente progresista por ahora no existen.

M.J.D.: ¿Cuáles serían los más grandes obstáculos para un proceso de paz con las Farc?

A.N.W.: En un eventual proceso de paz, los comandantes de las Farc tendrían que ir presos, lo cual los inhabilitaría para hacer política. Y no veo a Cano saliendo del Cañón de las Hermosas para la cárcel sin poder hacer política. Tendrían que estar más derrotados de lo que están para que eso ocurriera. Pero además, uno nunca sabe qué están pensando las Farc. Ellos son una organización muy rara, muy arrogante, que ha aprendido a vivir en una comunidad primitiva que genera unos lazos muy estrechos, muy difíciles de disolver. Tampoco sé si las Farc estarían dispuestas a dar el paso hacia el desarme.

M.J.D.: ¿Usted se va a quedar en el Polo?

A.N.W.: Pues, por ahora, sí. Pero no sé qué hacer una vez salga de la Gobernación, que será el primero de enero de 2012. Ya veré qué hago. El Polo tiene una tendencia a volverse marginal, y los partidos deben tener vocación de poder.
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