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| 5/12/2017 8:24:00 AM

“Si una niña no se educa, no tiene voz”: Diana Sierra

Diana Sierra, creció en Santuario (Risaralda), diseña calzones y toallas higiénicas reutilizables para niñas de bajos recursos. Le debe a su origen cafetero el empuje con el que revolucionó el manejo de la menstruación.

Por María Andrea Muñoz

SEMANA: ¿Qué recuerda de Santuario?

DIANA SIERRA: Crecer en un pueblo es una suerte. Todo el mundo está pendiente de vos. Te podés ir para el río, hacer comitivas, comer cacaos crudos o bajar mandarinas de un palo y alguien te está poniendo cuidado, te está echando el ojo. Hay mucho cariño y atención.

SEMANA: Usted estudió diseño en Los Andes. ¿Cómo llegó a Bogotá?

D.S.: Tuvimos un revés económico muy fuerte antes de que yo entrara a la universidad. Se debió a la broca. Mi papá era caficultor, y pasamos de tener dos fincas y una casa a vivir en un apartamentico arrendado. Fue muy complicado, pero eso fue lo que me dio la oportunidad de entrar a Los Andes. Gané una beca por ser buena estudiante.

SEMANA: ¿Qué pasó cuando llegó?

D.S.: Yo traía mil colores encima cuando llegué a esta ciudad que se viste de gris. Ese fue el primer batacazo cultural que tuve. Al crecer en zonas cálidas, rurales, cafeteras, ¿cómo no me van a gustar los colores, si es de lo que estaba rodeada? El color también representa de dónde somos.

SEMANA: ¿Por qué empezar a trabajar con el tema de la menstruación?

D.S.: Mi empresa, Be Girl, fue una casualidad. Tuve la oportunidad de trabajar en Uganda y me di cuenta de que allá no hay con qué comprar toallas sanitarias. Por eso las niñas se quedan en casa cinco días al mes y las sacan de la escuela porque no tienen buenas notas. Si una niña no se educa, no tiene voz.

SEMANA: ¿Qué solución ideó?

D.S.: Diseñar una toalla todoterreno. Hicimos un bolsillo para material absorbente. Le puedes meter algodón, papel higiénico, esponja marina o lo que tengas a la mano. Tiene material impermeable por fuera y una malla por dentro. Se seca en menos de una hora y es reutilizable. Ahora hacemos calzones que traen el bolsillo incorporado y que funcionan de la misma forma.

SEMANA: ¿Cómo educa Be Girl sobre la menstruación?

D.S.: Que una niña sepa qué es la menstruación también es clave. Por eso desarrollamos el Smart Cycle, un reloj con el que las niñas cuentan los días y aprenden cómo funciona su ciclo menstrual. A veces en nuestra visita es la primera vez que a ellas se les habla del tema.

SEMANA: ¿Cómo es el tema de la menstruación en Colombia?

D.S.: El costo de las toallas higiénicas es altísimo. Un paquete puede costar 10.000 pesos y eso, para una persona que gana el mínimo, es mucho. Son productos que tienen impuestos, o sea que no son considerados de primera necesidad. Las mujeres no escogemos tener el periodo. Que una toalla higiénica cueste eso, y tenga casi 20 por ciento de impuestos, es vergonzoso.

SEMANA: ¿Qué puede hacerse para impulsar un cambio?

D.S.: Mi papá me empoderó desde niña. Él me insistió mucho en el valor de la educación. Desde chiquita aprendí que no valgo menos que un niño. Para mí es igual hablar sobre el ciclo menstrual con una niña o con un presidente. Somos iguales y eso se aprende en la casa.

SEMANA: Trabajaron con una comunidad indígena en el Amazonas. ¿Qué pasó allá?

D.S.: En la escuela donde trabajamos, una niña alzó la manito y preguntó que si ella podía quedar embarazada de un delfín por bañarse en el río mientras tiene el periodo. Por más mitológico que eso parezca, esa es su realidad. Las niñas usan retazos de tela o reutilizan una toalla higiénica: la lavan, la tratan de secar y se la ponen otra vez. Les da vergüenza decir que no tienen con qué comprarse una toalla.

SEMANA: Be Girl es un emprendimiento social. ¿Cómo funciona?

D.S.: Las ventas de nuestros productos van a nuestro Empower Bank. Por cada calzón que vendemos, donamos otro a niñas que no tienen acceso a algo que les permita manejar su menstruación de manera digna.

SEMANA: ¿Recuerda cuando a usted le llegó la menstruación?

D.S.: Sí, mi mamá me dijo: “Ya eres una señorita”. Eso fue la muerte. Por fortuna sí tuve los recursos para manejarla de forma adecuada, pero igual fue traumático. La menstruación me quería robar mi libertad.

SEMANA: ¿Cuál es la experiencia que más le ha impactado?

D.S.: Algo que pasó en Tanzania. Siempre les damos cuestionarios a las niñas para conocer su opinión de Be Girl, y leí uno que decía que gracias al cariño de quien hizo esas toallas tan lindas, “me siento orgullosa de ser niña”. La frase en inglés fue: “I feel proud to be girl”, y de ahí salió el nombre de la empresa. En ese momento me di cuenta de que si no vale la pena dar la vida por esto, no vale la pena hacerlo por nada más.

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