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| 11/5/1990 12:00:00 AM

SICOSIS DE SECUESTRO

En Medellín el secuestro, además de ser una realidad, se ha convertido en una paranoia

SICOSIS DE SECUESTRO SICOSIS DE SECUESTRO
La estadística fría (562 secuestros en lo que va del año en todo el país, 205 de ellos en Antioquia) no alcanzó la semana pasada a mostrar con todo su rigor la nueva crisis que vive Medellín: la sicosis del secuestro. Aunque el secuestro no tiene nada nuevo en la capital antioqueña, lo que no ha tenido precedentes es la paranoia que éste ha despertado en el último mes. Después de la sicosis de los carros bomba que se vivió el año pasado, la ciudad pasó a una nueva: la de los secuestros.

Aunque las cifras y los testimonios legitiman esta actitud, lo que están padeciendo los antioqueños pudientes es un verdadero ataque de nervios. De las con versaciones variadas y abundantes chistes, de los aguardientes para cerrar un negocio, de las comidas para echar chismes simplemente, los paisas pasaron al mono tema del secuestro y, por ahora, están parqueados allí:
no hay coctel ni fiesta, ni almuerzo ni reunión, en donde el rutinario "¿Qué más ha habido?" no continúe con una tétrica ronda informativa sobre a quién secuestraron o a quién liberaron. Y, sacando a relucir la proclividad hacia el morbo, los comentarios sociales están llenos de anécdotas sobre cautiverios, complicaciones para pagar rescates, fallidos intentos de secuestro y hasta listas de candidatos a retenciones forzosas.

En tal ambiente, el rumor es ley y la suspicacia norma. Los rumores, por ejemplo, llevan a considerar secuestrado a cualquier personaje de la alta sociedad que decidió tomarse unas vacaciones fuera de época. Basta con que alguien "desaparezca" de los aperitivos en el club, de las clases de golf o no asista a una junta, para que se piense que algo raro está pasando.

La prevención sobre el secuestro ha llegado a generar desconfianza hasta en amigos de toda la vida. Apenas comienza a circular un chisme, no faltan las llamadas de solidaridad de los amigos. Cuando se aclara que el rumor era falso, no se descarta la posibilidad de que se trate simplemente de un acto de discreción mientras dura la negociación, de tal suerte que alguien que se fue a Aruba a asolearse por tres días se vuelve el único tema de conversación, hasta cuando aparece sonriente y bronceado. En algunos casos los rumores han abierto camino a medidas de seguridad que ya no sólo buscan protegerse de "extraños sospechosos", sino hasta de personas allegadas, incluyendo a empleados de confianza, a quienes la paranoia desatada llega a considerar como secuestradores potenciales. Tal es el caso de una pareja que sólo invitó a su matrimonio faltando tres días para la boda, y el lugar de la fiesta solamente fue revelado después de la ceremonia religiosa. Otro muchacho de "familia secuestrable" no cuenta, ni siquiera a sus amigos, dónde está viviendo, por que "uno nunca sabe". Un ejecutivo de BMW resolvió engrosar las filas de los usuarios de taxi, y compró, además, una cachucha para camunarse en el asiento trasero. Aunque nadie sabe si es verdad o es chiste, se habla de "secuestrables" que inflan su cuenta corriente o tienen los CDT listos para ser vendidos en caso de que algo suceda.

Aparte de medidas de seguridad personales, que en muchos casos incluyen renunciar a la costumbre de irse a la finca los fines de semana, la sicosis ha adquirido status de libro de bolsillo. La Cuarta Brigada, en un folleto de cuarenta páginas, puso en circulación su gerencias no solamente para evitar ser secuestrado, sino con instrucciones de qué hacer en caso de caer en poder de secuestradores. A los consabidos "cambie de rutas, evite la rutina" les agregan sugerencias como la de conseguir "uno o dos perros bravos" para cuidar la casa, tener grabadora lista para cuando se produzcan llamadas amenazadoras, darse cuenta en dónde ponen las armas los secuestradores para, en caso de descuido, intentar apoderar se de ellas, y una noticia: la saliva y la orina actúan como tintas indelebles, así que si le dan oportunidad de escribir a los familiares, no olvide ponerle el "sello personal".

El folleto se convirtió en un bestseller la semana pasada en Medellín. Los periódicos lo reseñaron como si se tratara de la última novela de Mejia Vallejo. A pesar de las buenas intenciones el catálogo recibió, por un lado, la censura inapelable de los chistes, y, por el otro, la opinión de su imprudencia: es seguro que en la cárcel de Bellavista deben estar leyéndolo con mucho cuidado.

Aunque la realidad de los secuestros en Medellín es muy ruda, las exageraciones que la paranoia suele llevar consigo les pusieron al tema y a la situación un granito de buen humor. Pero más allá de la sicosis y de la proliferación de rumores malsanos, la verdad es que la ciudad parece estar pagando, de nuevo, el alto precio de la destorcida: el desempleo del sicariato, cuyas bandas no sólo están reteniendo a los empresarios y a sus familiares, sino que han puesto de moda el robo de carros y los asaltos a mano armada a residencia.

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