Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 2013/07/17 00:00

Sigue guerra mafiosa en norte del Valle

El secuestro de un comerciante evidenció que la puja territorial es a muerte. Van 17 muertos en cuatro masacres este año.

. Foto: Luis Ángel Murcia / SEMANA

El pasado fin de semana, la Fiscalía y el Gaula del Ejército propinaron un duro golpe a una banda de secuestradores en el municipio de La Unión, en el norte del Valle. El operativo permitió la liberación del agregado de una finca y un menor de edad. También fueron capturados dos presuntos delincuentes, entre ellos un adolescente.


Aunque los aprehendidos no aceptaron cargos de secuestro simple, fueron cobijados con medida de aseguramiento. Yorman Alejandro Córdoba Gómez fue enviado a un centro carcelario y el menor a un centro de rehabilitación, ambos acusados de participar en la acción criminal.


Lo insólito de este caso es que el plagio del administrador de la finca y el menor era una pieza más dentro del secuestro de otra persona que la banda raptó desde hace varios meses en esa región del país.


Se trata del comerciante Jorge Eliécer Blandón Valencia, oriundo de Cartago, Valle, cuya desaparición se empezó a rumorar desde hace dos meses, pero en su momento no se pudo confirmar el hecho.


Ahora resulta que el rapto del comerciante está ligado al secuestro de La Unión, donde el agregado de la finca y un menor, al parecer fueron plagiados para presionar el pago de una extorsión que supera 2.600 millones de pesos.


Según información que logró acopiar la Fiscalía, esa sería la suma de dinero que Blandón Valencia le adeuda a la banda criminal que lo secuestró. Aún es una incógnita si esa cifra corresponde al monto del rescate, o se trata del cobro de una vieja deuda que la víctima pudo adquirir con algún integrante de la banda criminal.


Semana.com pudo establecer con fuentes oficiales que detrás de ese secuestro estarían integrantes de la banda conocida como La Cordillera, una temida oficina de sicarios que opera en Pereira y Dosquebradas y que, en alianza con los Urabeños, se enfrascó en una guerra territorial a muerte contra Los Rastrojos.


Precisamente, en la actualidad el norte del Valle se convirtió en el epicentro de esa confrontación mafiosa que despierta serios temores sobre la posibilidad de que se reviva una guerra similar a la padecida a comienzos de la década anterior, donde los capos Wílber Varela, alias 'Jabón', y Diego Montoya, alias 'don Diego', se enfrascaron en un enfrentamiento que dejó un millar de muertos en los 18 municipios que integran el norte del Valle.


Para entonces y ahora, la razón de esa guerra radica en que la región es un corredor estratégico hacia el mítico cañón de Garrapatas, una zona agreste y selvática plagada de cultivos y laboratorios de coca. A ello se suma que posee grandes ríos que facilitan sacar la droga hacia el Océano Pacífico y de ahí embalarla hacia Centroamérica, hasta llegar a México o Estados Unidos.


Estela de muertos


Para tener una idea de la estela de muerte y terror que esas dos bandas (Rastrojos y Urabeños) están causando en la zona, basta decir que en lo corrido del 2013, el norte del Valle ha sido escenario de tres masacres (La Unión, Bolívar y Obando) que dejaron un total de 17 muertos y dos heridos. Todos esos casos están ligados a la guerra entre Rastrojos y Urabeños.


El más reciente hecho de violencia se presentó el pasado sábado 13 de julio en el municipio de Obando, donde dos personas fueron asesinadas y otra resultó herida. La acción criminal ocurrió en una finca y todo parece indicar que ese caso está ligado a otra masacre ocurrida el 31 de mayo de este año en esa misma población, donde murieron cuatro personas, entre ellas un exintegrante de los Rastrojos conocido con el alias de 'Torito'.


El primero de julio la región padeció otra masacre; esta vez en el corregimiento Cerro Azul, entre los municipios de Bolívar y Trujillo, donde una incursión armada dejó como saldo media docena de muertos. Los relatos de los testigos de esa acción criminal son escabrosos y recuerdan las peores épocas de la violencia de grupos paramilitares que con listado en mano asesinaban a campesinos. 


Y el 2 de mayo sicarios incursionaron en un establecimiento comercial de La Unión, dispararon contra un grupo de personas y dejaron cinco muertos y un herido. Esta incursión de los sicarios, al igual que todas las anteriores, es atribuida al ajuste de cuentas entre Rastrojos y Urabeños.


El reto de las autoridades es evitar que esa tendencia criminal se mantenga y a toda costa impedir que el norte del Valle de nuevo se convierta en la joya de la corona que se pelean a muerte las organizaciones criminales.

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