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| 9/11/2010 12:00:00 AM

Sigue la novela

El juicio por el asesinato de la diseñadora Clarena Acosta tiene todos los ingredientes de un 'best seller': sexo, sangre, pasión y celos. El caso tiene conmocionada a Barranquilla.

En la reciente audiencia pública que hace parte del juicio contra Samuel Viñas Abohomor por el asesinato de su ex esposa Clarena, salieron a la luz detalles desconocidos sobre la historia de la pareja. Y algunos de ellos podrían explicar su escabroso desenlace.

La semana pasada volvieron a pasar por los estrados de un juzgado barranquillero el hijo mayor de la pareja, Samuel David Viñas; la hermana de la víctima, Liliana Acosta, y su novio, el puertorriqueño Charlie Rodríguez, varios psiquiatras forenses, un primo de Clarena, funcionarios de la Fiscalía y de la Policía judicial. No asistieron Laura, hija de los Viñas, ni David Turbay, el padre de crianza de Clarena, quien envió una carta al juez para manifestar que no quería declarar por su relación con la víctima y por razones de salud.

Durante más de 27 horas, el juez fue testigo de las declaraciones que permitieron reconstruir el contexto en el cual Viñas Abohomor asesinó a Clarena Acosta Gómez el amanecer del primero de enero de 2010. Los testigos recordaron cómo este hecho sucedió en medio de una cena familiar, cuando los Viñas-Acosta celebraban el año nuevo. Esa madrugada, en la que años atrás había sido la residencia de la pareja en el barrio Riomar, de Barranquilla, estaban presentes Laura Viñas Acosta; su hermano menor, Felipe; Liliana Acosta, Charlie Rodríguez y Angie Ahumada, una amiga íntima de Viñas Abohomor que este había invitado a la cena familiar.

Clarena y Samuel estuvieron casados 20 años, hasta que a comienzos de 2009 ella le manifestó que se quería separar y le otorgó poder a una abogada para que iniciara la diligencia judicial ante un juzgado de familia. Aunque el trámite concluyó en octubre de 2009 con un fallo favorable para la demandante, Samuel nunca quiso asistir a las audiencias del divorcio.

Desde mayo hasta diciembre de ese año, Clarena y sus tres hijos vivieron en la casa de la pareja que la había criado cuando ella era pequeña. No obstante, en diciembre Samuel le pidió a su antigua familia que se mudara para la casa en la que habían convivido, y les anunció que él se mudaría a un apartamento solo. La noche del 31 de diciembre todo transcurría normalmente, hasta que Samuel le pidió al puertorriqueño Rodríguez que lo acompañara a su apartamento a recoger un computador en el que -según él- tenía pruebas de la infidelidad de su ex esposa.

Pero pronto aparecieron las evidencias de que las causas irracionales de Viñas tuvieron motivaciones que van mucho más allá de la presunta infidelidad de la mujer. No en vano, en los primeros días del juicio comparecieron los psiquiatras forenses de Medicina Legal que valoraron la condición de Viñas después del homicidio, y concluyeron que Clarena era un objeto sexual para Samuel. En otras palabras, lo acusaron de ser no paranoide sino parafílico, es decir, un voyerista que obtiene satisfacción sexual al tener fetiches, presenciar actos exhibicionistas y observar a su pareja mientras tiene relaciones sexuales con otras personas. Los psiquiatras explicaron, además, que la furia de Viñas no se desató cuando supo que Clarena había tenido relaciones con otro hombre, sino cuando supo que ella se iría de su lado. Uno de los médicos dijo también que Viñas no está loco, pues en el relato de los hechos sobre el homicidio fue coherente, reconoció la ilicitud de sus actos y se entregó a la policía inmediatamente.

Aparte del que dieron los médicos, uno de los testimonios más impactantes fue el de Samuel David, el hijo de 20 años de la pareja, quien declaró que desde hace tiempo su madre estaba inconforme con el trato de su padre: "No la dejaba salir, no podía vestirse como ella quería y ella creía que no se iba a salvar, porque en una ocasión, cuando supo de la demanda de divorcio, dijo que iba a quemar la casa con todos adentro y que después se suicidaría". El joven se notaba nervioso, tartamudeaba y se refería a su padre por su nombre.

Y aunque la semana pasada Laura, la hermana mayor de Samuel David, incumplió como testigo, el juez aceptó como prueba una declaración que ella rindió ante la Fiscalía el 14 de enero. En esa oportunidad, Laura contó que la noche del homicidio su madre no opuso resistencia, estaba vencida y se acostó boca abajo, mientras su padre -con el arma en la mano- iba sacando, una a una, a las personas que se encontraban en la habitación. A Laura la sacó a empellones diciéndole "malparida, hijueputa". Ella bajó corriendo a pedirle al vigilante que llamara a la policía, pero este se negó a hacerlo porque Viñas le había dicho que todo estaba bien.

El momento más difícil del proceso fue el lunes 6 de septiembre, cuando se presentó como testigo el italiano Fabio Ferrari, a quien Clarena había conocido por Internet y con quien sostenía una relación sentimental. El mismo Ferrari declaró que se había visto en Italia con Clarena y con Samuel, y, al parecer, este le dio las llaves de la habitación para que estuviera sola con Ferrari. El italiano respaldó la hipótesis de los psiquiatras e insistió en que Samuel la obligaba a tener relaciones con otros hombres desde hace mucho tiempo y que por eso ella no quería seguir casada. También afirmó que Clarena le había contado que Samuel Viñas lavaba dinero mediante unos compradores de ropa.

Por último, durante toda la audiencia salieron a relucir los traumas y problemas que en sus vidas habían tenido que sufrir Clarena y su hermana Liliana. De niñas, no fueron criadas por su madre biológica, quien tenía problemas mentales. Fueron adoptadas por una tía casada con el abogado David Turbay Burgos, quien hizo de padre. En el interrogatorio, Liliana contó que en su infancia habían sufrido abusos sexuales por parte de un miembro de la familia que iba con frecuencia a la casa de los Turbay, y que ella le había contado a una tía. "No solo no me creyeron, sino que dijeron que estaba loca", aseguró. Sin embargo, causó sorpresa que ella misma señalara que le había producido mucho dolor ver a Samuel sufrir porque su hermana lo había dejado de querer: "A mí me hubiera gustado sentirme como una reina, pues así trataba Samuel a mi hermana", dijo. Esa afirmación generó rechazo en el resto de integrantes de la familia de Clarena, quienes suponen que Viñas hizo algo para inclinar parte del testimonio de Liliana a su favor. Lo único del testimonio de la hermana de la víctima que se acerca a la versión de los psiquiatras es el aparte en que ella dijo que cuando Clarena le contaba intimidades, le decía que Samuel era "muy intenso".

Hubiera sido mucho más fácil y menos penoso para su familia que Samuel Viñas hubiera aceptado el homicidio desde un comienzo y que no expusiera al escarnio a su ex esposa muerta, a sus hijos y a sus amigos. Más aún cuando en los juzgados se han develado tantas intimidades. Sin embargo, no fue así, y a pesar de días y horas de audiencias, los motivos esenciales que llevaron al empresario barranquillero a asesinar a su ex esposa aún no se conocen del todo. Los hijos de los Viñas esperan que las razones del crimen se esclarezcan pronto. Creen que solo así sabrán en qué lugar de la memoria pondrán la tragedia en la que los protagonistas fueron sus propios padres.
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