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| 9/26/2013 12:00:00 AM

Pasó la horrible noche en Uniautónoma

Silvia Gette fue excluida del principal gobierno de la Universidad Autónoma. Más de mil estudiantes solicitaron reingreso.

En menos de cinco meses varios cambios de fondo ha habido en la Universidad Autónoma del Caribe. Esos cambios eran realmente impensables antes de mayo, cuando los órganos de gobierno del centro universitario todavía estaban controlados por personas incondicionales a la exrectora Silvia Gette Ponce, quien enfrenta investigaciones por delitos tales como homicidio, intento de soborno y concierto para delinquir agravado.

Pero el 22 de mayo, tras la elección del abogado Ramsés Vargas Lamadrid como rector, las cosas comenzaron a cambiar. Y los cambios han sido un poco a la brava porque ha habido resistencia de parte de quienes todavía controlaban la universidad bajo la sombra de Silvia Gette A Vargas intentaron deponerlo el 16 de julio en una reunión de Sala General ilegítima, reunión que fue calificada por el rector Vargas como una ‘emboscada fallida’. Días antes de eso, Vargas se vio obligado a sacar a su familia de la ciudad ante amenazas contra su integridad.

Pero en las dos últimas semanas el poder de Silvia Gette ha desaparecido casi por completo. Hace cinco días, el pasado 19 de septiembre fueron cambiados 11 de los 18 miembros de la Sala General y el rector Vargas Lamadrid había sido ratificado previamente para un periodo de cinco años. También se tomaron importantes decisiones en materia financiera que ponen fin a los negocios que Silvia Gette había urdido durante una década.

El pasado 14 de septiembre la universidad decidió no continuar con el convenio que tenía con el Instituto de Lenguas del Caribe de propiedad de la firma Gette Ponce S.A.S., y de manera unilateral también anunció la terminación del contrato de arriendo del inmueble donde funcionaba la facultad de derecho, la cual regresará a las instalaciones principales de la entidad educativa. Con estas decisiones la universidad intenta asegurar el uso racional de recursos financieros y humanos, asegurar la calidad educativa y proteger el patrimonio de la universidad.

La comunidad universitaria cree que el mal momento que había vivido la universidad en los últimos años, terminaron. Nadie se explica cómo, una institución educativa que tiene 62 registros calificados, 10 maestrías, 19 especializaciones y 12.743 estudiantes matriculados, haya estado sometida a la voluntad de una sola persona. ‘Esos registros, maestrías y especializaciones, afirma el rector Vargas, es la evidencia de que la Autónoma cumple con los requisitos de docencia e investigación que exige el gobierno nacional.

Semana.com habló con el rector Vargas, quien dice que está construyendo sobre lo que encontró porque durante estos 46 años se hicieron cosas buenas.

Semana.com:¿Qué enseñanza le dejaron a la universidad los penosos episodios vividos?

Ramses Vargas: La lección aprendida es que cuando las personas y las instituciones se alejan de sus principios fundacionales, comienzan los problemas. Durante 46 años la Autónoma construyó una educación de calidad dirigida a sectores sociales sin acceso a la educación superior.

Semana.com:¿Qué pasó, por qué ocurrió algo así en una universidad tan arraigada en Barranquilla?

R.V.: Quienes estuvieron a cargo distrajeron el foco a unos temas distintos a los que inspiraron su creación. El resto es historia: noticias de crónica roja y páginas judiciales que en buena hora lo vemos como momentos que ya pasaron. Es insólito lo que se vivió, esta es una universidad que integra el Caribe académicamente. El 40 por ciento de los estudiantes vienen de los ocho departamentos de la Costa Caribe y el resto son de Barranquilla y el departamento del Atlántico.

Semana.com: ¿Qué encontró entre profesores y empleados al asumir la rectoría?

R.V.: Una universidad con un cuerpo profesoral y de empleados administrativos con un promedio de antigüedad de 15 años, que vivieron en un ambiente de zozobra, el menos apropiado para la academia, lo que dio origen a esas situaciones de escándalo que se han visto recientemente.

Semana.com: A los dos meses de haber asumido hubo un intento para deponerlo…

R.V.: Fui nombrado por unanimidad del Consejo Directivo y comencé a hacer lo que me obligan los estatutos y la ley, a ejercer las funciones de rector, apoyar la docencia e investigación y en ese orden de ideas hacer todas las reformas administrativas y financieras que reclama la universidad, mucho más viniendo de la crisis tan maluca que encontré. En desarrollo de esas funciones comencé a pisar callos e identificamos cosas que no estaban bien hechas, que demandaban corrección urgente, decisiones que fueron informadas y compartidas con el ministerio.

Casualmente esas circunstancias coincidieron con un momento en que arreciaron amenazas contra mi vida, lo cual denuncié en la fiscalía. Y a medida que encontraba cosas y exigía correctivos, en la misma medida arreciaban las amenazas de muerte.

Semana.com: ¿Quiénes detuvieron o impidieron el regreso de los incondicionales de Silvia Gette?

R.V.: En los primeros dos meses, hubo momentos difíciles, tuve que tuve que sacar a mi familia del país. Cuando los sectores minoritarios quisieron sacarme, los estudiantes, los profesores, los funcionarios y egresados no lo permitieron y hubo manifestación de más de 500 personas que coreaban: ‘no volverán’.

Semana.com: ¿Qué pasó con las irregularidades que encontró?

R.V.: Los temas relacionados con los escándalos recientes están en manos de las autoridades y serán ellas en sus competencias las que resolverán lo que hay que decidir e individualizarán responsabilidades.

Semana.com: ¿Qué fue lo que puso a disposición del Ministerio de Educación?

R.V.: Cuando asumí la rectoría sabía que para sacar a la universidad adelante tenía que apoyarme en el Ministerio de Educación, cumplir con la política de educación superior, pero colaborar para que las autoridades ejercieran su función de inspección y vigilancia. He entregado toda la información que ha requerido el ministerio, y solicité que vieran lo que estamos haciendo al identificar errores e indelicadezas del pasado. La autonomía universitaria no es para hacer lo que se quiera, es un servicio público que exige deberes y extrema delicadeza con las matrículas que pagan los padres de familia.

Semana.com: ¿Le tocó hace cambios en algún nivel directivo?

R.V.: Sí se han hecho, pero sin señalar ni perseguir a nadie, buscando sólo el bienestar universitario. La universidad pasó al siglo XXI.

Semana.com: El año anterior se decía que la universidad estaba en crisis y era insostenible financieramente. ¿Cuál es el aspecto más difícil de superar?

R.V.: Las dificultades que encontré son subsanables, lo que hay es que hacer una buena gestión para seguir cumpliendo con el servicio educativo. El mayor reto que afronto es el cambio cultural en el sentido que la comunidad académica entienda que esta universidad no le pertenece a nadie sino a la comunidad académica. Esto no es de una persona ni de una familia. Es una entidad sin ánimo de lucro cuyo principal objeto es brindar educación superior.

Semana.com: A raíz de los señalamientos que se hicieron contra la exrectora, muchos estudiantes y profesores se retiraron, se sentía un ambiente pesado y una universidad satanizada socialmente…

R.V.: Viví más de una década fuera del país trabajando con Naciones Unidas, o sea que lo se dice de las relaciones con los paramilitares no me consta, pero hubiera tenido las mismas prevenciones y me hubiera preguntado si este era el mejor lugar para estudiar. Lo que sí le puedo decir es que en este renacer de la Autónoma hemos tenido más de mil solicitudes de reingreso y muchas personas que estuvieron vinculados en algún momento, como docentes o directivos, han manifestado que creen en el proceso y quieren volver. No me da miedo decirlo, ya la horrible noche pasó.
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