Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/03/24 00:00

Sin la compañía de Jesús

Después de 90 años de fundar y acompañar la labor social de la de Fundación Social, dueña de Colmena y Caja Social, los jesuitas decidieron dejarle su manejo a los laicos

De Roma viene lo que a Roma va. Así como a comienzos del siglo pasado un jesuita español, convencido de que la transformación de este mundo la debía liderar la Iglesia a través de obras y no de palabras, le dio vida a la Caja Social, este año la Compañía de Jesús decidió que su ciclo terminó y que este proceso debe continuar en manos de los laicos. En otras palabras, esto significa que 92 años después la Fundación Social, dueña de Colmena y el Banco Caja Social y con un patrimonio superior a 250.000 millones de pesos, no tendrá la orientación social de la Compañía de Jesús.

Esto no quiere decir que los jesuitas hayan sacado su plata de estas empresas. Contrario a lo que muchos colombianos creen, estas entidades nunca tuvieron dinero de los jesuitas, ni esta comunidad era accionista ni las controlaba. Simplemente, durante estos 90 años, velaban porque los ahorros de los pobres y sus rendimientos fueran usados en obras sociales para su beneficio.

Para entender mejor esta decisión es necesario ver la historia de esta unión de religiosos y laicos, que dio vida a un modelo de desarrollo ejemplo en América Latina. En 1911 el padre José María Campoamor fundó el Círculo de Obreros de Bogotá, que a la vez era dueño de la Caja de Ahorros. Esta fue creada con plata de socios activos (obreros y obreras) y recursos de socios protectores (señores y señoras ricos e influyentes de la sociedad) con el fin de buscar el mejoramiento de las condiciones de vida de los pobres.

Este esquema se fortaleció aún más a comienzos de los 70, cuando se dio una transformación en el negocio financiero y fue asumido por banqueros laicos profesionales. Este proceso llevó al fortalecimiento de la Caja Social y la creación de Colmena y sus filiales, y terminaría en 1984 con la consolidación de la Fundación Social.

Como todas las utilidades del negocio eran invertidas en obras sociales, es aquí donde la Compañía de Jesús, los jesuitas, desempeñaban un papel importante: velaban porque el espíritu social de la obra se mantuviera. En otras palabras, la Fundación tenía un presidente y un consejo directivo, conformado por laicos, que manejaba el negocio de los bancos, pero había un director social y un consejo social, liderado por jesuitas, que vigilaban que los rendimientos fueran invertidos en obras sociales que transformaran la vida de los pobres.

Si bien "en el imaginario de los colombianos se cree que la Compañía era dueña de estas empresas y que incluso tenía millonarios recursos allí, eso no es cierto, pues desde que fue fundada se tuvo el máximo cuidado de que los jesuitas no tuvieran injerencia en el negocio financiero ni se beneficiaran de él", explica el padre Horacio Arango, provenzal de esta orden en Colombia.

Pero la crisis financiera de 1998 los afectó, como a la mayoría de bancos y corporaciones. Esto llevó a un replanteamiento del negocio y la venta de algunos negocios, como Salud Colmena. La Fundación pasó de 10.000 empleados a unos 5.000 y la inversión social cayó de unos 20.000 millones de pesos al año a unos 7.000 millones.

Lo importante "es que la entidad no sólo superó la crisis, sino que salió consolidada. Hoy la Caja Social es un banco y, junto a Colmena, son unas entidades sólidas y rentables. En este momento el patrimonio de la Fundación Social es de unos 250.000 millones de pesos", dice Alvaro Dávila Ladrón de Guevara, presidente de la Fundación Social.

El período de crecimiento y crisis de los 90 coincidió con la decisión de la Congregación de Provenzales de los jesuitas en Roma, que decidió en 1995 que la comunidad se debe poner al servicio de los laicos, es decir, trabajar en compañía con las personas para construir una sociedad más justa. Esto significa delegar el mayor número de responsabilidades.

"Por eso desvincularnos de la Fundación Social era lógico. Eso nos llevó a impulsar un cambio de estatutos que le entrega la dirección social y el consejo social a los laicos, es decir, que los jesuitas se retiraron de la Fundación. Este es un acto de confianza en ellos y sabemos que seguirán adelante con la obra. Si la entidad tuviera problemas financieros o dificultades futuras no nos retiraríamos. Nos retiramos porque sabemos en manos de quién queda y porque sabemos que seguirán adelante con la obra social creada por el padre Campoamor", dice el provenzal de los jesuitas.

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