Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2001/07/16 00:00

Sin dejar huella

La desaparición de la identidad es el último método de la delincuencia para evitar ir a la cárcel.

Sin dejar huella

La operacion se realizo en la madrugada y nada podía salir mal. Los hombres del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tenían plena certeza de que en ese apartamento del norte de la ciudad encontrarían a Dumar Guerrero Castillo, uno de los hombres más importantes en la estructura de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quien era sindicado por la Fiscalía, entre otros delitos, de coordinar las masacres de Puerto Alvira y Mapiripán (Meta), en donde fueron asesinadas 68 personas en 1997. El allanamiento era la fase final de meses de inteligencia que incluían seguimientos, filmaciones, intercepciones telefónicas, entre otros. “No teníamos ninguna duda de que era Dumar Guerrero, teníamos datos muy exactos ”, afirmó uno de los detectives.

Pero al ser interrogado Guerrero negó ser quien buscaban. Enseñó a los hombres del DAS una cédula y una licencia de conducción a nombre de Simeón Medina Hurtado, e incluso un permiso para portar una pistola 9 milímetros a ese nombre. Todos los documentos parecían legales pero nada de esto persuadió a los hombres del DAS, seguros de que habían hecho bien su trabajo. Sin embargo, al llegar con el detenido a sus dependencias y comenzar el proceso de identificación los sabuesos se encontraron con una sorpresa. Cuando pidieron la cartilla decadactilar y el registro de la cédula de ciudadanía de Dumar Guerrero a la Registraduría Nacional, de esa entidad respondieron que ese nombre sencillamente no existía.

El esfuerzo de meses de trabajo de inteligencia y el operativo del 6 de mayo estaban a punto de perderse. “A pesar de saber que él era el paramilitar requerido por la Fiscalía no teníamos cómo demostrar que efectivamente era él ”, dijo a uno de los detectives.

Con el paso de las horas el desespero comenzó a invadir a los hombres del DAS. En ninguna entidad del Estado o del sector privado había rastro de la cédula original, las huellas dactilares o algún tipo de dato de Dumar Guerrero. “Era como buscar a un hombre invisible”, afirma uno de los investigadores. Lo que desconocían los detectives es que pocos meses antes Guerrero había pagado varios millones de pesos a una red que trabajaba con algunos miembros de la Registraduría para eliminar de los archivos cualquier registro sobre su identidad y crearle otra nueva, sin antecedentes y completamente ‘legal’. “Le inventaron una vida totalmente nueva ”, dijo uno de los detectives

Todo indicaba que tendrían que dejar en libertad a quien consideraban el cuarto hombre de las AUC. Pero, como cuentan, “cuando desaparecieron los datos de Guerrero se olvidaron de un detalle: eliminar unas microfilmaciones de las cédulas que existen en los archivos de la Registraduría. Faltando pocas horas para dejarlo ir aparecieron y pudimos demostrar quién era”, explicaron.

En el caso de Guerrero la suerte jugó a favor de la ley. Sin embargo, como afirmaron investigadores del DAS, CTI y Dijin, esa fue una excepción. Para judicializar a alguien el primer paso es la plena identificación. Y cada vez son más frecuentes los casos en los que no es posible identificar a los delincuentes, ante lo cual no hay otra opción que dejarlos libres.



Hombres sin historia

Se trata de un refinamiento de los antisociales, que siempre han usado documentos falsos. Ahora van más allá, pues junto con la desaparición de su identidad legal adquieren una nueva que parece completamente normal. “Ellos saben que podemos detectar los documentos falsos y han optado por métodos que les permiten eliminar o cambiar totalmente de identidad con documentos legales”, dijo a SEMANA uno de los miembros de la división de grafología de la Dijin.

Los métodos son variados (ver recuadros). En todo caso lo más inquietante es que la desaparición completa de la verdadera identidad es el que más ha aumentado. La explicación, según los miembros del Grupo de Verificación de la Policía Judicial del DAS, es el vertiginoso incremento en el número de integrantes en las filas de los grupos al margen de la ley, tanto guerrilleros como paramilitares. “Todos ellos, sin importar el rango, lo primero que hacen es desaparecer su pasado para que si son capturados o muertos no se pueda rastrearlos”, dijo uno de los detectives. Para los funcionarios del CTI cuantificar los delincuentes que han desaparecido sus identidades es muy complejo, aunque creen que puede rondar las 150.000 personas en los últimos tres años.

Esa es una especulación. Sin embargo una cifra concreta sirve para mostrar la dimensión del fenómeno. Durante el segundo semestre de 2001 el CTI y el DAS ejecutaron más de 400 operativos en los que los investigadores tenían plena certeza técnica sobre la identidad de los sindicados, desde narcotraficantes hasta homicidas. En el 90 por ciento los delincuentes desaparecieron cualquier rastro de su identidad y en 350 de ellos tuvieron que dejarlos libres. La identificación de los demás fue posible gracias a que la Fiscalía, la Dijin y el DAS han creado sus propias bases de huellas y datos. Sin embargo, como lo reconocen sus funcionarios, aún es muy limitada la información que allí se maneja.

Para contrarrestar este fenómeno esos organismos han efectuado operativos con agentes encubiertos en la Registraduría, tanto la Nacional como las departamentales, con el fin de desmantelar las redes y capturar a los funcionarios que colaboran con los delincuentes. Tan sólo hace dos meses, y después de permanecer infiltrados, agentes del CTI y del DAS capturaron a dos funcionarios de la Registraduría Nacional y seis de la Distrital.

Este tema tiene preocupado al registrador nacional, Iván Duque Escobar, a quien los funcionarios de los organismos de seguridad le reconocen su gran valentía y colaboración para terminar con lo que él ha llamado “las mafias de las cédulas”. Sin embargo todos saben que la solución no es fácil. Según uno de los oficiales de la Dijin, “mientras exista alguien dispuesto a ofrecer plata siempre habrá alguien dispuesto a recibirla. Y para acabar con los cambios de identidad primero hay que terminar con la corrupción. Mientras eso no suceda no se va a poder evitar que en el país existan más delincuentes que no pueden ser encarcelados porque sencillamente no existen”.

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