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| 12/25/1995 12:00:00 AM

SIN RASTRO ALGUNO

Tres semanas después, el secuestro del pequeño Augusto Castro sigue sin resolverse y el fenómeno del plagio infantil sigue creciendo en Antioquia.

LA HISTORIA YA ES CONOcida. Hace 20 días el pequeño Augusto Castro salió de su casa con sus hermanos para el colegio Los Corazonistas. Pero poco antes de llegar al plantel Tin, como cariñosamente lo llaman sus amigos, fue abordado por varios hombres armados que a la fuerza lo subieron en un carro y se lo llevaron. Desde entonces nadie sabe nada de su paradero.
El secuestro de Tin, campeón mundial de bicicross en la categoría de 8 a 10 años, conmovió al país. En la casa de los Castro la pesadilla no termina. El único recuerdo que tienen sus padres son las fotos que cuelgan de las paredes de la sala, el comedor, los cuartos y el estudio. La mayoría de ellas recogen momentos inolvidables de los campeonatos de bicicross. En un rincón de la sala su madre, María del Pilar, montó un pequeño altar con la imagen de María Auxiliadora, alumbrada por tres veladoras. Pero los rezos no han sido suficientes para que los captores le devuelvan a su pequeño hijo. Ella, junto con don Augusto, estallan en llanto cada vez que se preguntan por qué secuestraron a Tin.
El drama de los Castro tiene compungidos a los paisas. Todos los días llegan cientos de cartas de solidaridad. Una de ellas está firmada por su mejor amigo, Sebastián Serna. "Tin es el mejor hijo del uníverso. Es el mejor deportista y el mejor compañero que yo he tenido en mi vida. Hoy todos somos desgraciados porque no está con nosotros. Yo no entiendo por qué nos hacen sutrir de esa manera. Tenemos que tener fe en Dios", dice el pedazo de papel que Sebastián, de 9 años, escribió unos días después del secuestro de su amigo.
Su hermano mayor Juan David está destrozado. Las pesadillas no lo dejan dormir. En las madrugadas despierta lloroso y repite una y otra vez cómo fue que los hombres armados cargaron con su hermano sin que él pudiera hacer nada.
El mismo día en que secuestraron a Tin, a pocas cuadras de allí, en el colegio José María Berrío otro grupo de hombres cargó con el pequeño Sebastián López Betancur. Dos días después dos pequeñas de 7 y 9 años también fueron secuestradas cuando salían con su padre de una finca en los alrededores de Medellín. Ellos hacen parte de los 21 niños que hoy se encuentran en manos de la delincuencia organizada.
Las autoridades tienen varias hipótesis sobre estos secuestros. La principal de ellas apunta hacia grupos relacionados con la subversión. En ninguno de los casos descartan la participación de empleados de las familias que conocían en detalle la rutina de los pequeños. El gobernador de Antioquia, Alvaro Uribe Vélez, hizo un severo pronunciamiento sobre estos casos y señaló la semana pasada que el secuestro de los pequeños obedece a una confabulación de la guerrilla con el narcotráfico. Señaló que los secuestradores operan en una vasta zona del nordeste antioqueño. "Todos los valores de la guerrilla se perdieron. Ya no existe la guerrilla de ideas revolucionarias, ahora los subversivos se asemejan cada vez más a las bandas de delincuentes comunes que extorsionan y secuestran", dijo Vélez visiblemente contrariado ante los medios de comunicación.
Mientras las autoridades buscan infructuosamente una pista que los conduzca a la liberación de Tin y de los otros jovencitos paisas, en el Palacio de Exposiciones la Policía instaló varias líneas telefónicas en busca de ayuda de la ciudadanía que permita encontrar a los pequeños.
El recién creado grupo antisecuestro Gualas está apoyando las labores de búsqueda de las autoridades antioqueñas. Pero hasta el momento los resultados han sido estériles. La única pista que tienen es una llamada a la casa de los Castro que hizo un hombre y exigió una fuerte suma de dinero por el rescate del menor.
Mientras tanto, en la habitación de Tin reposa la colección de motocicletas y un enorme cubo con los muñecos Gi Joe. En la repisa están los trofeos que este pequeño deportista ha logrado en las pistas de ciclocross. Y en el closet están colgados los uniformes de Manzana Postobón que todos los sábados lucía para competir en el deporte que lo hizo famoso.
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