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| 1/19/2009 12:00:00 AM

Sin sotanas a la vista

La guerrilla desconfía de los sacerdotes colombianos como garantes para la liberación de secuestrados. ¿También veta al Vaticano?

Cuando parecía que se despejaba el camino de las liberaciones prometidas por las Farc, surgió un nuevo escollo. La guerrilla pidió la presencia de una delegación internacional como garante y de inmediato el gobierno dijo que autorizaba al Vaticano para hacer parte de la misión humanitaria. La reacción de sectores cercanos a la insurgencia es que éstas no aceptarían a la Iglesia como facilitadora. Pero el gobierno no está hablando de la Iglesia colombiana, sino del Estado del Vaticano, y aún la guerrilla no se ha pronunciado sobre su rechazo o aceptación. Lo que sí quedó en evidencia es que hay una profunda fractura de la confianza de esta guerrilla en los sacerdotes colombianos que en el pasado tenían al menos alguna interlocución con este grupo armado. ¿Qué pasó?

Tres factores han sido fundamentales: el Plan Patriota, la lucha por el protagonismo entre los mediadores y las diferentes visiones que hay en la Iglesia sobre el conflicto.

Al comienzo del primer gobierno de Álvaro Uribe, la Iglesia, representada por monseñor Augusto Castro y el padre Darío Echeverri, tuvo dos reuniones con los delegados de las Farc para el tema humanitario. Por parte de la guerrilla asistieron 'Raúl Reyes', 'Joaquín Gómez', 'Fabián Ramírez' y 'Martín Sombra'.

Monseñor Castro había sido obispo de San Vicente del Caguán y conocía como pocos a los guerrilleros, pues había estado cerca de ellos en la vida cotidiana, y había hecho de facilitador en episodios como la liberación de los soldados de Las Delicias. Echeverri, por su parte, como presidente de la Comisión Nacional de Conciliación, había realizado diferentes gestiones en favor del intercambio humanitario. En estas reuniones se exploraron diversas opciones para resolver el escollo del despeje que parecía insalvable.

La iglesia ofreció alternativas como negociar a bordo de un buque francés en el río Putumayo, en un internado indígena cerca de Mitú y hasta en que se fijara una sede temporal de la nunciatura apostólica cerca de Brasil para iniciar los diálogos. Ninguna propuesta les sonó a los guerrilleros, quienes estaban acosados por todos los flancos por el Plan Patriota. La guerrilla entonces le pidió a la Iglesia que se pronunciara contra la campaña militar del gobierno y que hiciera presión para bajar las hostilidades de la fuerza pública si es que querían seguir adelante con las reuniones. Pero la Iglesia no hizo el esperado pronunciamiento y mucho menos logró que aflojaran las operaciones. Por el contrario, la guerrilla ha dicho en varias ocasiones que después de cada reunión con los miembros de la Iglesia, venían bombardeos contra sus hombres y sus campamentos.

A eso se sumó que el cardenal Pedro Rubiano hizo algunas declaraciones públicas contra las Farc en las que, según la guerrilla, tomaba partido abiertamente por el gobierno, lo que anulaba el carácter neutral de su mediación. Este, sin embargo, parece ser más un pretexto que una razón de fondo. Al fin y al cabo se sabe que en la Iglesia hay diferentes tendencias y lecturas sobre el conflicto colombiano, pero ello nunca ha sido obstáculo para su labor humanitaria.

Por eso la razón de fondo parece ser más política. Al tiempo que los prelados hacían sus gestiones humanitarias, otros mediadores de carácter más político también se reunían con las Farc -como Álvaro Leyva, o los tres países europeos- y les ofrecían comparativamente escenarios de mayor protagonismo. Algo que la Iglesia no podía brindarles, especialmente cuando los sectores más conservadores, encabezados por Rubiano, llevaban la vocería.

Es así como la Iglesia quedó por fuera de la mediación para lograr el intercambio humanitario. Sin embargo, aunque existen versiones extra oficiales de que las Farc rechazan la participación de la Iglesia, todavía no ha habido un pronunciamiento oficial vetando al Vaticano.
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