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| 7/21/2012 12:00:00 AM

Sistema de salud: recetario de urgencia

El gobierno anunció un ambicioso paquete que busca parar la crisis que tiene al borde del colapso al sistema de salud y devolverle al Estado su papel de jefe de la salud pública.

Así como hace un año el presidente Juan Manuel Santos denunció la forma como se estaban robando la plata de la salud, el jueves le mostró al país el poderoso extintor, cargado de decisiones y medidas, con el que su gobierno aspira a apagar el incendio en el que se encuentra el sistema de salud creado por la Ley 100 de 1993.

En la Casa de Nariño, acompañado por la ministra Beatriz Londoño, el gobierno dejó en claro que está dispuesto a hacer cambios importantes y asumir riesgos, pero que no va a hacer ninguna contrarreforma ni mucho menos crear un modelo público en el que el Estado sea el único administrador, pagador, regulador y rector, como algunos han pedido. "No vamos a acabar el sistema actual ni tampoco a volver al sistema anterior a 1993, sino a centrar todos nuestros esfuerzos para que los colombianos tengan mejor servicio y para que seamos eficientes y transparentes en el manejo de los recursos públicos. Vamos a trabajar por la salud", dijo Santos.

En otras palabras, el sistema creado en 1993 sufrirá cambios importantes y medidas financieras, institucionales y técnicas para aliviar en el mediano plazo las dificultades que hoy tienen al borde del cierre a hospitales, clínicas y EPS. La primera gran medida es inyectar, en menos de un mes, 1,2 billones de pesos a las clínicas y hospitales a través de varias fuentes. La más importante será la cancelación de al menos una parte de las deudas que EPS, alcaldías, gobernaciones y el propio Estado tienen con ellos por servicios prestados hace meses y años, que están enredados en trámites burocráticos. "Hemos hecho un profundo arqueo que nos demuestra que estas deudas pueden acercarse, en los dos regímenes, a los 2 billones de pesos. Lo que vamos a hacer, con acompañamiento de la Contraloría y la Procuraduría General, es revisar, saldar deudas y hacerle seguimiento al uso de esos recursos por parte de los hospitales y clínicas", dijo a SEMANA la ministra Londoño.

La segunda medida estructural está centrada en un decreto que fijará duras condiciones financieras, técnicas y administrativas para el funcionamiento de las EPS y que hará, en poco tiempo, que queden solo entre 15 y 20, frente a las 70 que hoy operan. En este punto, necesariamente el gobierno deberá decidir cuáles quiere acabar, fusionar o fortalecer. Incluso, ya se habla de la necesidad de nacionalizar algunas, como Saludcoop, o de inyectarles capital público a través de créditos o títulos públicos para que puedan fortalecerse y seguir funcionando, tal y como se hizo con los bancos hace más de una década. "Para el régimen subsidiado se requiere que exista, como mínimo, una gran EPS pública", dijo la ministra.

Y la tercera gran medida, que rompe parcialmente el modelo creado por la Ley 100, está en que el Estado responderá directamente, o a través de un convenio, por la atención de los colombianos que viven en gran parte de los antiguos territorios nacionales o en zonas donde las EPS no pueden garantizar un servicio eficiente.

Se puede concluir que todas las medidas anunciadas el miércoles en la Casa de Nariño dejan en claro que el Estado tomó la decisión de reasumir su papel de director, garante e inspector de la salud pública. Lo hará al reorganizar la Superintendencia de Salud, al flexibilizar en algunos casos la rígida Ley 100 y al fortalecer el papel del Ministerio de Salud.

Sin duda, el recetario lanzado el viernes pasado, que en parte ya está siendo aplicado, es ambicioso, será doloroso y tomará tiempo. Los problemas de atención, los paseos de la muerte y las trabas que hay para que una persona sea atendida no se acabarán la próxima semana, pero, según varios expertos consultados por SEMANA, las reformas apuntan a atacar gran parte de las enfermedades que están destruyendo el sistema de salud. Por ahora, tal y como ocurre con los pacientes muy graves, hay que esperar a que el tiempo pase para ver si el tratamiento da resultado.
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