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| 6/30/2012 12:00:00 AM

SITP, sobre la marcha

Esta semana entra en operación el Sistema Integrado de Transporte Público en la capital del país con algunos asuntos por resolver como los paraderos y el recaudo. Hacer ajustes en el camino conlleva sus riesgos.

El 23 de julio de 2009, el entonces alcalde de Bogotá, Samuel Moreno, firmó el decreto 309 que adopta el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) para la capital. Casi tres años después, y bajo una nueva administración, arrancó oficialmente la operación de esta ambiciosa política de movilidad que pretende enmarcar bajo un mismo esquema los distintos modos de transporte: buses tradicionales, articulados y, de convertirse en realidad en el futuro, trenes, tranvías y cables.

Con la inauguración, el pasado sábado, de dos estaciones de la troncal de TransMilenio de la calle 26 y tres rutas alimentadoras, el gobierno distrital dio la largada a un proceso de unos 18 meses durante los cuales entrarán en funcionamiento 13 zonas en las que se dividió la ciudad. Entre julio y septiembre se abrirán las restantes estaciones sobre la avenida Eldorado y la troncal de la carrera décima. Solo hasta principios de agosto rodarán por Fontibón y Engativá la flota de buses en las rutas barriales del SITP. La gradualidad no es gratuita: el Distrito busca evitar que se repita la experiencia de Transantiago en Chile, cuyo traumático estreno generó disturbios y una crisis política en la capital austral.

Al mismo tiempo que se revelaba este cronograma, el alcalde Gustavo Petro anunciaba rebaja del precio del pasaje para el sistema TransMilenio en horas pico y valle y de los buses tradicionales, así como el costo de 300 pesos para el transbordo en el SITP. Así mismo, este martes 3 de julio entra en vigor el nuevo ‘pico y placa’ que excluirá un sector del sur capitalino y que aplicará por números pares e impares.

El mes de julio concentra la puesta en funcionamiento de este amplio abanico de medidas con las que el Distrito busca resolver la crítica situación de movilidad en Bogotá. Igualmente, constituye una apuesta de la administración Petro para retomar la iniciativa en este importante tema en momentos en que, según los más recientes sondeos, el rechazo a la gestión del alcalde sigue alto y el optimismo de los ciudadanos, en caída.

Si bien la puesta en funcionamiento de la calle 26 ayudará a dejar atrás este símbolo de la corrupción y el descalabro institucional de la capital, expertos consultados por SEMANA coinciden en disparar algunas alertas sobre los anuncios del burgomaestre. La primera de ellas se relaciona con el SITP. Los buses no son los únicos componentes en la entrada en operación de un sistema de esta naturaleza; también importan el soporte tecnológico, la infraestructura, la socialización al usuario y la capacidad institucional. Aunque la Alcaldía ya cuenta con los vehículos, los 6.700 paraderos programados no se han instalado y aún hay mucho desconocimiento dentro de la ciudadanía sobre cómo funcionarán los buses.

El Instituto de Desarrollo Urbano abrió apenas la semana pasada una licitación por más de 7.000 millones de pesos para la construcción de estos equipamientos y altos funcionarios distritales han hablado de pedagogía “sobre la marcha”. Esta preocupación sobre la falta de información también cobija al pico y placa: más allá de los chistes que generó en las redes sociales, aún no son claras las reglas de esta nueva restricción y los protocolos en la frontera entre la zona vigente y la excluida.

Otra preocupación gira en torno a las tarifas. Con las rebajas anunciadas Petro tira por la borda el principio de autosostenibilidad financiera del transporte público y abre la puerta a una nueva etapa de subsidios gubernamentales. Por más atractivos que estos precios sean para los usuarios, el Distrito tiene la responsabilidad de informar cuánto le costará a las finanzas públicas esta decisión y, lo más importante, de dónde saldrá el dinero para pagarla. Sin una fuente nueva y estable de recursos –un estimativo conservador habla de 1 billón de pesos al año–, la Alcaldía tendrá que pasar monedas de un bolsillo a otro.

Pretender que un sistema como el SITP no sufra algunos fallos en el inicio de la operación es injusto. Sin embargo, la lista de temas por chequear, como los paraderos, el recaudo unificado, las estaciones, la pedagogía y el modelo financiero, es larga. Resolver tantos problemas sobre la marcha conlleva altos riesgos.
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