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| 10/17/2004 12:00:00 AM

Sobre la cuerda floja

Una norma que podría dejar los circos sin animales tiene a los artistas colgados del trapecio y haciendo maromas para impedir su aprobación.

Si el presidente Álvaro Uribe avala un decreto reglamentario de las normas sobre fauna silvestre, los animales tendrán que desaparecer de los circos. Se rompería así una tradición que ya tiene más de dos siglos. Desde el siglo XVIII los circos empezaron a incluir paquidermos y mamíferos en sus actos. Por eso, los amantes de la tradición circense no se imaginan el espectáculo sin leones que atraviesan aros de fuego, tigres que besan a su amo o elefantes que convierten su trompa en columpio para arrullar al pequeño domador. Pero si se firma el decreto, les va a tocar acostumbrarse. Otros, muy por el contrario, se niegan a seguir viendo los animales silvestres fuera de su hábitat y sumisos ante los designios del hombre.

La propuesta, presentada por el Ministerio de Medio Ambiente, revivió un viejo debate que parecía estar muerto después de dos intentos de reglamentación que fueron declarados nulos. En 2002 el Concejo de Bogotá se lanzó con una norma que prohibía los animales en los circos que se presentaran en la ciudad. Pero, en marzo de este año, el Tribunal Superior de Cundinamarca reversó la decisión.

En noviembre de 2003, con la idea de extender el veto a los circos de todo el país, Jairo Clopatofsky presentó ante la comisión quinta de la Cámara de Representantes un proyecto de ley en la misma línea. El intento fue fallido. Durante la audiencia pública en la que congresistas y artistas del circo tuvieron voz, la comisión decidió archivar la propuesta. Pero, esta vez la norma del Minambiente parece ser un hecho. Basta la firma presidencial para que los animales no vuelvan a aparecer en escena.

Unos a favor, otros en contra, los argumentos son los mismos de antes y de todas partes. Esta norma, que ya ha sido aprobada en países como Argentina, Alemania y España, ha desatado reacciones similares en cada país. Los ambientalistas allá como acá aseguran que los animales de los circos pagan con sufrimiento las sonrisas que pueden arrancarle al público. "Para que los osos bailen, los ponen a caminar sobre piedras calientes. Ese es sólo un ejemplo", dice Clopatofsky.

Pero está la otra cara de la moneda. Colombia no es un país de zoológicos. En todo el territorio nacional hay solamente 10. Así que, de aprobarse el decreto, el contacto más cercano que muchos niños tendrán con los animales será por televisión o en las láminas de chocolatinas.

La propuesta del Ministerio está basada en debates realizados con organizaciones ambientalistas y corporaciones autónomas regionales. Pero por fuera quedaron los argumentos de los artistas de circo. El documento base de la propuesta fue un estudio realizado hace dos años por la Wspa, sociedad mundial para la protección animal, que arrojó resultados desalentadores. La inspección se hizo sólo en nueve circos del país, pero las cifras generaron alerta. Más del 60 por ciento de los animales tenían cicatrices por laceración, sus garras fueron arrancadas y sus colmillos fracturados.

El Sindicato Nacional de artistas circenses refuta los resultados. Aunque admite que existen circos que no tienen cómo tener a los animales en buenas condiciones, niegan que sean todos. Por el contrario, aseguran que en la mayoría de compañías, los animales son cuidados bajo las estrictas normas del Cites, un convenio internacional que regula la tenencia y movilización de los animales. "No nos oponemos a la regulación y vigilancia que, de hecho, se está haciendo en todo el país. A lo que nos oponemos es a la prohibición rotunda de los animales en el circo", dice Alfonso López, empresario de circos desde hace tres décadas.

Basado en esta norma, el Ministerio de Medio Ambiente le decomisó a un circo de Estados Unidos que se presentaba en el país tres tigres bengala. El decomiso se produjo porque los animales no tenían el certificado Cites que da cuenta de la vida digna de los animales.

Pero hay una pregunta que ha ahondado el debate ¿Por qué la propuesta no incluye la prohibición de corridas de toros, el rejoneo o las peleas de gallos? El cuestionamiento ha suscitado respuestas divergentes. Compañías de circo y organizaciones protectoras de animales coinciden en que nunca se va a dar una ley en esta dirección porque son espectáculos propios de quienes tienen poder para hacer o aprobar las normas. En el Minambiente dicen que no incluyen estos espectáculos en el proyecto de decreto porque no son competencia del despacho sino de las administraciones locales. En 1989, cuando se peleó la aprobación del estatuto de protección animal (ley 84), las asociaciones defensoras de animales tuvieron que desistir de su propósito de prohibir espectáculos como la tauromaquia o las peleas de gallos para que la ley finalmente fuera aprobada y, con ella, poder proteger al resto de animales.

El Circo del Sol no involucra a ningún animal y es el circo más famoso del mundo. Esa teoría ha sido la punta de lanza de quienes respaldan el proyecto. Pero para hacer espectáculos de las características del Circo del Sol se necesita más que sacar a los animales de escena. Y hasta los payasos lloran en el intento por demostrarlo. Sólo una política orientada a la creación de espacios que permitan el entrenamiento en el arte del malabarismo y la acrobacia, de las 10.000 personas que en Colombia viven del circo y de los cientos de niños que en los semáforos improvisan sus actos, haría menos lejano ese ideal. Mientras tanto, lo más apropiado sería extremar la regulación y vigilancia de la tenencia y trato de los animales de los circos -y de los zoológicos, de paso- , y no prohibir de tajo la presencia de ellos en un espectáculo de tradición milenaria que les ha permitido a millones de personas en el mundo aprender y enamorarse de los animales.
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