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| 4/26/2008 12:00:00 AM

Soldado de Cristo

El cardenal Alfonso López Trujillo, quien falleció en Roma el sábado 19 de abril, fue un férreo lugarteniente de los dos últimos papas y exponente del ala más conservadora de la Iglesia.

Para las altas jerarquías de la Iglesia Católica, el cardenal Alfonso López Trujillo fue un soldado de Dios. Batallador, férreo defensor de sus ideas y de las que tanto él como los dos últimos papas han considerado las doctrinas verdaderas en un mundo azotado por el materialismo. Así lo dio a entender el papa Benedicto XVI durante las exequias del colombiano, que se llevaron a cabo el pasado miércoles. López Trujillo fue el colombiano más cercano a los dos últimos papas y también el colombiano que ha estado más cerca de ser elegido papa. Durante la ceremonia fúnebre, el Sumo Pontífice exaltó el "celo y la pasión" del apostolado de López Trujillo. "¡Cómo no resaltar en este momento el celo y la pasión con la que trabajó durante casi 18 años, desarrollando una infatigable acción de tutela de la familia y del matrimonio cristiano! ¡Cómo no agradecerle la valentía con la que defendió los valores no negociables de la vida humana!".

No era para menos. López Trujillo fue uno de los principales colaboradores del actual Pontífice desde 1990, cuando Benedicto XVI era el cardenal Joseph Ratzinger y ejercía el cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Todo un soldado de Cristo, como en tiempos de Ignacio de Loyola. Porque la suya fue una cruzada permanente por defender sus verdades a capa y espada, sin importarle nunca si su postura era popular o, como se dice ahora, políticamente correcta.

López Trujillo nació el 8 de noviembre de 1935 en Villahermosa, Tolima. Nombrado sacerdote en 1960, fue capellán del Colegio Helvetia a mediados de los 60. En 1968, con el cargo de Coordinador de la Pastoral para el XXXIX Congreso Eucarístico Internacional, organizó la visita del papa Paulo VI a Bogotá. Fue tan destacado el papel que jugó en esta empresa, que, tres años después, en 1971, ya era obispo y auxiliar de la Arquidiócesis de Bogotá. Un año antes había conocido al sacerdote belga Roger Vekemans, conocido por su oposición acérrima al movimiento de la Teología de la Liberación, que buscaba acercar a la Iglesia a los más pobres, y a quien incluso se acusaba de tener vínculos directos con la CIA. López Trujillo y quienes pensaban como él acusaban a estos sacerdotes progresistas de infiltrar teorías marxistas en la prédica de los evangelios.

Desde entonces, a López Trujillo se lo catalogó como un férreo defensor del ala más conservadora de la Iglesia, fama que lo acompañó hasta el final de sus días. Fue un trabajador infatigable. Su hoja de vida, demasiado extensa, menciona, entre otros cargos, el haber sido secretario general del consejo episcopal latinoamericano (Celam) entre 1972 y 1979; presidente de esa organización entre 1979 y 1983) y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia entre 1987 y 1990, cargo que dejó cuando, el 8 de noviembre de 1990, el papa Juan Pablo II lo nombró presidente del Pontificio Consejo para la Familia.

Participó en sinnúmero de eventos importantes, como varias asambleas ordinarias del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano; fue secretario de la III Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, en Puebla, México, en 1979, en la cual la Iglesia dio un giro a la derecha, un gesto acorde con las ideas del nuevo papa Juan Pablo II.

Entre 1978 y 1990, López Trujillo fue arzobispo de Medellín, cargo en el cual continuó su batalla contra el fantasma marxista en los púlpitos. Fue acusado de perseguir sacerdotes que no compartían sus puntos de vista y también de vincularse con el narcotráfico y el paramilitarismo. En reciente entrevista publicada por SEMANA, el hoy alcalde de Medellín, Alonso Salazar, le dijo a María Isabel Rueda: "Hay documentos publicados sobre sus relaciones con Escobar, como arzobispo de la ciudad. Se hablaba mucho de los regalos que recibía. En los años 80 en Medellín la catequesis parece que no la hubieran hecho los obispos, sino los narcotraficantes". Era tan recalcitrante su anticomunismo que, como señala Héctor Abad Faciolince en su libro El olvido que seremos, refiriéndose al asesinato de Héctor Abad Gómez, su padre, señala: "El cardenal Alfonso López Trujillo, a la sazón arzobispo de Medellín, prohibió que se celebrara la misa fúnebre y, gracias al valor de un sacerdote, cuñado del extinto, se ofició la Eucaristía, contra la orden del moderno inquisidor".

Como presidente del Pontificio Consejo para la Familia, López se destacó por su postura contraria al uso de anticonceptivos, sus dudas frente a la efectividad del preservativo (afirmó que los condones no eran eficaces para evitar el contagio del virus del VIH) y su total oposición al aborto. El año pasado, cuando la Corte Constitucional despenalizó el aborto en casos extremos, López manifestó que merecían la excomunión automática.

Más allá de la opinión que se tenga sobre las ideas y las actuaciones del cardenal Alfonso López Trujillo, su importancia como prelado fue capital en la consolidación de la Iglesia contemporánea.
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