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| 11/7/2015 10:00:00 PM

Soldado Micolta: ¿Humor o discriminación?

La intención de silenciar al popular personaje, cuestionado por un colectivo afro, puso sobre la mesa las fronteras entre la risa y la crueldad.

El soldado Micolta, un afrocolombiano ingenuo, medio perezoso pero con un gran sentido del humor y lleno de vocablos de esa comunidad, quedó en los últimos días en medio de un fuego cruzado de dos bandos que lo tienen a punto de perecer.

Roberto Lozano, un cuentachistes mestizo, creó ese personaje mediante el recurso del black face (rostro negro) hace 12 años para encarnar este soldado que a veces se muestra torpe y de bajo nivel cultural. Hace unos meses el colectivo Chao Racismo, que promueve la inclusión y el respeto por las comunidades negras del país, decidió presionar al Canal Caracol para que lo sacaran del aire porque “ridiculiza y vulnera la dignidad de los afrocolombianos, además de incentivar un contenido discriminatorio”, según Ray Charrupí, director del colectivo.

Desde entonces Lozano comenzó a recibir insultos en las redes y en las calles. Hace unos días un grupo de personas llegó hasta el teatro Jorge Isaacs de Cali, en donde se iba a presentar, y encadenó las puertas. La situación llegó al límite el 30 de octubre cuando Charrupí divulgó que un abogado del Canal Caracol le había notificado que el Soldado Micolta iba a salir del aire. Ese hecho desató una gran polémica en las redes y en los medios.

El debate no es nuevo en América Latina. El año pasado, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (Cerd) de la ONU respaldó a las comunidades peruanas que habían logrado sacar de la pantalla a la Paisana Jacinta, la caricatura de una mujer quechua encarnada por Jorge Benavides. A ese mismo humorista la presión ciudadana ya le había hecho sacar del aire a otro personaje, el Negro Mama, por considerar que ofendía a los afroperuanos.

En Colombia, Pascual Charrupí, padre de Ray, promovió en 1997 la primera acción judicial por discriminación. Entuteló al diario El País de Cali para eliminar, o por lo menos cambiar el aspecto de una de las caricaturas más famosas del país, La Negra Nieves, porque “reproducía un estereotipo de la mujer negra predestinada a los oficios domésticos”. La tutela nunca prosperó y Pascual murió dos años después. Sin embargo, la autora Consuelo Lago le cambió con el tiempo el perfil a su Negra: le quitó el delantal y la convirtió en filósofa de la vida.

El Observatorio de Discriminación Racial (ODR), que promueven la Universidad Javeriana y organizaciones tan prestigiosas como DeJusticia, considera justa la protesta contra Micolta. “A quienes alegan que el humor se acabaría porque lo mismo pueden reclamar pastusos, paisas, costeños, les digo que no, porque históricamente esos grupos no han sido discriminados como los negros”, explicó Sara Ferrer del ODR.

Sin embargo, es un hecho que con ese mismo rasero otros humoristas que se burlan de la torpeza de los pastusos, la pereza de los costeños, la lentitud de los boyacenses, las malas pulgas de los santandereanos, la ordinariez de los paisas o la falsedad de los bogotanos también podrían terminar callados. Como advirtió el periodista Daniel Samper Ospina, solo hay humoristas buenos y malos, para quienes el peor castigo es que no se rían de sus chistes. “Cuando se trata de imponer lo políticamente correcto en el humor, se entra en un terreno muy complejo”, dice.

Pese a los anuncios, el Canal Caracol le dijo a SEMANA que el Soldado Micolta no va a morir. Va a migrar a otro personaje que va a salir con el rostro pintado de camuflado. “‘Sábados Felices’ reúne a las familias y lo menos que queremos es hacerle daño a alguien. Solo queremos reírnos de nosotros mismos tras una semana dura para todo el mundo”.

La exministra de Cultura Paula Marcela Moreno dijo que más allá del caso la situación de los 10 millones de afros es cada vez más crítica, y que no “tenemos una representación equitativa en las ramas del poder ni la posibilidad de mostrar nuestra cultura y nuestros valores en los medios masivos. Y en los pocos que aparecemos no precisamente mostramos nuestra cultura, nuestros valores o la riqueza de la diversidad. Ojalá hubiera un afro que tuviera diez minutos en un programa así sea para hacer humor”.

Sin duda, el país debe abrir un debate sobre la discriminación muchas veces silenciosa, así como la forma en que esto se debería atacar mediante leyes, cuotas de participación o financiación de medios y espacios. Pero no es claro si eso se logra tratando de silenciar el humor.
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