Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/22/2000 12:00:00 AM

'Sólo las leyes no son suficientes'

SEMANA habló con Robert Klitgaard, uno de los mayores expertos del mundo en el combate contra la corrupción. Estas son sus respuestas.

El tema de la lucha contra la corrupción, que en estos momentos acapara la atención de los colombianos por las propuestas del presidente Andrés Pastrana, no es exclusivo de Colombia. En los últimos años ha ocupado la prioridad en la agenda de muchos países del mundo. Por eso surgen expertos que intentan estructurar una teoría de la corrupción y los medios para combatirla. Uno de ellos es Robert Klitgaard, decano de la Escuela Rand de Santa Mónica, California, quien ha sido consultor de la Casa Blanca, el Banco Mundial, la ONU y la OEA, entre otros organismos, y ha escrito siete libros sobre el tema. SEMANA habló con él a propósito de las medidas del gobierno .

SEMANA: ¿Dónde nace la corrupción?

Robert Klietgaard: La corrupción es en realidad la resultante de una fórmula que puede ser aplicada universalmente: ‘monopolio+discrecionalidad-transparencia’. Lo cual quiere decir que siempre que un organismo ejerza el monopolio en la decisión , y tiene la discrecionalidad para tomar sus decisiones sobre quién recibe o presta un determinado servicio, y no hay transparencia sobre la forma de tomar esa decisión, la corrupción es inevitable.

Para explicar que en un momento dado haya más corrupción en Barranquilla que en Cali, por ejemplo, tenemos que analizar cómo funcionan los sistemas en esos lugares. Si allí aparece esta fórmula que le mencioné, pues esa es la explicación. Por ejemplo, cuando se presentaron los problemas de Invías, era evidente la presencia de esos factores.

SEMANA: ¿Cuál es la receta más eficaz para combatir la corrupción?

R.K.: En eso el símil de la medicina es muy útil. Si queremos prevención pues hay que evitar el monopolio, clarificar la discrecionalidad mediante la adopción de unas reglas del juego aplicables de manera general y aumentar la transparencia del proceso. Ahora, si la enfermedad ya atacó, pues hay necesidad de atacarla con todos los medios a disposición. Y en ese ataque a la bestia la receta del doctor Pastrana puede ser beneficiosa.

SEMANA: ¿Pero son suficientes las leyes para contrarrestar el fenómeno?

R.K.: Hay que hacer énfasis en que la sola adopción de leyes casi nunca es suficiente para contrarrestar la corrupción. El mejor ejemplo es Ecuador, donde existe la mejor legislación del mundo para regular las licitaciones públicas. Pero las instituciones no funcionan. Hay que complementarlo con dos acciones. Una, combatir legislativamente los sistemas vulnerables para evitar que sigan existiendo las condiciones favorables. Y dos, hay que intentar subvertir la corrupción una vez que ésta se ha instalado. Para esto hay que usar todos los medios disponibles. Incluso mediante la infiltración, para determinar cómo se hacen los tratos corruptos, cómo se entregan los dineros, cómo se pueden crear controles que aumenten los riesgos y disminuyan la impunidad. Hay que conseguir testigos clave, poner trampas. Y apoyarse en organizaciones sociales porque la gente es clave para subvertir el sistema corrupto. Para ello la prensa, los grupos ciudadanos, las Organizaciones No Gubernamentales son indispensables.

Otro punto es que el corrupto es alguien que sopesa los beneficios de su acción frente a los riesgos. Por eso es importante aumentar los riesgos para que la relación costo-beneficio se revierta. En ello juega el aumento de penas.

SEMANA: ¿Qué países han tenido éxito ?

R.K.: En mi libro Controlando la corrupción yo menciono cuatro o cinco casos interesantes. Hong Kong es uno de ellos. Allí existía una conciencia cultural muy arraigada de que la corrupción era inevitable. “Es la norma con los chinos”, se decía. Pero el gobierno atacó los factores y los resultados han sido realmente muy exitosos en sólo tres o cuatro años.

Otro es Italia, donde la presencia de la mafia se ha reducido en la contratación . Allí han sido claves los agentes encubiertos, la vigilancia electrónica y lograr que algunos participantes se conviertan en testigos del Estado.

Pero hay que aclarar que no importa qué tanto se luche contra la corrupción, sólo se puede reducir, jamás eliminar.

SEMANA: Usted ha planteado la ‘estrategia del pez gordo’. ¿Cómo es eso?

R.K.: Esa es una especie de terapia de choque. En estos casos la gente se vuelve escéptica, no responde simplemente a los llamados moralistas de los gobiernos, tiende a no creer que se pueda hacer algo contra la corrupción, impera el derrotismo. La única manera es freír unos cuantos peces gordos. Lo que yo planteo es que en esos casos es sumamente útil escoger dos o tres miembros prominentes de la sociedad a quienes se haya comprobado actos de corrupción y hacerles caer todo el peso de la ley, con cárcel incluida. Se trata de un acto simbólico de gran fuerza.

Un ejemplo es el mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien a pesar de que terminó con una fama negra hizo muchos avances contra la corrupción. Salinas metió a la cárcel al jefe del sindicato petrolero, a un miembro de la directiva de su propio partido PRI y a un gran narcotraficante. Y eso tuvo un efecto demoledor. En Bolivia, Víctor Paz Estenssoro escogió en 1987 a dos evasores de impuestos de su propio partido y los procesó. Eso trae un punto importante. El gobernante debe preferir atacar la corrupción primero en su propio partido para que no se piense que se trata de reprimir a la oposición. Este último aspecto me parece clave para asegurar la credibilidad del proceso.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.