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| 3/4/1985 12:00:00 AM

SON TODOS LOS QUE ESTAN

Artículo de Carlos Lleras y sistema de inscripciones despejan panorama liberal.

Un artículo de Carlos Lleras oficializó lo que todos los observadores políticos pronosticaban que iba a suceder. El Partido Liberal irá dividido a las elecciones parlamentarias de marzo del próximo año entre un sector oficialista encabezado por el candidato que escoja la Convención de agosto y las listas del Nuevo Liberalismo. En todo esto no hay nada nuevo, pero la pluma del ex presidente Lleras Restrepo le dio el toque de legitimidad que faltaba para hacerlo inevitable.
En cierta forma, el ex mandatario no estaba haciendo más que reconocer lo que Víctor Mosquera Chaux, miembro de la Dirección Nacional Liberal, calificó como una "cuestión de hecho, de facto": el galanismo es un movimiento autónomo que no se asimilará al proceso oficialista sin una previa medición de fuerzas.
Lo de la medición de fuerzas es sin embargo relativo, puesto que las elecciones parlamentarias son elecciones de maquinaria que no reflejan prestigios nacionales, sino regionales. De ahí que el propósito de Galán no sea otro que maximizar las posibilidades parlamentarias de su grupo, a sabiendas de que en este certamen no se reflejará en términos reales el alcance de su fuerza nacional.
Para Galán, esta contienda resulta muy desventajosa, pero no tiene alternativa. Las encuestas demuestran que, por lo menos en las cuatro grandes ciudades, es el colombiano que más votos tiene. Supera ampliamente tanto a Virgilio Barco como a Alvaro Gómez con las siguientes cifras: Galán 32.8% Gómez 23.7% y Barco 18.8%, según el Centro de Consultoría en una encuesta encargada por el Instituto de Estudios Liberales.
Sin embargo, estas cifras no corresponden a la realidad electoral, puesto que no tienen en cuenta la fuerza de los intermediarios que son los jefes políticos regionales. Esto hace que Galán, aun siendo el colombiano más popular, se enfrente a que su movimiento no tenga posibilidades de ganar las elecciones parlamentarias en ninguna circunscripción electoral diferente de Bogotá y Cundinamarca.
Galán, en cierta forma, está contra la pared, pues va a tener que medirse, en circunstancias que distorsionarán su verdadera fuerza. Le quedará en todo caso la opción de seguir hasta el final, presentando su nombre contra el candidato oficial del liberalismo y contra Gómez Hurtado. Pero esta posición no será más que un arma de negociación para después de las parlamentarias, pues asumirla e ir hasta el final como candidato constituiría un suicidio político para quien sabe que desde ahora es el primer aspirante a la Presidencia para 1990.
Otra cosa que se clarificó la semana pasada es que no habrá tercerías ni reelecciones. El mecanismo de obligar a los aspirantes a inscribir sus precandidaturas ante la DNL antes del 1° de febrero, en la práctica significa que quienes se someten a este requisito son los únicos que quedan sobre el tapete. En teoría, la decisión de la inscripción, al tener su origen en una Convención podría ser modificada por esta misma, en agosto. Pero políticamente, es casi imposible que esto suceda, porque requeriría la aparición de un nuevo Mesías que arrastrara súbitamente a la gran mayoría del Partido. Si este Mesías no se asomó en los últimos tres años, no se ve de dónde puede aparecer de aquí a agosto.
Con el decoroso retiro de la precandidatura de Otto Morales Benítez, la lista se reduce a tres nombres: Virgilio Barco, Augusto Espinosa y Alvaro Uribe. En realidad a dos, puesto que esta última no tiene posibilidades. En cuanto a las posiciones relativas de Barco y Espinosa, lo sucedido favorece más que todo al ex alcalde, pues el peligro que enfrentaba no era que Espinosa lo derrotara, sino que se creara un ambiente de opinión que favoreciera una tercera opción por considerarse que ninguno de los dos era viable. El proceso que esto requeriría se torna casi imposible bajo la nueva modalidad del cierre de inscripciones.
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