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| 1/24/2015 10:00:00 PM

“El humanismo siempre triunfa”

Steven Pinker es uno de los científicos más importantes del mundo. Estará en el Hay Festival de Cartagena y habló con SEMANA.

El científico, Steven Pinker, uno de los científicos más importantes del mundo, es famoso por su audaz teoría de que la humanidad hoy vive el tiempo más pacífico de su historia. Estará en el Hay Festival y SEMANA habló con él, entre otras cosas, sobre la paz.

En 2012, Steven Pinker publicó un libro que lo hizo popular en todo el mundo, pero que también lo convirtió en blanco de críticas e, incluso, de burlas. Se trata de un mamotreto de 1.200 páginas titulado Los ángeles que llevamos dentro. Allí, este lingüista, psicólogo experimental y experto en ciencias cognitivas canadiense revisa las estadísticas de los actos de violencia registrados en miles de años y expone una tesis atrevida: los tiempos de hoy son los menos violentos de la historia.

No solo eso. También dice que la Segunda Guerra Mundial está lejos de ser el conflicto con más muertos y le exige al mundo, propenso al fatalismo y al pesimismo, reconocer los logros que ha alcanzado la sociedad. “El declive de la violencia puede ser el más significante y menos apreciado desarrollo en la historia de nuestra especie”, escribe.

SEMANA: ¿Cómo le explicaría a una víctima del conflicto armado su teoría de que la violencia está en declive?

STEVEN PINKER: Le diría que Colombia no es el único país en la Tierra y que el hecho de que hayan vivido tanta violencia no afecta la conclusión de que el mundo, en su conjunto, hoy es menos violento que antes. Colombia ha sido una excepción, pero la tendencia que describo se basa en estadísticas.

SEMANA: La reciente masacre de ‘Charlie Hebdo’ hace pensar que su teoría es lejana de la realidad.

S. P.: La violencia siempre existirá y sus víctimas siempre sufrirán. Pero mis observaciones sí tienen que ver con la realidad. Hoy millones de personas saben que la probabilidad de morir en un tiroteo o en una guerra civil es mucho más baja que antes. Sucesos como el de París significan un retroceso, sí. Pero los mismos colombianos saben de lo que hablo: hoy la guerra en su país es menor y los homicidios se han reducido.

SEMANA: ¿Le va bien con una teoría optimista en un mundo más bien pesimista?

S. P.:
Bastante bien. Sé que en la Casa Blanca conocen mi tesis y que líderes de otras naciones la han citado. Y a mí eso me alegra porque sé que hay mucha gente que piensa que no hay nada que el hombre pueda hacer para mejorar la sociedad. Yo revisé registros históricos y advertí que nuestros ancestros, de hecho, tuvieron mucho éxito al luchar por disminuir la violencia.

SEMANA: Hace poco publicó un artículo en que se refiere a Colombia como modelo de reducción de violencia. ¿Cuánto sabe del país?

S. P.: Me interesa desde que lo visité por primera vez en 1976. Tengo un amigo, a quien conocí en la universidad, y también mantengo correspondencia con una amiga en Medellín. La última vez fui en 2011. Esta semana vuelvo para el Hay Festival, y en 2016 iré otra vez por invitación de la Universidad de los Andes. En el artículo actualizo las estadísticas de mi libro, y ahí es obligatorio hablar de Colombia, en particular, de la caída de los homicidios en Bogotá y Medellín.

SEMANA: ¿Cómo ve la paz con las Farc?

S. P.: Es un proceso necesario. En cierto momento, toda sociedad se da cuenta de que llegó el instante de dar un paso atrás y ver la violencia como un problema a solucionar, en vez de una competencia a ganar. Pienso que ustedes ya tienen una capacidad de análisis suficiente para saber qué es lo más beneficioso.

SEMANA:
¿Cuál podría ser un aporte de las humanidades a un eventual posconflicto?

S. P.: La ciencia permite dos cosas. Te hace sentir seguro de que lo que dices es verdad y te permite ser preciso. Solo así es posible entender por qué pasa lo que pasa. Muchos de los avances históricos han surgido de argumentos humanistas: las ideas contra la esclavitud, contra la guerra, contra la tortura… De ahí el valor de la discusión intelectual y la importancia de que quienes toman decisiones valoren ese debate. No es una coincidencia que las sociedades más brutales sean siempre las que más reprimen la libertad de expresión.

SEMANA: ¿En qué momento la humanidad entendió que debía aplacar la violencia?

S. P.: No hubo un solo momento. Piense en historias como la de quien mata a alguien en una taberna por un insulto, que comenzaron a bajar en Europa ya en la Edad Media. Pero hoy por hoy hay lugares en el mundo donde aún impera la anarquía y asesinatos de ese tipo siguen presentándose. Luego, está la violencia institucional, es decir, la de quienes le aplicaban la pena de muerte a un simple ratero, que empezó a reducirse después de la Ilustración. Y también está la violencia de las guerras, que solo vino a reducirse tras la Segunda Guerra Mundial.

SEMANA: ¿Y la discriminación sexual?

S. P.:
Esa es otra forma de violencia e incluye, por ejemplo, la persecución de los homosexuales y las agresiones contra las mujeres. Esto solo empezó a caer en los años sesenta o setenta.

SEMANA: ¿Eso significa que, mientras que la violencia en el mundo caía, Colombia entraba de lleno a la guerra?

S. P.: Sí, y eso tiene que ver con tres cosas concretas. Lo primero, la falta de control territorial del Estado. Lo segundo, el comercio ilegal. Donde hay contrabando hay anarquía, y ahí la gente no puede poner demandas, ni llamar a la Policía, sino que usa la fuerza. El tercer factor fue la Guerra Fría. Las batallas ideológicas entre los extremos políticos condujeron a guerras civiles en todo el mundo. Después de 1989, los conflictos fueron cesando. Pero Colombia ha tardado.

SEMANA:
Usted dice que la educación ha sido clave para disminuir la violencia. ¿Cómo explica que algunos jefes de las Farc, que estudiaron en universidades, terminaron incurriendo en terrorismo?

S. P.:
Hay ideas que pueden impulsar la violencia y, por lo general, son ideas tóxicas. El marxismo es una, y el nacionalismo y el fundamentalismo religioso también lo son. Lo interesante de esto es que, a largo plazo, la fuerza destructiva de esas ideas las hace desaparecer y permite la sobrevivencia del pensamiento humanista. En otras palabras, el humanismo siempre triunfa.

SEMANA:
En su libro usted habla de una “racionalidad colectiva” que le ha permitido a la humanidad controlar sus impulsos violentos. ¿A qué se refiere?

S. P.:
Hoy sabemos que en todos los países la gente con el paso del tiempo, y sobre todo en el siglo XX, se ha vuelto más inteligente. La ciencia conoce este fenómeno como el efecto Flynn y lo atribuye a la educación y a los esfuerzos por alfabetizar a la gente. Yo pienso que ahí yace buena parte de la explicación de por qué la violencia ha disminuido.

SEMANA: ¿Aparte de la educación qué más ha contribuido a eso?

S. P.: Otros factores son el surgimiento del Estado, que monopolizó el uso de la fuerza, y de las ciudades y el comercio, que obligaron a la gente a relacionarse sin agredirse. Al final, lo que sucedió es que las sociedades fueron entendiendo que vale la pena conservar las ideas que les traen beneficios. Casi siempre, se trata de ideas que aplacan la violencia.

SEMANA: ¿Y cómo cabe ahí el fenómeno del Estado Islámico? ¿Es un retroceso?


S. P.: El declive de la violencia en el mundo no es un proceso mágico que envuelve a la Tierra y la hace de inmediato más pacífica. Y pienso que el Estado Islámico sí ha conducido a un revés, pero pequeño: nos ha llevado atrás unos diez años. Pero quiero decirle algo. En el mundo hay 200 países y viven más de 7.000 millones de personas. Si uno se pone a buscar a los más violentos, pues los va a encontrar. De hecho, ese es un problema del periodismo a la hora de entender el mundo.

SEMANA:
¿Cómo así?

S. P.: Los periodistas, casi por definición, seleccionan con pinzas un hecho violento y atraen la gente a él. Así producen una distorsión del mundo y no permiten una visión general. Hay lugares como Angola, Mozambique, Timor Oriental o Sri Lanka donde las guerras terminaron y por eso allá no tienes un reportero con una cámara diciendo que aquí no se ha matado a nadie.

SEMANA:
Basado en lo que sabe de la historia de la violencia, ¿cómo será el futuro?

S. P.: Solo un tonto haría predicciones seguras porque la verdad es que hay demasiadas posibilidades de que ocurran sorpresas desagradables y nadie sabe cómo serán. En general, sin embargo, las tendencias son positivas. A medida que los países sacan a su gente de la pobreza y acaban con las guerras civiles, las tasas de violencia se reducen. Y no dude que cobrarán más y más importancia las campañas para reducir la violencia contra los niños, las mujeres y los homosexuales. nSteven Pinker es uno de los científicos más importantes del mundo, famoso por su teoría de que la humanidad hoy vive el tiempo más pacífico de su historia.
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