Domingo, 22 de enero de 2017

| 2008/05/31 00:00

Sube la tensión

La captura del general retirado Iván Ramírez le dio un nuevo giro a la investigación del Palacio de Justicia. Ramírez insiste en su inocencia.

La Fiscalía busca afanosamente a un testigo que primero acusó al general (r) Iván Ramírez y después, en 1996 , le pidió perdón y sostuvo que todo lo que dijo fue una novela inventada por él

Aunque el  general Iván Ramírez Quintero se retiró del Ejército hace ocho años, sigue siendo una leyenda en las Fuerzas Armadas. Considerado durante 38 años el 'duro' en inteligencia militar, está hoy atravesando la situación más difícil de su vida: fue capturado el miércoles pasado por orden de la Fiscalía. Y más grave aun es la acusación: secuestro y desaparición forzada de 11 personas que al parecer salieron con vida del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Sin lugar a dudas, es una medida judicial muy grave dictada contra un general a quien acusan de ser criminal y violador de los derechos humanos.

Para el general, quien a sus 65 años está ad portas de un juicio, todo esto tiene un significado político y eso es lo que más lo mortifica. "El único temor que tengo es que esto es político. Pero cuento con el apoyo de mi familia y no pienso sacar del patrimonio de mi señora y mis hijas ni un peso para pagar por mi defensa", le dijo el militar retirado a SEMANA

Para la fiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia los testimonios y las pruebas en contra del general son muy graves.

'Don Iván', como se le conoció en su vida militar, se ha defendido a capa y espada en los últimos meses, pero no logró desvirtuar las acusaciones en su contra. "Desde hace muchos años estoy cargando con el desprestigio de un testigo que se llama Bernardo Garzón Garzón, que se dedicó a calumniarme", dice el general. En la investigación se dice que este testigo es un agente vinculado desde 1971 hasta 1990 en labores de inteligencia y quien había logrado infiltrarse en el M-19.

Después de un lío judicial que lo llevó a la cárcel condenado 40 meses por secuestro, Garzón se convirtió en testigo bajo protección. Allí le contó a la Procuraduría, en 1991, y ante fiscales especializados, en 1994, que el general Ramírez impartió órdenes como superior del Comando de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (Coici) para que sus hombres actuaran en labores de inteligencia en la Casa del Museo del Florero sobre identificación y búsqueda de antecedentes de las personas que salieron del Palacio de Justicia.

También dijo Garzón que los militares retuvieron a la guerrillera Irma Franco y que después de haberles suministrado informes de inteligencia, como la ubicación de la casa en donde se planeó la toma, la mataron y la enterraron en una loma ubicada en la Escuela de Caballería. "Nunca, en los 22 años que transcurrieron desde la toma del Palacio, me llamaron para declarar ante el Tribunal Especial o la Comisión de la Verdad, ni de la Procuraduría ni de la Fiscalía. La inteligencia la hizo la Brigada XIII. Yo me limité a mandar algunos de mis hombres hasta la Plaza de Bolívar", le dijo a SEMANA el oficial retirado.

En 1996, Garzón habló de nuevo. Esta vez, en un juzgado militar dijo que su testimonio era todo mentira. Que había montado esa "novela" porque le dijeron en la Procuraduría que lo iban a matar y le ofrecieron cambiarle la identidad y sacarlo del país. "Involucré a un poco de personas a mi antojo. En la Procuraduría me daban los nombres y yo montaba la novela. Me la hacían repetir tantas veces, hasta que me la aprendí de memoria". Sin embargo, la fiscal no está tan convencida de que ese último testimonio, que encontró entre los miles de folios de la investigación, sea cierto. Antes por el contrario, sostiene que esa declaración inicial del testigo es válida porque "es mucho más espontánea, fresca y coherente" y ahora busca afanosamente a Garzón para que vuelva a relatar lo sucedido.

Mientras el testigo aparece, el general Ramírez permanece detenido en la Escuela de Ingenieros Militares en Puente Aranda, al occidente de Bogotá. "La inteligencia es tan sucia, que sólo los limpios pueden trabajar en ella", dice con nostalgia el general, recordando la época en que era considerado uno de los oficiales más brillantes de las Fuerzas Militares.

Por eso su captura es un golpe duro para el estamento militar, que ya había sido sacudido por la detención del coronel Alfonso Plazas el año pasado. Esta circunstancia hace prever un ambiente de altísima tensión en torno al proceso sobre el Palacio de Justicia que los colombianos han esperado por años a que alguien esclarezca.

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