Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2007/03/24 00:00

Súbete a mi moto

Mientras las motocicletas se multiplican en Bogotá, las consecuencias en movilidad, salud y medio ambiente ya se empiezan a ver.

Súbete a mi moto

Además del agobiante tráfico, las largas filas de buses y la enorme mancha amarilla de taxis, los bogotanos han tenido que empezar a sortear con un nuevo usuario que invade todos los carriles, aparece en cualquier momento y pareciera que tuviera licencia para violar las normas de tránsito. Se trata de las motocicletas.

Debido a los precios relativamente altos, pero especialmente al frío y la lluvia, las motos eran un una alternativa muy precaria de movilidad dentro de la ciudad. Pero esta tendencia se rompió hace dos años, cuando la llegada de nuevas marcas, la reducción de precios, las facilidades de financiación y el aumento de puntos de venta terminaron por disparar las ventas de estos vehículos.

Según la Secretaría de Movilidad, en los últimos tres años las motos se multiplicaron por seis. Mientras que en 2004 se registraron 2.188 motos, en 2005 tuvieron un crecimiento de 532 por ciento, al ser registradas 13.839. Sólo el año pasado fueron registradas 35.437 motos, según cifras del Sett. Esto sin contar las matriculadas en los municipios cercanos. En todo el país, según el Fondo de Prevención Vial, se vendieron 450.000 motocicletas en Colombia.

Aunque este repunte ha sido una buena noticia para los vendedores y los importadores de motos, no ha sido tan buena para la ciudad. Ricardo Montezuma, experto en urbanismo y movilidad, dice que es urgente que las autoridades de Bogotá piensen en los efectos negativos que está generando su crecimiento descontrolado en movilidad, contaminación y salud. "Una ciudad como Bogotá, que ha hecho gigantescas inversiones para crear y desarrollar un sistema masivo de transporte como TransMilenio, unido a la red de ciclorrutas, debe buscar la manera de desincentivar el uso del vehículo particular, especialmente las motos, y no permitir su proliferación desmedida".

El primer efecto del aumento del parque automotor es que cada vez más pasajeros se están bajando del sistema de transporte masivo y colectivo para montarse a las motos y carros. Mientras que en 2001 viajaban en promedio 5,8 pasajeros por kilómetro, en diciembre pasado se redujo a 5,08, pasajeros que se han ido no sólo al transporte tradicional, sino a los carros y las motos. Durante los tres últimos meses, de acuerdo con cifras del Dane, más de 50 millones de pasajeros dejaron de utilizar los tradicionales servicios de transporte público.

Una de las consecuencias negativas del rápido crecimiento de las motos ha sido la de los accidentes. El año pasado, las motos tuvieron 5.905 accidentes, en los que murieron 135 personas y 5.102 heridos. En lo que va corrido del año ya se han registrado 1.256 accidentes y 31 muertos. En todo el país murieron el año pasado 1.316 personas por accidentes en estos vehículos. Medellín fue la ciudad con más víctimas.

Esto se explica por varias razones. Para Francisco José Fernández, director del Fondo de Prevención Vial, sólo el 14 por ciento de los motociclistas reciben una capacitación técnica para conducir estos vehículos. Lo que significa que miles de personas salen a las calles de una vez a aprender a manejar. Otra razón es la falta de mantenimiento de estos vehículos, que solo será exigida por las autoridades a partir del próximo año.

Un estudio de la Universidad de los Andes encontró que el parque de motos que ya hay en Bogotá contamina en la misma magnitud que el parque utilizado para el transporte de carga y mercancías de la capital, pues como muchos son vehículos de dos tiempos, no hacen la combustión completa y contaminan más. "Por eso la ciudad y el país deben seguir el mismo camino de otras naciones: prohibir la importación y la venta de estas motos", dijo Montezuma.

Las motos tienen demasiados incentivos: pagan bajísimos impuestos, no tienen pico y placa, y no pagan peajes. Si a esto se suman otros no muy legales, como andar por el carril que quieran y no a 30 centímetros de la acera, meterse entre los carros y violar señales de tránsito a diestra y siniestra sin que nada les pase, la convierten en el vehículo ideal para andar rápido por las cada vez más congestionadas vías de Bogotá.

Un aumento descontrolado de las motos puede traer otras consecuencias que ya se viven en otras ciudades del país y de la región. En la Costa Atlántica el crecimiento desmedido de estos vehículos permitió el mototaxismo y el caos vehicular, tanto que hay un día en la semana 'de la no moto', además del pico y placa. Para entrar a algunos barrios de Bogotá, ya se está empezando a ver el mototaxismo.

La idea no es prohibir el uso de las motos, que usualmente son el primer motor que tiene una persona o una familia de estratos bajos, pero es urgente que se les dé el mismo tratamiento que a un vehículo. Deben cumplir con todas las condiciones de seguridad, pagar impuestos más altos por contaminar más, pagar peajes, tener pico y placa. Incluso algunos creen que deben transitar por un solo carril de las nuevas troncales de TransMilenio o incluso hasta restringirles su tránsito por estas vías.

Pero por ahora, las autoridades sólo piensan en aumentar las campañas educativas y de control. Patricia González, secretaria de Movilidad, dice que es difícil desincentivar su uso, ya que la realidad muestra que la gente está comprando y montándose a las motos. "Eso sí, tenemos un acuerdo con los distribuidores para restringir la venta de las motocicletas de dos tiempos".

Si la ciudad no frena los incentivos de las motos y su rápido crecimiento, pronto la situación se habrá salido de control. De poco habrán servido las inversiones millonarias en sistemas de movilidad. Porque todo habrá sucumbido ante el espejismo de un transporte individual pero lleno de peligros.

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