Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/15/2001 12:00:00 AM

Sueños ilegales

La falsificación de visas y pasaportes se ha convertido en el tercer negocio ilegal más lucrativo de Colombia.

A las 7:15 de la noche del martes 12 de diciembre tuvo lugar una reunión muy particular dentro de una modesta casa de dos pisos localizada a escasas 12 cuadras de la sede diplomática más importante en Colombia: la embajada de Estados Unidos en Bogotá. La sala de la vivienda estaba adornada con cuatro carteles de San Francisco, Boston, Miami y la estatua de La Libertad.

Sobre un raído tapete café estaban ubicadas estratégicamente 22 sillas de plástico frente a un pequeño papelógrafo. Veinte personas, casi todas menores de 40 años, esperaron en silencio mientras escuchaban el sonido del noticiero de televisión que provenía del segundo piso. La mayoría de ellas consiguieron la cita para acudir a la casa después de llamar con cinco días de anticipación a un número telefónico que apareció en los clasificados de un periódico de circulación nacional en el que se ofrecía en negrillas: “Visas USA, asesoramos y orientamos su caso”.

Faltando 20 minutos para las 8 de la noche un hombre vestido con traje negro y una llamativa corbata amarilla descendió las escaleras en compañía de una mujer de unos 50 años de edad, quien minutos antes fue la encargada de abrir la puerta de la casa y acomodar a las personas en las sillas. Después de saludar al auditorio el hombre, que se identificó únicamente como ‘Gonzalo’, lanzó una frase que reveló el motivo de la reunión: “Nosotros tenemos los contactos necesarios que nos permiten garantizar que todos ustedes van a llegar a Estados Unidos en menos de un mes. Lo único que tienen que hacer es confiar en nosotros y elegir la forma como quieren viajar”.

Considerando que la simple consecución de una cita para una entrevista con un cónsul de la embajada estadounidense puede tardar cerca de un año, sin la certeza de obtener la visa, ninguno de los asistentes a la reunión se sorprendió por la rapidez y seguridad con la que el expositor aseguraba llevarlos a Estados Unidos en menos de 30 días. Durante 40 minutos ‘Gonzalo’ expuso al auditorio los diferentes “paquetes de viajes” que tenía en su dossier. Al final de su intervención pidió que los interesados se acercaran a él o a la mujer para recibir una “asesoría personalizada”, ya que “todos los casos son diferentes”, según dijo.

“Si usted quiere llegar como ilegal lo llevamos hasta México o Guatemala y desde ahí pasamos la frontera gringa por tierra. Ese viaje le cuesta seis millones de pesos” afirmó ‘Gonzalo’. Según él ese es el ‘paquete económico’, “aunque tiene sus riesgos”, aclaró sin especificar cuáles son. Detrás de esa oferta vinieron una gran variedad de alternativas y precios para salir del país.

Una de las más ‘completas’ incluye cambio completo de identidad, el cual va desde un nuevo registro civil, cédula, pasaporte, título universitario, extractos bancarios que demuestren gran capacidad económica e incluso un certificado de la Cámara de Comercio en el que se puede figurar como propietario de una empresa.“Con todo esto usted se presenta a la embajada y con seguridad consigue la visa, afirmaba ‘Gonzalo’. Si no se la dan le cambiamos otra vez todos los papeles para que se vuelva a presentar con otro nombre hasta que se la den. Tenemos gente que cuando llamen de la embajada van a corroborar todos los datos que usted presenta”. Este ‘paquete’ vale 12 millones de pesos, e incluye un mes de preparación para enfrentar la entrevista con el cónsul estadounidense. El dossier, sin embargo, no termina allí. “Si usted no quiere ir a la embajada le sacamos la visa genuina”, dice ‘Gonzalo’, quien aclaró que el valor de esa operación es de 10.000 dólares. “Pero si lo que usted quiere es viajar tranquilo a todos lados, continúa, le conseguimos un pasaporte legítimo español. Con éste usted va a todos lados y se mueve por Europa sin problemas”. El costo de ese ‘paquete’ es de 20.000 dólares.

Después de la media hora que dura la explicación de las alternativas y de aclarar que en caso de elegir alguno de los ‘paquetes de viajes‘ es indispensable fijar una cita para el día siguiente, en la que se debe cancelar la mitad del dinero para iniciar el trabajo. La totalidad del auditorio de 20 personas que se hallaba en la casa esperó pacientemente el turno de la asesoría.

El negocio

‘Gonzalo’ y su socia son tan sólo dos de los miembros de una de las 60 redes de traficantes de pasaportes y visas que, según los estimativos de los organismos de Inteligencia del Estado, operan en Colombia. Ellos forman parte de un negocio ilícito tan rentable que en los últimos ocho años ha logrado consolidarse como el tercer renglón de la economía ilegal, detrás del tráfico de drogas y de armas. Según los estimativos de las autoridades colombianas y estadounidenses la venta de visas y pasaportes falsos puede generar 250 millones de dólares al año.

Algunas de estas organizaciones llegan a cobrar hasta 60 millones de pesos por sacar del país a una persona con documentos ‘legales’, empleando el sistema de cambio total de identidad y utilizando como fachadas desde agencias de viajes hasta centros de lectura de cartas y adivinanza del futuro. “Se han descubierto casos en que algunas de esas personas que afirman leer el futuro le dicen al cliente que va a tener un viaje y apenas lo ilusionan con la idea le dicen que saben cómo hacer realidad ese sueño y lo ponen en contacto con los traficantes”, dijo a SEMANA un miembro de la Interpol.

Pero más allá del monto económico lo que realmente tiene alarmadas a las autoridades es la dimensión del negocio. Tanto es así que los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, a donde llegan el 70 por ciento de las personas que viajan con visas y pasaportes falsos, califican el asunto como un problema de seguridad nacional. Prueba de ello es el hecho de que el gobierno estadounidense ha designado, incluso, agentes del servicio secreto de esa nación para realizar operaciones conjuntas con los organismos de Inteligencia colombianos para tratar de frenar este flagelo. Y no es para menos. Las cifras son alarmantes.

“Durante los siete meses que duró la investigación pudimos constatar que la red sacó del país con documentos falsos a 5.000 personas entre junio y diciembre de este año”, dijo a SEMANA uno de los miembros de la Dijin que participó en la operación ‘Sueño Americano’. Esa acción, que concluyó el jueves de la semana pasada, ha sido el golpe más grande de las autoridades en contra de estas redes (ver recuadro). Según datos de la división de extranjería del DAS tan sólo en el aeropuerto El Dorado semanalmente son descubiertas tres personas con documentos falsos.

Para las autoridades este tipo de negocios tiene unas características que incluso lo hacen más complejo de combatir que el mismo tráfico de drogas o armas. El principal inconveniente consiste en que las redes son mucho más grandes y difíciles de rastrear que las de los narcos o los negociantes de armas. Esto implica que el desmantelamiento de una organización completa sea bastante complejo. De allí la importancia de la operación ‘Sueño Americano’ ya que ésta terminó con la captura de todos los miembros que conformaban la banda. “Si se logra hacer esto, capturar a toda la red, es posible judicializarlos, dijo a SEMANA un miembro de la fiscalía regional de Cali. “Cuando sólo se atrapa a algunos miembros es prácticamente perder el tiempo porque sólo se pueden acusar por el delito de falsificación que es excarcelable, lo que hace que los delincuentes no le tengan miedo a las capturas”, afirma el fiscal.

Los clientes

Otro de los grandes problemas que enfrentan las autoridades y que explica el auge de este negocio es que los ‘clientes’ de este tipo de redes son muy variados. “Los colombianos que recurren a estas redes es gente de estratos de clase baja y media que difícilmente obtendrían una visa legalmente, afirma un investigador de la Dijin. La mayoría de ellos venden todo lo que tienen y sus familias adquieren grandes deudas para pagar uno de estos viajes. Los falsificadores aprovechan esto y en la mayoría de los caso los estafan”, concluye (ver testimonios). Aquellos que tienen deudas con la justicia, evidentemente, también recurren a las redes de falsificadores para salir del país. Pero estos no son los únicos clientes que han hecho de la falsificación un gran negocio.

Por su ubicación geográfica Colombia es un punto estratégico para llegar principalmente a Estados Unidos o Canadá. Investigaciones y operativos adelantados por el departamento de extranjería del DAS han logrado establecer que libaneses, sirios, jordanos, ecuatorianos, cubanos, peruanos, venezolanos y nicaragüenses se han convertido en los últimos años en los principales clientes extranjeros de las redes de falsificadores. Estos viajan desde sus países de origen hasta Colombia, en donde las redes les proporcionan los documentos para salir hacia el exterior.

En Colombia los organismos de Inteligencia han comenzado una lucha frontal contra este tipo de redes. Sin embargo son conscientes de que mientras la legislación nacional no contemple penas más severas para estos delitos difícilmente se podrá erradicar este problema que poco a poco está tomando dimensiones inimaginables.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.