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| 1/31/2009 12:00:00 AM

¿Suicidio electoral?

El Polo corre el riesgo de quedar sin tres de sus figuras más taquilleras para 2010.

El timbre de la voz del senador Jaime Dussán lo dice todo. Es el tono de un político que se siente ganador. Y no es para menos: su grupo, comandado por él y el también senador Iván Moreno Rojas, ha quedado al mando del Polo Democrático Alternativo. El próximo 26 de febrero, el Congreso Nacional del partido ratificará esas mayorías. La pregunta del millón es si el a la derrotada del ex alcalde Luis Eduardo Garzón, el senador Gustavo Petro y la ex canciller María Emma Mejía estarán presentes en esa fiesta. Dussán no lo duda. Aunque dice que si el Partido Liberal, que ya tiene siete precandidatos, lo quiere, él le puede "regalar a Lucho para que sean ocho".

A la opinión pública, que le pone poca atención a las mecánicas partidistas, le causó sorpresa que tres de las figuras de la izquierda más conocidas nacionalmente quedaran en el limbo. El punto de la discordia fueron los intentos de Lucho Garzón de buscar un entendimiento con otras agrupaciones políticas, con el fin de hacerle contrapeso a un candidato único del uribismo, sea el Presidente o cualquiera de los aspirantes a sucederlo.

Según Dussán, estaban vendiendo el partido antes del juego y por eso se vio obligado a informarles el jueves a Petro y a Garzón del acuerdo que había concertado con el grupo de la llamada izquierda ortodoxa, cuyos voceros más representativos son los senadores Jorge Robledo y Wilson Borja. En síntesis, si las elecciones fueran hoy, el Polo tendría su propio candidato en la primera vuelta. Este sería escogido en una consulta donde participarían el ex candidato y presidente del Polo, Carlos Gaviria, Garzón, Petro y Dussán, sorpresivamente.

Para Lucho y compañía, es un error monumental comprometerse desde ahora en tener candidato del Polo en 2010. Creen que no es posible derrotar a los uribistas solos y que sin una alianza, el Polo seguiría relegado nuevamente a la oposición. Ponen como ejemplo las elecciones locales de octubre de 2007, cuando el partido renegó de las coaliciones y vio reducida su influencia en el país. Temen un nuevo fracaso si no se convoca a fuerzas afines.

Curiosamente, el ala de Dussán y Moreno Rojas no difiere mucho de esa tesis. Ellos también quieren competir para ganar y no sólo para estar en el podio con la medalla de plata. ¿Por qué, entonces, optaron por aliarse con la llamada izquierda radical y contestataria, que prefiere perder elecciones a renunciar a sus posiciones dogmáticas? En el fondo se trata de personalidades y visiones distintas de lo que debe ser el Polo.

Las relaciones de Garzón con Dussán y la familia Moreno Rojas nunca han sido buenas y empeoraron en la campaña por la Alcaldía de Bogotá. Lucho respaldó a María Emma Mejía en la consulta y tampoco se la jugó toda por Samuel en su enfrentamiento con Enrique Peñalosa. O por lo menos esa es la sensación que quedó entre los allegados al actual Alcalde.

Al salir del Palacio de Liévano con una alta popularidad en las encuestas, Lucho actuó como si tuviera derecho adquirido a la jefatura del Polo. Subestimó un hecho irrefutable: que Samuel con su victoria se había convertido de hecho en el nuevo sheriff. Y, a diferencia de Garzón, el Alcalde tiene detrás una gran fuerza parlamentaria, que en todo partido político, es definitiva en temas de maquinaria electoral.

Pero, aunque Dussán, Robledo y allegados sonríen hoy con su jugada maestra, pueden terminar por cometer una equivocación histórica si en aras de la coherencia ideológica y partidista pierden a tres figuras taquilleras y atractivas para la franja del centro, decisoria en cualquier elección presidencial.
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