Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1992/03/16 00:00

SUPERBIEN, PERO NADA QUE VER

La nueva programación despierta más interés entre los televidentes que entre los críticos.

SUPERBIEN, PERO NADA QUE VER

TODAS LAS PERSONAS QUE tienen que ver con el medio de la televisión, desde quienes están vinculados con las programadoras hasta los funcionarios de los organismos oficiales del ramo, están metidos de cabeza en la discusión de las perspectivas de privatización de la TV., anunciada en días pasados por el ministro de Comunicaciones, Mauricio Vargas. Pero el televidente raso, a cuyo nombre se hace y se deshace y cuya existencia es lo que en últimas justifica esa industria, sólo se preocupa por lo que ve en la pantalla chica. Y lo que está viendo en estos momentos está muy lejos de ser la programación de un sistema de canales privados de televisión.
Lo que está al aire en la TV. es el resultado de la adjudicación de espacios que hizo el Gobierno a los particulares a finales de año pasado, y que se convirtió en la programación nacional a partir del pasado primero de enero. La filosofía gubernamental fue la de separar a las programadoras por cadenas, constituyendo dos fuerzas equilibradas que se obligarán a competir entre sí, asimilando lo más posible el régimen mixto colombiano a un sistema de canales privados e independientes. Cada programadora se enfrenta a espacios similares a la misma hora en la cadena opuesta, con el fin de darles a las mismas oportunidades y de acentuar la competencia en el medio. Se diseñó el sistema de tal manera que las programadoras tuvieran que dedicarse a producir programas de toda clase, aunque en un número de horas proporcional a su tamaño. La idea era que tuvieran también la posibilidad de producir programas, como las novelas, que por ser los preferidos de la audiencia significaran mayores ingresos Para los empresarios. De acuerdo con lo que se dijo en el momento de explicar la filosofía de la adjudicación, se trataba de aproximarse al sistema de los canales privados, con el fin de ambientar un esquema al cual finalmente se tendría que llegar. Una vez organizado el tinglado, sonó la campana.
Las dos cadenas arrancaron como si fueran dos canales privados, y se lanzaron a una competencia propagandística que no tenía antecedentes en Colombia. La antigua Cadena 2, preocupada porque el número pudiera indicar que estaba por debajo de la 1, decidió cambiar de nombre y bautizarse Canal A. Algunos consideraron el cambio de nombre como una medida hasta cierto punto arbitraria que podría confundir a los televidentes. Pero el hecho es que tras una campaña sólida, diseñada por la firma Marca Publicidad, se logró convertir muy pronto la imagen del león saltando en el triángulo en un símbolo familiar para el televidente. La competencia, azuzada por la audacia del cambio de nombre de su oponente, y en una estrategia diseñada y ejecutada por Atenas Publicidad, se lanzó a la tarea de identificar el número 1 de la cadena con la palabra UNO, manteniendo la sonoridad del nombre pero cambiándole el contenido hasta convertirlo en un concepto personal: "Uno".
Las predicciones del Gobierno respecto al comportamiento general de las programadoras dentro del nuevo esquema, resultaron válidas en cuanto a la competencia. Todos los programadores, sin excepción, aceptan que ahora la pelea es mucho más fuerte, y en algunos casos llega a ser feroz. El diseño de la programación por franjas garantiza que el que baje la guardia corre el riesgo de ser arrasado por su enfrentado, que compite a la misma hora con un programa del mismo género. Pero aunque el sistema se asemeja al de las cadenas privadas que quería imitar el Gobierno, el comportamiento en muchos aspectos está muy lejos de ser igual. A pesar de que la estructura está hecha de tal manera que los amigos de una programadora estén en la misma cadena y los competidores en la opuesta, ya se están dando los casos de pactos horizontales en la programación. A poco más de un mes de iniciada la programación se daban casos como los de RTI y JES, de canales diferentes, que acordaron programar y promover conjuntamente el horario de la película del domingo.
Y así como la pelea horizontal que se buscaba ha tenido sus excepciones, la amistad vertical al interior de las cadenas no ha resultado tan armónica. La necesidad de diseñar la programación de una manera coherente para luchar como cadenas, ha chocado con el interés individual de las programadoras como empresas. Aunque nunca antes se había visto tanta identidad de las cadenas como equipos, en este campo no se puede hablar de unidad total. "Cuando a alguien le está yendo bien es muy difícil esperar que se sacrifique por la cadena; probablemente cuando le vaya mal, se ponga en manos de sus vecinos de canal como la única salida posible", le dijo a SEMANA el representante de una de las programadoras fuertes de la televisión.
Para algunos, al no ser totalmente eficiente la solidaridad entre las empresas que conforman la cadena, la situación de cada una de ellas se hace menos sólida. "El esquema actual señala un programador-parte de la base de la unidad entre todos. Al no presentarse, no somos autónomos para defendernos, especialmente en cuanto a los arrastres de sintonía entre programa y programa". En esta materia, algunos sostienen que hubiera sido mejor darles sus espacios en bloque, de manera que pudieran defenderse mejor en los arrastres.
Ciertos directivos de programadoras explican que los arrastres pueden ser determinantes para el futuro de cualquier programa. El ejemplo que aducen es el de aquellos espacios que se mantienen exactamente iguales en cuanto a contenido y horario, y sin embargo han registrado cambios sustanciales en sintonia entre diciembre y enero, en razón de los programas que los anteceden.
UNO, AL FRENTE
En el primer mes del nuevo sistema, la Cadena Uno arrancó ganándole al Canal A. Los datos acerca de la sintonia general indican que el rating promedio de los hogares en enero fue de 25 puntos para la Cadena Uno y de 18 para el Canal A. Esta diferencia hizo que muchos programadores empezaran a mirar a sus competidores por encima del hombro. Pero la tendencia ha empezado a modificarse, lentamente, en algunos horarios.
Lo que si constituyó una verdadera hazaña en materia de sintonía es la lograda por el Noticiero QAP, dirigido por María Isabel Rueda y María Elvira Samper. En apenas 30 días de existencia, el informativo de "las Marías" logró colocarse en el primer lugar de audiencia. Es tan notorio el caso, que las mediciones de enero muestran cómo al llegar a las 9:30 de la noche las tendencias de las dos cadenas se invierten radicalmente, y el Canal A supera a la UN0. Los inmediatamente perjudicados por este fenómeno son los enfrentados del noticiero CMI, que dirige y presenta Yamid Amat.

DRAMATIZADOS, UN DRAMA
Si la programación actual se puede definir de alguna forma, esta es bajo el signo de los dramatizados. Las novelas nacionales son las que están presentes en mayor cantidad, y esa proliferación ha provocado críticas en algunos sectores. Sin embargo, si algo tienen las telenovelas es audiencia. Los datos del mes de enero señalan que la franja de mayor número de televisores encendidos es la de los dramatizados nacionales. La franja de las 12 del día subió de 58 a 60 por ciento entre diciembre del año pasado y enero del presente; la de las ocho de la noche aumentó de 55 a 69 y la de las 10 de la noche de 46 a 62 por ciento en sólo 30 días. Pero quienes critican el exceso de este tipo de espacios sostienen que la programación de televisión debe tener un sentido educativo y no puede estar regida únicamente por la rentabilidad de un género muy popular. De aplicarse este criterio en forma exclusiva, los programas educativos estarían condenados a muerte. Entre los dramatizados, en el mes de enero la nota destacada es que las novelas de las grandes programadoras, RCN ("Inseparables") y Caracol ("La 40")han sido suPeradas Dor las de RTI ("En cuerpo ajeno") y JES ("Sangre de lobos"), programadoras más pequeñas pero que arrancaron en punta con sus programas bandera.
Los dramatizados son los que con mayor frecuencia se ven en esta programación, porque dentro de la estructura actual es muy difícil que una programadora pueda subsistir económicamente sin contar con una novela en ua buen horario. La adjudicación, en esta materia, al buscar ser democrática con el programador -como tenía que serlo- no lo fue tanto con el televidente, en la medida en que no le dejó opción de escoger otro género en el otro canal.
Y hay quienes dicen que la novela tiene tanto de largo como de ancho, pues así como un alto índice de sintonía puede convertirse en una mina de oro, una mala racha puede llevar a la quiebra si no tiene la suficiente solidez económica.
"Un cálculo aproximado dijo un alto ejecutivo de una programadora puede indicar que en un revés de sintonía en el dramatizado se pueden perder cerca de cinco millones de pesos diarios, y eso no lo resisten muchos".
Esa necesidad de ser justos con los programadores constituye una camisa de fuerza para la programación, pues obliga a emitir algo específico en los diferentes horarios, y no jugar al antojo del empresario para hacer más atractivo el producto a ojos del televidente. Sin embargo, el actual sistema, con multiples empresas compitiendo a lo largo de dos frecuencias, no permite sino el diseño de una programación rígida y uniforme. A pesar de las cifras de sintonía de unas novelas sobre otras y de una cadena sobre la contraria, nadie pone la mano al fuego por la permanencia de estas tendencias. "Me parecería un poco ingenuo pensar que las cifras del primer mes de programación se puedan considerar definitivas en una adjudicación que debe durar seis años", le dijo a SEMANA un directivo de RCN Televisión.
En efecto, lo que ha ocurrido hasta el momento es apenas el abrebocas de lo que sucederá en el campo de la televisión durante los próximos años. Es muy probable que en ese lapso las cosas cambien y que la situación de algunos programas y programadores pueda ser distinto de lo que está sucediendo hoy. Pero lo que es seguro es que lo que estará viendo el televidente al final de esta programación va a ser muy parecido a lo que está viendo ahora que apenas comienza. -

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