Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1995/06/19 00:00

A SUS PIES RENDIDO

Para reanudar los diálogos con la guerrilla, el gobierno cedió demasiado. ¿error o estrategia?

A SUS PIES RENDIDO

FUE UNA DOBLE MUESTRA de audacia. No sólo el presidente Ernesto Samper hizo la más generosa propuesta de paz que gobierno alguno haya hecho a la guerrilla desde tiempos de Belisario Betancur, sino que para dichos anuncios escogió como escenario la ciudad de Bucaramanga, capital de uno de los departamentos en que los grupos alzados en armas se han ensañado de modo más cruel contra la población civil en materia de secuestros, asaltos y minas quiebrapatas. Reveló con ello el gobierno que estaba dispuesto a hacer una apuesta alta y arriesgada, después de cinco meses de callada gestión del alto comisionado para la paz, Carlos Holmes Trujillo.
Tanta audacia produjo de entrada una encendida polémica. A los pocos minutos de la divulgación del informe del Alto Comisionado y del discurso del Presidente, muchos de los dirigentes gremiales -en especial de los sectores agrícola y ganadero- cuestionaron tanto la decisión gubernamental de desmilitarizar una amplia zona del municipio de La Uribe para iniciar allí los diálogos con las Farc, como el hecho de que en el curso de los contactos el gobierno haya aceptado la condición impuesta por el ELN y el EPL de que sus dirigentes capturados por el Ejército y actualmente en prisión, Francisco Galán, Felipe Torres y Francisco Caraballo, actúen como negociadores.
En los sectores políticos también hubo agitación. Incluso los dirigentes que defendieron la propuesta del Presidente, como el senador Germán Vargas, plantearon dudas sobre la sinceridad de la guerrilla. "Las bases no son realistas. El gobierno se ha excedido en concesiones", aseguró el viernes el directorio conservador. Entre las críticas, las más agudas salieron de labios del senador de Salvación Nacional, Enrique Gómez Hurtado. "Tengo el corazón contrito y la dignidad humillada", dijo Gómez al programa radial Viva FM antes de afirmar que el país asiste al "espectáculo de rendición de las instituciones frente al imperio de los bandidos". En cuanto a la desmilitarización de La Uribe, acusó al gobierno de devolverle "su capital" a los guerrilleros. "Naturalmente -concluyó- la paz se logra -si es que eso es paz- cuando uno de los bandos se rinde, y a mz me parece que el Estado colombiano se va a sentar a pactar su rendición ".

SECRETO Y DISCRETO
A juzgar por la ferocidad de algunos cuestionamientos, alguien podría decir que el gobierno midió mal las dimensiones de la reacción que, al menos en la clase dirigente, produciría la propuesta de Bucaramanga. Pero este puede ser un análisis demasiado facilista. El gobierno no es tonto y tiene sus propios cálculos, que resultan de cinco meses de negociaciones mas o menos secretas, y en todo caso discretas, con los voceros de la guerrilla.
En efecto, desde cuando el Presidente le dio vía libre al Alto Comisionado, para iniciar las gestiones hacia un eventual diálogo con los grupos guerrilleros, Trujillo se propuso dos metas: explorar con los jefes guerrilleros las posibilidades del proceso y hacerlo en medio del mayor sigilo posible, la verdad es que logró ambos objetivos.
En el curso de los últimos cinco meses envió en 13 ocasiones a delegados de su oficina a visitar en las cárceles a los dirigentes del ELN Francisco Galán y Felipe Torres. El jefe del EPL Francisco Caraballo también fue visitado por funcionarios de la oficina del Comisionado, quienes se reunieron y dialogaron con él en 10 oportunidades. Todo ello sin que las gestiones trascendieran a los medios de comunicación.
Así mismo, cuando estuvo seguro de que había posibilidades de avanzar hacia una primera ronda de conversaciones con esos dos grupos, el Alto Comisionado se involucró personalmente en las conversaciones. El lunes de la semana pasada visitó en sus celdas a Galán y a Torres, a quienes el comando del ELN había reconocido como voceros en una carta abierta días antes. En dicha comunicación el comando del ELN dijo que su vocero "está a la vuelta de la esquina ", lo que fue interpretado por el gobierno como una clara señal en dirección a los dos líderes del ELN detenidos.
La conclusión de estos encuentros fue que es posible, más o menos a corto plazo, iniciar con el ELN y el EPL una primera ronda de conversaciones sobre un tema que desde un principio asomó como común denominador en las agendas tanto del gobierno como de esas dos organizaciones armadas: la humanización de la guerra.
Y mientras tanto, ¿qué sucedía con las Farc? La verdad es que con este grupo las cosas han marchado de modo mucho más lento, en contra de lo que en principio pensó el gobierno y de la percepcion que tiene la opinión pública sobre cuál de los grupos guerrilleros está más dispuesto a llegar a la paz por la vía de la negociación (ver encuesta). Entre el secretariado de las Farc y el Alto Comisionado ha habido un retórico cruce epistolar tras el cual lo único claro es que las Farc desean que los primeros contactos se realizen en el municipio de La Uribe, que para el efecto debe ser desmilitarizado.
Con esos elementos entre las manos, el Comisionado rindió su informe la semana pasada al Presidente, y éste a su vez autorizó el inicio de conversaciones con el ELN y el EPL sobre el tema de la humanización del conflicto y se declaró dispuesto a desmilitarizar una extensa zona de La Uribe, si esto convenía a garantizar el arranque de las conversaciones con las Farc.

EL FILO DE LA NAVAJA
Pero aunque las anteriores revelaciones sobre la labor desarrollada por Trujillo en medio del sigilo hablan bastante bien de él, nada de ello garantiza el éxito de las gestiones. La verdad es que a la hora de hacer un corte de cuentas, lo único que queda claro es que en el necesario romance que debe darse entre gobierno y guerrilla para avanzar hacia la paz, por ahora el gobierno es el único que ha cortejado a su eventual pareja, mientras ésta -la guerrilla -se ha mostrado tan retrechera como pedigüeña. En efecto, desde hace ya tiempos que el proceso de paz en Colombia se viene caracterizando porque la guerrilla pide y el gobierno concede. La guerrilla pidió que Colombia adhiriera al Protocolo II de Ginebra, y el gobierno y el Congreso lo hicieron. La guerrilla pidió señales claras contra la violación de los derechos humanos, y, entre otras acciones, el gobierno divulgó el informe de la masacre de Trujillo. La guerrilla pidió que sus dirigentes presos adquirieran rango de voceros políticos, y el gobierno lo aceptó de entrada. La guerrilla pidió que La Uribe fuera desmilitarizada, y el propio Presidente se declaró dispuesto a ello, a pesar de que esa zona del territorio era la primera que el Ejército estaba recuperando de manos de las Farc en varias décadas.
Mientras tanto, el gobierno y amplios sectores de la sociedad han pedido que la guerrilla deje de secuestrar, y ésta ha recrudecido esa actividad. Gobierno y opinión pública han suplicado que la guerrilla deje de instalar minas quiebrapatas, y los alzados en armas no han hecho más que extender su uso. En fin, el gobierno y el país en general han pedido de la guerrilla hechos y no sólo palabras como muestra de su voluntad de paz, y lo único que se puede interpretar como tal es una reducción de poco más del 30 por ciento en los ataques guerrilleros entre noviembre y abril, disminución que bien podría explicarse por la tradicional tregua de Navidad que conceden los alzados en armas colombianos desde hace décadas.
Lo curioso es que aún así, e incluso si en sectores políticos y empresariales las concesiones dadas a conocer el jueves por el gobierno fueron recibidas de manera más bien negativa, el hecho es que a nivel popular la paz y su búsqueda por la vía del diálogo siguen recibiendo un amplio respaldo (ver encuesta). El gobierno encargó al Centro Nacional de Consultoría una detallada encuesta en 20 ciudades, para medir el ambiente frente al proceso, y no hay duda de que las conclusiones del estudio lo impulsaron a jugarse el todo por el todo.
Pero el gobierno también es consciente de que si las cosas salen mal, si de nuevo como le sucedió a Belisario Betancur con las Farc y el M-19, y a César Gaviria en Caracas y Tlaxcala, todo esto termina en un nuevo y monumental fracaso, el péndulo de la opinión popular volverá a colocarse del lado de la mano dura, quién sabe si para siempre. Lo que Samper y su Alto Comisionado esperan, y en ese punto parecen estar basando su estrategia, es que eso también lo entienda la guerrilla y que a sus dirigentes no les quede más remedio, por una primera y definitiva vez, que ceder tanto como el gobierno lo ha hecho hasta ahora. Si lo logran, confirmarán que los generosos anuncios de la semana pasada hacían parte de una inteligente estrategia. Si no, la opinión les pasará una costosa cuenta de cobro. Por lo pronto los augurios no son los mejores. En las primeras horas del viernes las Farc llevaron a cabo un cruento ataque en el municipio de Ubaque, Cundinamarca, a muy escasos kilómetros de la finca de recreo del propio presidente Samper.

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