Viernes, 29 de agosto de 2014

Los propios presidentes de Senado y Cámara pidieron al gobierno llamar a extras. Serán tres días adicionales para salvar la reforma tributaria.

| 2012/12/15 00:00

Suspenso ante la reforma tributaria

En términos generales el gobierno presentó una buena reforma tributaria, pero no ha tenido el suficiente muñequeo político en el Congreso. Esta semana se define su aprobación.

Los proyectos de reforma tributaria suelen ser polémicos y su trámite en el Congreso complejo. Por tratarse de iniciativas que tocan el bolsillo de los ciudadanos y las fibras más sensibles de la economía, todo el mundo les quiere meter la mano y de allí la idea de que una es la reforma que entra al Legislativo y otra la que sale.

Pues bien, el proyecto que en estos momentos está haciendo tránsito en el Congreso, no se ha salido de esta tradición. Sin embargo, esta es una de las reformas tributarias que más comprometida se ha visto en la recta final de su trámite, al punto que muchos la han dado por muerta.

Y la verdad es que, esta vez, el gobierno la ha visto color de hormiga, pues ha venido creciendo la oposición a la reforma, tanto en el Congreso, como en algún sector de la opinión pública que, si bien no vota, sí ejerce una fuerte presión sobre el Legislativo.

La semana pasada, el presidente Juan Manuel Santos, por segunda vez desde que el proyecto comenzó a discutirse en el Congreso, tuvo que salir a defenderlo a través de alocución televisada. Muchos percibieron el hecho como una muestra de desespero político del gobierno y temor de no lograr las mayorías para sacar adelante la iniciativa.

El viernes, Santos tuvo que llamar a sesiones extras al Congreso (hasta el 19 de diciembre) para salvar la reforma, pues no logró ser votada en la sesiones ordinarias terminadas el 16 de diciembre.

En cierto sentido, la reforma está en suspenso. Si bien la Plenaria del Senado ya votó 105 artículos sobre los que hubo acuerdo, es decir el 54 por ciento de la reforma, todavía queda un trecho muy grande por discutir, pues la ponencia tiene 192 artículos. Lo complejo es que los 87 que faltan por votar todos tienen proposiciones o propuestas de los senadores. En total hay 150 proposiciones en el Senado, en las que hay de todo como en botica.

Peor panorama se ve en la Cámara de Representantes, donde ni siquiera han comenzado a abordar el informe de ponencia, pues se han dedicado al tema de los impedimentos, un asunto en el que los congresistas ni espabilan por las graves consecuencias que de allí se desprenden, desde sanciones hasta pérdida de investidura. En otras palabras, en la Cámara está todo por hacer, con el agravante de que allí hay otras 150 nuevas proposiciones. Los conocedores del tema legislativo saben que esta corporación es mucho más dura en los temas tributarios que el Senado.

El asunto es que hay tres días para resolver las más de 300 proposiciones que están sobre la mesa, lo que ya es una tarea titánica. El ministro de Hacienda afirmó que la mayoría tiene que ver con IVA, pero en realidad hay de todo, hasta temas que no son estrictamente tributarios pero que los parlamentarios quieren aprovechar para sacar.

La tarea del gobierno será vigilar que no le metan micos en este alud de propuestas. Como dice un analista legislativo "tiene 300 micos rondando y será muy difícil controlar que no se le metan algunos".

La buena noticia es que las dos corporaciones nombraron subcomisiones para trabajar con el gobierno y depurar esta lista. Por el senador fueron designados:

Germán Hoyos, Camilo Sánchez, Germán Arrieta, Juan Mario Laserna, Antonio Guerra de la Espriella, Mauricio Lizcano, Rodrigo Villalba y José Darío Salazar. Y en la Cámara de Representantes: Ángel Custodio Cabrera, Jaime Rodríguez Contreras, Orlando Clavijo, Carlos Ccuenca, David Barguil, José Padaui, Alejandro Chacón y Eduardo Crissien

Pero, ¿por qué se ha dificultado de esta manera el trámite de la segunda reforma tributaria de la administración Santos?

Hay que decir que esta reforma tiene varias particularidades, que han terminado por enredar su trámite. Unas tienen que ver con lo económico, propiamente dicho, y otras con el manejo y la coyuntura política.

En términos generales esta es una buena reforma tributaria. El sector empresarial la ha respaldado. La Andi, el gremio de los industriales, destacó sus bondades, y la SAC que reúne a los agricultores, con algunas observaciones, ha señalado que la propuesta es buena.

Fedesarrollo, Anif y economistas como Guillermo Perry también han considerado que se trata de una de las mejores reformas tributarias que se han presentado en el país. La directora del Fondo Monetario Internacional, FMI, Christine Lagarde, en su visita a Colombia, la destacó como una propuesta que tendrá una gran trascendencia en materia de empleo.

La verdad es que el gobierno se la está jugando con un nuevo modelo tributario que busca mayor equidad y empleo. Se metió con un tema que ha sido muy sensible en el país, como es el desmonte de parte de los parafiscales (impuestos a la nómina) con destinación al ICBF, Sena y la salud. La tesis del gobierno es que, al reducir los costos de la nómina de las empresas, se estimulará la formalidad laboral y empleo. Esta propuesta que está bien intencionada, ha sido muy controvertida en el Congreso y entre los trabajadores. Aunque el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, ha demostrado que estas entidades no se verán afectadas en sus presupuestos, no ha logrado despejar en su totalidad las dudas de muchos parlamentarios.

La reforma también propone cambios sustanciales en la tributación de las personas naturales, especialmente los asalariados. Bajo el nuevo concepto, se crea el llamado Iman (Impuesto Mínimo Alternativo) que establece un piso para el pago de impuestos. Por esta vía quienes reciben mayores ingresos tendrán que pagar más impuestos y, por justo que sea, nadie quiere que le metan la mano al bolsillo.

Pero más allá de los temas de impuestos que despiertan controversia aquí, en la China y en la Conchinchina, la verdad es que el manejo político no ha sido el mejor.

Analistas consideran que dada la coyuntura, en este momento las habilidades políticas del gobierno en el Congreso son esenciales. Es un hecho que a medida que ha ido avanzando el periodo de gobierno, la rueda de las mayorías se ha ido desgastando y ya no es tan fácil alinear a la coalición en favor del ejecutivo.

Además el fantasma de la reforma a la Justicia sigue rondando en el Congreso, y el gobierno sabía que a partir de allí, las cosas serían a otro precio con una iniciativa como la tributaria. Los parlamentarios se cuidan al milímetro a la hora de una votación tan compleja como esta.

El asunto es que muchos piensan que el gobierno debió armar bien su estrategia en el Congreso antes de llevar la reforma. Como dijo un parlamentario "si la reforma tributaria no sale, no es por su contenido, sino porque el gobierno no supo maniobrar en el Congreso".

Aunque el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, mostró su vena política la semana pasada en el Senado con un discurso lleno de alabanzas al Congreso y de gratitud con los parlamentarios porque mejoraron la propuesta que inicialmente se había presentado, la verdad es que muchos creen que la mano de Fernando Carrillo, ministro del Interior, se debió sentir con más fuerza, mucho antes y no a última hora.

Lo cierto es que el gobierno que ya hizo cambios al proyecto original, cedió a muchas peticiones del Congreso, pero todavía no puede cantar victoria. Se la tendrá que jugar a fondo, porque si no pasa esta reforma, sería una estruendosa derrota con implicaciones políticas mucho más graves que económicas y con impacto en 2013. El ministro Carrillo una excelente oportunidad para ejercitar sus habilidades políticas. Lo importante es que pase bien, y no cargada de micos, porque eso sí sería lo peor.

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