Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

Te hablo desde la prisión

Desde una de las cárceles más seguras de Estados Unidos, dos colombianos condenados a cadena perpetua lideraron una red que durante cinco años introdujo toneladas de coca.

Jorge Ignacio Figueroa era uno de los dos colombianos que lideraban la red de traficantes desde una cárcel de máxima seguridad en Pensilvania, Estados Unidos. Desde allí coordinó el embarque de droga que era camuflada en bultos de café, los cuales eran enviados hacia Norteamérica en contenedores.

Jorge Ignacio Figueroa y José Escobar están detenidos en la prisión de Allenwood, Pensilvania, Estados Unidos, una de las cárceles de máxima seguridad más temidas por los reos, debido a las rígidas normas y severidad de los controles que allí se aplican. Figueroa fue sentenciado en 1991 a cadena perpetua y Escobar recibió en 1995 una pena de 30 años de prisión por tráfico de cocaína. Pero, a pesar de llevar una década encerrados en una de las cárceles federales más severas del sistema penitenciario estadounidense durante los últimos cinco años, estos dos colombianos manejaron desde la cárcel una compleja red de tráfico de drogas conformada entre colombianos y estadounidenses que ingresó más de tres toneladas de cocaína a Norteamérica. La investigación que permitió descubrir la banda de traficantes comenzó en diciembre de 2000. Es esa época, agentes del Servicio de Aduanas de Estados Unidos arrestaron a cinco hombres en las afueras del puerto de Howland Hook en Staten Island, Nueva York. Les encontraron 78 kilos de cocaína, pero lo que llamó la atención de los agentes fue que tenían en su poder varios sellos de seguridad con los que los agentes portuarios verifican que los contenedores que llegaban al puerto habían sido inspeccionados. La sorpresa de los investigadores fue mayor al descubrir, gracias a los testimonios de algunos de los arrestados, el nombre de la persona que coordinaba los envíos: Jorge Escobar, el colombiano preso en la prisión de Allenwood. Desde enero de 2001, los agentes de aduanas empezaron a monitorear las llamadas que Escobar hacía desde la prisión. Eso les permitió descubrir que el puerto de Nueva York no era el único lugar por el que la red ingresaba droga hacia Estados Unidos. La terminal marítima de Oakland en California era el otro punto de ingreso. Durante los siguientes dos años reforzaron los controles sobre estos puertos y así lograron incautar, en varios operativos en las afueras de los puertos, varias toneladas de coca distribuida en pequeños cargamentos que no superaban los 300 kilos. En ese período de dos años 20 personas fueron arrestadas. Pero los agentes, aunque monitoreaban las llamadas de Escobar, aún no tenían claro cómo llegaba la droga a Estados Unidos, de dónde salía ni quiénes conformaban el resto de la banda. Aunque Escobar mencionaba algunos detalles cuando hablaba por teléfono, era cuidadoso de no entregar información precisa que llevara a los agentes a descubrir a sus socios. En noviembre de 2003 los agentes consiguieron el permiso de un juez para grabar las conversaciones de Escobar con las personas que lo visitaban en la prisión. Fue así como los agentes descubrieron el modus operandi de la red. La banda conseguía la cocaína con diferentes narcotraficantes en el norte del Valle y era camuflada en cargas de café que salían en contenedores desde el puerto de Buenaventura. Escobar, junto con Figueroa, el otro colombiano preso en la misma cárcel, recibía reportes y daba instrucciones a familiares y amigos que los visitaban, sobre cómo sobornar a los funcionarios estadounidenses en los puertos para garantizar que no encontraran los cargamentos. Los funcionarios de los puertos se encargaban de hacer 'inteligencia' a los agentes de aduanas y entregaban datos clave a los miembros de la red. Por ejemplo, les decían cuáles contenedores iban a ser requisados o que la inspección de la carga sólo sería a los primeros 20 bultos de café. Gracias a las interceptaciones en la cárcel, los agentes lograron identificar y seguir durante meses a los miembros de la banda en Estados Unidos. Pero tenían un problema. La información que tenían sobre los contactos de la banda en Colombia era muy vaga. Se limitaba a apodos, alias, nombres o apellidos. A comienzo de este año, los agentes contactaron a investigadores del Grupo de Extinción de Dominio y contra el Lavado de Activos de la Dijín y les contaron el caso, les dieron la información y pidieron ayuda para desvertebrar la red. Durante ocho meses miembros de la Dijín se dedicaron a investigar la banda en Colombia. El 28 de septiembre a las 5 de la mañana, la Dijín arrestó en Cali a los siete miembros colombianos. Gracias a la información suministrada por esa entidad, ese mismo día agentes de aduanas arrestaron a otras 16 personas en Nueva York y California. En total fueron 42 detenciones, de las cuales 12 eran ciudadanos estadounidenses. El mismo día del arresto Escobar y Figueroa fueron trasladados a uno de los sectores más severos de la prisión de Allenwood. Para los estadounidenses el caso fue muy relevante, pero no sólo porque se arrestó a todos los miembros de la red, ni porque se demostró que ni las cárceles norteamericanas logran evitar la actividad criminal de los internos. Después de los ataques del 11 de septiembre a las Torres Gemelas, el gobierno estadounidense ha invertido millones de dólares en reforzar las medidas de vigilancia de los puertos. La seguridad portuaria es considerada como un asunto de seguridad nacional y la red de Escobar y Figueroa dejó al descubierto dónde están esos puntos débiles.

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