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| 1/29/2011 12:00:00 AM

Teléfono roto

Los verdes están recibiendo palo por sus contradicciones y falta de claridad. ¿Se esfumó la ola o lograrán recuperar el impulso que alcanzaron el año pasado?

Los verdes están en el ojo del huracán. En los últimos días han recibido una dosis elevada de palo mediático y la paradoja es que los principales críticos coinciden con quienes hace poco menos de un año, en la campaña presidencial, habían estado en el campo de simpatizantes. Hoy resulta difícil recordar que la candidatura de Antanas Mockus llegó al primer lugar de las encuestas impulsada por las redes sociales y por los columnistas de prensa que hoy hablan de desencanto, traición y falta de sentido político para calificar los pasos contradictorios que han dado los miembros de la cúpula del partido. La desilusión no se limita a los líderes de opinión: la famosa ola verde está decepcionada.

Mockus, el excandidato presidencial; Lucho Garzón, el vocero y presidente del partido; Sergio Fajardo, exfórmula vicepresidencial, y Enrique Peñalosa, precandidato a la Alcaldía de Bogotá, están mirando para lados diferentes. Parece que no se hablaran o que lo hicieran a través de un teléfono roto. Y la confusión de sus mensajes internos está saliendo a la luz pública. A varios miembros de la colectividad les preocupa que la cascada de mala prensa que ha golpeado a los verdes debilite sus posibilidades para las elecciones de alcaldes y gobernadores del próximo mes de octubre.

El centro del problema está en Bogotá y el florero de Llorente fue una noticia que apareció en un confidencial de SEMANA según el cual Mockus le había ofrecido a la exsenadora Gina Parody, que no es del Partido Verde, que participara en la consulta interna para escoger al candidato a la Alcaldía de la capital. ¿Por qué y para qué se necesita buscar a alguien de afuera si el fuerte de la colectividad es, precisamente, que tiene a Peñalosa, Mockus y Lucho Garzón, que podrían ser buenos candidatos? La movida de Mockus fue un torpedo contra la unidad, porque algunos miembros y simpatizantes del partido consideran que hay un pacto, tácito o explícito, para una especie de división del trabajo entre los jefes naturales: Mockus fue candidato presidencial el año pasado, Lucho es su actual presidente, Fajardo será candidato a la Gobernación de Antioquia y Peñalosa sería la carta natural para jugar en la crucial batalla por Bogotá. Según un miembro del partido, "había un acuerdo, porque pensábamos que Enrique era el más propicio para la Alcaldía. Él nunca ha querido ser presidente, solo alcalde", dice.

No es de extrañar, en consecuencia, que Mockus haya sido el blanco de críticas. Ya había hablado, antes de la invitación a Gina Parody, de la posibilidad de que Adriana Córdoba, su esposa, fuera la candidata, o de participar él mismo en una consulta frente a Peñalosa. Todo lo cual ha dejado el sabor de que está empeñado en frenar a toda costa a este último. Y esa actitud parece contradictoria con los postulados que han defendido Mockus y los verdes contra la politiquería tradicional y el exceso de ambición personal.

La realidad, sin embargo, es que Mockus tiene razón en muchas cosas. Al excandidato presidencial le ha molestado el cruce de mensajes positivos entre Peñalosa y el expresidente Álvaro Uribe, en las últimas semanas. Incluso, han circulado versiones de que en el Partido de la U, una poderosa maquinaria sin candidato, hay sectores que quisieran apoyar la candidatura de Peñalosa, un buen candidato sin maquinaria, que, además, nunca ha sido antiuribista. ¿Tendría sentido que el candidato y el partido que llegaron a la segunda vuelta presidencial como alternativa al uribismo termine ahora aliado con ese sector? Esa es una posibilidad que les para los pelos a muchos verdes, que se sienten interpretados por Mockus en su molestia.

Más allá de la definición de la candidatura para la Alcaldía de Bogotá, la situación de los últimos días refleja las dificultades que tienen los verdes para encontrar su lugar en el actual panorama político. No están en la Unidad Nacional y no tendría sentido entrar a ella cuando fueron la fuerza política que se enfrentó a Juan Manuel Santos en la segunda vuelta: su papel natural es ser alternativa. Pero tampoco están en la oposición, que sería una carta muy riesgosa en plena luna de miel del gobierno. Santos, además, ha adoptado un estilo que les gusta a muchos de los votantes de Mockus del año pasado, e incluso ha incorporado algunas de sus propuestas de gobierno. Están arrinconados, sin una bandera atractiva y sin un discurso que los identifique en los actuales momentos. Y no les faltan enemigos. Del uribismo han salido señales claras de hostilidad, y hay quienes consideran que los sorpresivos coqueteos de Uribe con Peñalosa buscaban precisamente debilitar a los verdes.

La búsqueda de su esquivo lugar en el plano nacional no es el único problema. Al Partido Verde también lo afecta la atención mediática que ha generado su falta de claridad en la estrategia para las elecciones a la Alcaldía de Bogotá. Sergio Fajardo ha puesto el dedo en esta llaga: los verdes también existen en otros lugares del país, distintos a la capital, y de hecho tienen buenas posibilidades en departamentos como Antioquia. En el encuentro nacional que llevaron a cabo en Barranquilla, hace una semana, hubo buen ánimo y se plantearon alternativas atractivas. "Salimos todos abrazados", dice el representante Alfonso Prada. Pero el 80 por ciento de las noticias que aparecieron en los medios tuvo que ver con el lío de Bogotá.

No hay que olvidar, de otra parte, que los verdes son un partido nuevo, sin experiencia y sin una organización. Los interlocutores del teléfono roto -sobre todo Mockus, Peñalosa y Garzón- hace apenas unos meses llamaban la atención por su capacidad de competir por la candidatura presidencial en un ambiente de cofradía, amistad y generosidad. 'La unión hace la fuerza' se convirtió en un efectivo eslogan. Pero de ahí a contar con mecanismos para dirimir diferencias de opinión, lograr la convivencia de egos y definir propuestas para una nueva realidad política hay un largo trecho. Lo que podría ser aún más complicado luego de que se conocieron los resultados de una encuesta de intención de voto contratada por El Tiempo y La W, según la cual Mockus derrotaría a Peñalosa en una consulta en Bogotá.

A pesar de todo, el Partido Verde podría todavía ser competitivo en algunas de las elecciones claves de este año. Su proyecto se creó alrededor de cuatro prestigiosos exalcaldes y la que se viene es precisamente una elección regional. Falta ver si los verdes lograrán definir, y superar, el manejo de la filigrana que los ha enredado en los últimos días y pasar a otros terrenos en los que pueden desempeñarse con más destreza. Las reglas del juego dicen que las inscripciones de candidaturas deben hacerse antes del martes primero de febrero, lo cual significa que las decisiones tendrán que precipitarse.

El problema es que para salir del atolladero y definir un mapa de ruta para los próximos meses se necesitará visión estratégica, liderazgo interno y buen manejo político. Y esas han sido, precisamente, las tres condiciones que los verdes, en su corta vida, han demostrado que no tienen.
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