Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/07 00:00

El pulso por el tercer canal de TV

La decisión de abrir nuevamente esa licitación provocará una batalla por la publicidad y la audiencia, justo cuando el futuro de los medios tradicionales es una incógnita.

Alejandro Santodomingo (Caracol Televisión), Carlos Julio Ardila (RCN Televisión) y Luis Carlos Sarmiento (‘El Tiempo’). Foto: Brian Marcus / Daniel Reina Romero / Juan Carlos Sierra

Tras años y años de anuncios y tropiezos, el gobierno informó esta semana, de un solo batacazo, que no solo abrirá la licitación que permite el nacimiento de un tercer canal privado de televisión, sino que está listo para que el Canal Uno pueda quedar en manos de un solo operador.

Desde hace años, los canales privados han mantenido un lobby para evitar la llegada de un competidor. Caracol y RCN pagaron cada uno cerca de 275.000 millones de pesos por la concesión, le han girado al Estado el 1,5 por ciento de la facturación anual para financiar la televisión oficial y han tenido que invertir más de 100 millones de dólares en mantener la red análoga y extender la digital. Consideran que aunque ha habido solo dos canales privados, la rentabilidad obtenida hasta ahora es razonable teniendo en cuenta ese nivel de inversión.

Para esos dos canales privados, la entrada de un tercero afectaría el negocio y podría poner en riesgo la consolidación de la industria nacional de la televisión, hoy la tercera de América Latina, después de Brasil y México. Telenovelas como Betty la fea, Café y El patrón del mal han sido posibles gracias a las altas inversiones hechas para mantener una parrilla de calidad exportable mundialmente. El costo de una telenovela en la actualidad puede oscilar entre 8 y 12 millones de dólares, sin saber si va a ser un éxito o un fracaso.

Por su parte, los críticos consideran que haber mantenido ese duopolio por tanto tiempo ha sido perjudicial para los colombianos y argumentan, como dice el ministro de las TIC, David Luna, que se requieren más canales pues es necesario ampliar la oferta informativa y de entretenimiento. De hecho, si se compara a Colombia con otros países de la región, es claro que por su población y economía dos canales es poco. En Argentina, en donde el cable tiene una altísima participación, hay cinco canales abiertos. Chile, Ecuador y Perú, que tienen menos habitantes, cuentan con al menos cinco que son privados y compiten con los públicos. Incluso en Venezuela, en donde el Estado ha lanzado una ofensiva de propaganda con numerosos canales oficiales, aún subsisten tres en manos particulares.

La pregunta es si esos canales tienen la misma calidad y la respuesta parece ser no en la mayoría de los casos. Como la inversión ha sido mucho más baja, y también la rentabilidad, muchos de ellos sobreviven reciclando enlatados, programas de entrevistas de farándula y entretenimiento barato. Un representante de los canales privados manifiesta su preocupación de que en Colombia se llegue a ese nivel si se da un salto súbito de dos a cuatro canales sin tener en cuenta que una televisión de calidad cuesta.

En Colombia, dice un conocedor del tema, hay más que un tercer canal desde hace mucho tiempo. Hoy, los televidentes tienen a disposición diez regionales y públicos, como Señal Colombia o el Institucional; más de 200 por suscripción, y acceso a través de internet a nuevas plataformas como Netflix, Amazon, HBO Go, Hulu o Sling. Esto, sin contar con el inagotable entretenimiento y contenido de redes como YouTube, Facebook o cientos de páginas web que permiten ver películas y series de cualquier parte del mundo.

Esta tendencia quedó clara esta semana cuando el director de Planeación Nacional, Simón Gaviria, dio a conocer un estudio que muestra que los medios tradicionales como la televisión abierta, la radio o los impresos están perdiendo rápidamente publicidad y audiencias debido a que cada vez los colombianos están consumiendo más videos y productos soportados en internet y datos. Y lo preocupante es que muchas de esas empresas ni siquiera están en Colombia ni pagan impuestos.

Una de las conclusiones más importantes de Planeación es que el país requiere de un nuevo marco regulatorio que le permita al Estado controlar a todos los operadores y servicios que se están prestando, más si se sabe que la piratería y el subregistro de afiliados a las empresas de cable le están generando pérdidas de 169 millones de dólares al año.

Por eso, en medio de ese oscuro panorama presentado por el jefe de Planeación del gobierno, sorprendió que el MinTic diera a conocer su decisión. Pero igualmente sorprendente es que haya personas y grupos interesados en participar. Tras la noticia, se supo a lo largo de la semana que Luis Carlos Sarmiento sería uno de los firmes interesados en quedarse con el Canal Uno o con el privado. De hecho, para los expertos es claro que si el banquero ya tiene una gigantesca operación en El Tiempo y sus canales CityTV y El Tiempo, el paso natural es tener un canal nacional propio.

Sin embargo, el dilema de Sarmiento y de otros grandes jugadores, que como Claro o Telefónica estaban esperando el tercer canal, es si no es mejor apostarle al Uno. Antes, este canal, dice el ministro Luna, se regía por una legislación muy antigua que obligaba a dividir la parrilla en varios concesionarios, lo que hacía muy difícil competir con los privados. De hecho, eso llevó a la muerte al Canal A. En vista de que los operadores terminan sus contratos en 2017, el Plan de Desarrollo incluyó un artículo que permite entregar el canal a una sola empresa. Pese a que el artículo está demandado en la Corte Constitucional, la idea del gobierno es abrir la licitación en julio y adjudicarla en octubre.

Aunque todavía no hay un estudio definitivo, se especula que el costo de concesión va a ser muy por debajo de los 154.000 millones de pesos que RCN y Caracol pagaron cada uno por la prórroga de diez años. A esto se suman otras ventajas. El nuevo operador del Canal Uno, a partir de 2019, contará con cuatro subcanales más y no tendría que instalar su propia red. Esto, porque la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) expidió una regulación, similar a la que existe en la telefonía celular, que les permite a los nuevos operadores alquilar la red que ya tienen los canales privados o públicos.

Según Luna, si bien los dos canales privados han hecho inversiones muy cuantiosas, han recuperado ampliamente su inversión en los años en que no ha habido un tercer canal. Igualmente afirma que si la televisión fuera tan mal negocio como se está diciendo, no habría tantos interesados como los que han salido a flote. Y en cuanto a la calidad, al que la produzca siempre le irá mejor que al que no lo haga. Agrega que aún no se han determinado los costos que cobrará el Estado por el Canal Uno ni por el privado, por lo tanto todo lo que se ha dicho hasta ahora es simple especulación.

Luis Carlos Sarmiento es el interesado con mayor músculo financiero pero no es el único. En los días desde el anuncio se han mencionado los nombres de Yamid Amat y Daniel Coronell, quienes hoy manejan la mitad de la programación del Canal Uno en cabeza de los noticieros CMI y Noticias Uno. A Yamid se le ha visto almorzando con el poderoso contratista William Vélez, lo cual ha dado pie a especulaciones. Por otra parte, se sabe que el empresario José Duver y el expresidente César Gaviria, quienes hoy controlan CMI, también estarían interesados. Como todos son amigos entre ellos, lo que no está claro es si van a ir juntos o separados.

En cuanto al tercer canal hay menos especulaciones, ya que el proceso apenas se abrirá en diciembre. Esta iniciativa fue un dolor de cabeza durante el segundo periodo de Álvaro Uribe y una batalla legal en los primeros cuatro años de Juan Manuel Santos, pues fue demandado en las cortes.

Ahora que el gobierno cumplió todas las exigencias que le puso el Consejo de Estado, se va a convertir en realidad. Del valor que se fije esa concesión dependerá la reacción de RCN y Caracol, que siempre se han opuesto a que la competencia que van a tener cuente con gabelas desproporcionadas.

En definitiva, la decisión del gobierno constituye por ahora los avisos promocionales de una gran telenovela que apenas comienza, en la que sin dudas habrá amor, odio, pasiones y guerra de poderes. Muchos se preguntan si ante la nueva realidad de la televisión no hubiera sido mejor un proceso gradual en que se pase primero de dos a tres canales, y si el negocio da, posteriormente a cuatro. Como en las series de televisión, esta historia continuará.

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