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| 1/14/2011 12:00:00 AM

"Tenemos un reto mayúsculo, la lucha contra las Bacrim": Rodrigo Rivera

En el 2010, el fin de las carreras delictivas del 'Mono Jojoy' y de alias 'Cuchillo' representó el mayor éxito de las Fuerzas Armadas. Al comenzar el 2011, las bandas criminales aparecen como el gran desafío. Entrevista de Semana.com con el Ministro de Defensa.

El ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, lo reconoce. Aunque el 2010 pasará a la historia como el año en el que se le dio el golpe más duro a las Farc, gracias a la operación ‘Sodoma’, en la que murió Víctor Julio Suárez, alias el ‘Mono Jojoy’, y meses más tarde, se dio de baja a Pedro Oliveiro Guerrero, alias ‘Cuchillo’, exparamilitar y cabeza de la banda criminal ERPAC, aún está lejos cantar victoria en la lucha contra los violentos.
 
Ahora, el panorama para el 2011 pone a las BACRIM en primer plano, aparte de los ‘objetivos de valor’ en la derrota de la guerrilla.

Y es que aunque de 33 de estas bandas que operaban en el 2006, según las autoridades, se pasó en el 2010 a siete, el número de personas que conforman sus estructuras es hoy mayor, y no menos su presencia en municipios de diferentes regiones del país. De hecho, se ha detectado que de 110 en que operaban, ya lo hacen en 151.
 
Su estrecha relación con el narcotráfico las hace, además, "muy poderosas, muy peligrosas", dice el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, en diálogo con Semana.com, en su despacho del Ministerio.

Semana.com: Empieza el 2011 con un panorama en el que temas como el de la seguridad ciudadana, las acciones de la guerrilla en algunas zonas del país y los asesinatos atribuidos a bandas criminales emergentes generan percepción de inseguridad en el país. ¿Cuál es, desde ya, la prioridad para el Ministerio de Defensa?
 
Rodrigo Rivera: No hay una sola, pero si tuviera que poner un nombre, diría que la prioridad es la seguridad para la prosperidad, que es garantizar niveles cada vez mayores de seguridad, real y de percepción, que se expresa en varias políticas. Podría mencionar, sin que indiquen su nivel de prioridad, unos objetivos estratégicos clave.

Semana.com: ¿Cuáles?

R.R.: Primero, la desarticulación de los grupos terroristas, Farc y Eln. Una tarea en la que habrá continuidad a lo que se ha hecho en los últimos ocho años. Vamos a mantener la firme intención, con un vuelco grande en operaciones, de tratar de llevar la situación a un punto en el cual logremos quebrantar la voluntad de persistir en la violencia por parte de estas organizaciones. Además de ir por los objetivos de alto valor, como ‘Cano’ y desarticular las estructuras.

Un segundo frente es el de la lucha contra las bandas criminales emergentes, donde hay un desafío muy grande. No son cualquier pandilla. Su estrecha vinculación con el narcotráfico y su fuerte presencia en algunas zonas del país las hace poderosas. Tienen gran capacidad de daño. Sin embargo, en los últimos años ha habido una evolución significativa por parte del Estado para enfrentarlas. Las estamos persiguiendo con toda decisión. En el 2006 había 33, el 2010 terminó con siete.

Semana.com: Disminuyeron las bandas, pero el número de personas vinculadas a las que hay aumentó…

R.R.: Tenemos un reto mayúsculo frente a las BACRIM. Y es que aunque hemos realizado muchas capturas, hay un alto porcentaje de excarcelaciones. Generalmente los capturamos por porte ilegal de armas o por tener cantidades pequeñas de narcóticos, y esos delitos en la legislación actual, si van acompañados de confesión de cargos, de allanamientos, les permiten tener beneficios que producen la excarcelación casi inmediata.

Y esa es la clase de ajustes que le estamos pidiendo al Congreso con el Proyecto de ley de seguridad ciudadana. No sólo para incrementar penas, sino también para reducir algunos beneficios. Aunque la Ley no fue pensada para ese propósito, su aplicación sirve. Es necesario que se cambie la ley para hacer las precisiones necesarias, de modo que cuando capturemos individuos de estas bandas, el solo hecho de pertenecer a ellas ya sea un delito grave, que no permita la excarcelación.

También hay que trabajar en este sentido con la Fiscalía, garantizar que entre la Policía Judicial y la Fiscalía se puedan tener casos más sólidos y garantizar que no se den esas excarcelaciones.

Semana.com: Usted habla de 'objetivos de valor' en las Farc, ¿Cuáles son esos 'objetivos de valor' en las  BACRIM?

R.R.: Los hermanos Úsuga; Diego Pérez Henao, alias 'Diego Rastrojo'; Daniel Barrera, el 'Loco Barrera'; Luis Enrique Calle Serna, alias 'Comba'; José María Negrete, alias 'Raúl'; Nover Urdinola, alias 'Don H'… Por ellos estamos ofreciendo recompensa y desarrollando labores de inteligencia. El destino de estos hombres será la captura, o la muerte generada por ellos mismos, porque una característica de estas bandas es que no se enfrentan con la fuerza pública, sino entre ellas.

Semana.com: En Córdoba, por citar un solo caso, la situación parece ser muy grave.  ¿Qué esfuerzos se están haciendo para dar con las cabezas de las bandas criminales?

R.R.: Una respuesta muy sencilla: la caída de 'Cuchillo' y la captura de alias 'Pablito' no se dieron por casualidad, porque un policía se los encontró a la vuelta de la esquina. Se dieron porque existe un esquema similar a los que tenemos para dar con los objetivos de alto valor de la guerrilla.

Si algo se demostró en el 2010 es que no bajamos la guardia. Las bandas criminales sufrieron el más duro golpe con la muerte de 'Cuchillo', considerado por el propio Presidente el "asesino de asesinos".

Semana.com: Robo, sicariato, microextorsión, ¿cómo ve ese panorama en las ciudades?

R.R.: El 2010 cerró con una reducción del 5 por ciento en todos los delitos. Sin embargo, hay que reconocer que la tasa de homicidios sigue siendo muy alta. Por ejemplo, en Cali la tasa es de 61 por cada mil habitantes, lo que resulta preocupante si se tiene en cuenta que el promedio nacional es 31, y en Bogotá, 17. En Medellín es de 55. Hubo un aumento del 5 por ciento. La tendencia de reducción es del 3 por ciento en homicidios, la tasa mas baja de la década, pero hay ciudades con cifras preocupantes.

Semana.com: ¿A qué atribuye esa situación y qué hacer para contrarrestarla?

R.R.: Son zonas que sufrieron con mayor fuerza el drama del paramilitarismo y la guerrilla, que se 'alimentaban' de 'vacunas' y extorsiones, y en donde las nuevas bandas encuentran un terreno abonado para que el fenómeno se repita. Aunque haya presencia del Estado, debe haber también una transformación cultural, que empiece por denunciar, por confiar en las autoridades.
 
Frente a un delincuente, la única respuesta debe ser no dar nada, y denunciar, no seguir viendo la microextorsión como un ‘pecado venial’. Hay que denunciar ante las autoridades y confiar en ellas.

Semana.com: ¿Qué sensación tiene luego del caso de las dos jóvenes de Medellín que desaparecieron, en el que estarían involucrados tres policías?

R.R.: No es fácil cuando vemos que la misma autoridad está involucrada en ese tipo de situaciones, pero en todas partes hay 'manzanas podridas'. De la reacción que las instituciones tengan sobre esos hechos depende su credibilidad. Por ejemplo, en ese caso de Medellín, aun antes de conocer decisiones judiciales, la Policía actuó y tomó determinaciones fundamentales como la de destituir a los uniformados. Lo mismo pasó en el caso del los niños de Tame, Arauca.

Hubo épocas en que la reacción era de negación sistemática, pero no es el caso de ahora. Cuando la gente está viendo que tomamos decisiones frente a los hechos, yo creo que la petición de que apuesten a creer en la fuerza pública es totalmente razonable.

Semana.com: El país sigue esperando la liberación, anunciada por las Farc, de cuatro uniformados y un civil que están en su poder. Lo triste es que siga siendo a  cuentagotas... 

R.R.: Quienes están en manos de la guerrilla, sean o no de la fuerza pública, son nuestra obsesión de cada día. Los hacemos objeto de nuestra operación, de nuestra inteligencia. De eso no se habla sino cuando hay logros, como debe ser, y voy a mantener esa costumbre.

Y cuando se abre la puerta de una liberación unilateral, deben tener la certeza que daremos todas las condiciones para que ellas se produzcan en las condiciones de seguridad necesarias.
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